EH Bildu dinamita el relato del Gobierno vasco: vacunas caducadas y un “carpetazo” que huele a encubrimiento
Kortajarena denuncia “cinco versiones” y advierte de un “caos” en Osakidetza: “No sabemos hasta dónde llega”

30/10/2023 Rueda de prensa del coordinador de general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, para hablar de lo posible investidura del gobierno del estado. Foto José Ignacio Unanue
El escándalo de las vacunas caducadas amenaza con convertirse en algo más que un “error puntual”. Y eso es precisamente lo que EH Bildu se niega a comprar. Su parlamentaria y secretaria de Programa, Nerea Kortajarena, ha exigido “investigar hasta el final” y ha acusado al Departamento de Salud de intentar “cerrar el episodio” a toda prisa, como quien baja la persiana antes de que se vea el desorden.
Porque, según la dirigente abertzale, aquí no hay un incidente aislado: hay una cadena de fallos, un relato que se resquebraja y una administración sanitaria —Osakidetza— que vuelve a quedar retratada por lo que más teme cualquier sistema público: la pérdida de control.
De “caso puntual” a crisis de credibilidad
El intento de presentar la inoculación de vacunas caducadas como una anécdota ya no cuela. Kortajarena lo ha dicho sin rodeos: se quiere “dar carpetazo” y vender que “ya está prácticamente solucionado”. Pero la política no va de comunicados: va de responsabilidades. Y cuando lo que está en juego es la seguridad sanitaria, la prisa por pasar página suena menos a gestión y más a miedo.
Cinco versiones: cuando el que manda improvisa
Si algo delata una crisis de verdad es la confusión oficial. Kortajarena ha puesto el dedo en la llaga: “cinco versiones diferentes” desde que el caso se hizo público. Cinco. No una rectificación. No un matiz. Cinco relatos. Y, según ha apuntado, algunos tan sorprendentes que “se alucina”.
En traducción política: o nadie estaba al mando, o alguien está intentando construir un relato a medida sobre la marcha. Y ambas opciones son devastadoras.
“Caos y desorden”: la sospecha de que esto no ha terminado
La dirigente de EH Bildu lanza una advertencia incómoda: “no sabemos hasta dónde llega” el desorden. Es decir, que nadie puede garantizar que no haya más casos o más fallos. Y lo más grave: tampoco cree que el consejero de Salud esté en condiciones de asegurar que todo está bajo control.
El consejero, Alberto Martínez, queda así en el centro del huracán: señalado por falta de certezas, desbordado por la crisis y con la credibilidad bajo mínimos si no ofrece explicaciones claras y verificables.
La pregunta que lo cambia todo: ¿se habría sabido sin la denuncia?
EH Bildu introduce un elemento especialmente corrosivo: la sospecha de que el Gobierno no lo habría contado si la oposición no lo hubiera forzado. Kortajarena asegura que su grupo supo lo ocurrido “10-12 días antes” de que trascendiera y que fue una parlamentaria de su formación quien llamó al consejero para confirmar los hechos.
Y aquí llega el nudo del escándalo: si “todo estaba bajo control”, ¿por qué el país se entera tarde y mal? ¿Por qué aparecen “cuatro o cinco versiones” tras hacerse público? La explicación oficial, tal como la describe EH Bildu, no despeja dudas: las multiplica.
Osakidetza, otra vez: el problema que vuelve siempre
Kortajarena enmarca el episodio en un patrón. Según sostiene, este caso revienta el relato de que los problemas de Osakidetza estaban resueltos. Y lo hace con un recordatorio demoledor: 2025 acabó con el cese de “toda la cúpula” del sistema sanitario. Y poco después, aparece un fallo “de estas características”.
No es un bache: es una señal. Y si además —como ha advertido— existían avisos previos sobre “mal funcionamiento” e incluso problemas de trazabilidad y control de protocolos, el episodio deja de ser “un error” para parecer un síntoma estructural.
El Parlamento, de vacaciones en plena tormenta
La última crítica apunta a un vacío político: la inactividad parlamentaria de enero. Kortajarena cuestiona que se pase “un mes sin control parlamentario” justo cuando estalla una crisis sanitaria y reputacional. La lectura es clara: el Gobierno gana oxígeno; la oposición pierde herramientas; la ciudadanía se queda sin respuestas.
El fondo del asunto
Lo que denuncia EH Bildu no es solo una caducidad en un vial. Es una caducidad institucional: protocolos que fallan, versiones que se contradicen y una tentación peligrosa de reducir una crisis de seguridad y confianza a un “caso puntual”.
Y cuando una administración sanitaria se permite ese lujo —minimizar antes de aclarar— el problema ya no es lo que pasó. Es la sospecha de todo lo que podría estar pasando sin que nadie lo sepa.