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COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN DE LA DANA

Ester Muñoz incendia el debate por la DANA y devuelve el golpe a Rufián: "Si Mazón es 'homicida', ¿qué sería Pilar Bernabé?"

La portavoz del PP en el Congreso defiende a su líder durante su comparencencia por la DANA con una réplica directa a Gabriel Rufián y un dardo al Ejecutivo: si se reparten etiquetas extremas contra Carlos Mazón, pregunta, ¿qué responsabilidad tendría entonces Pilar Bernabé por no pedir a Fernando Grande-Marlaska que asumiera el mando?

La portavoz del PP en el congreso, Ester Muñoz, durante la comparecencia del presidente del PP, Alberto Nuñez Feijóo, ante la Comisión de investigación de la Dana

La portavoz del PP en el congreso, Ester Muñoz, durante la comparecencia del presidente del PP, Alberto Nuñez Feijóo, ante la Comisión de investigación de la DanaAlejandro Martinez Velez

Luis Sordo
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La política española ha vuelto a elegir la palabra como arma. Y cuando la palabra se convierte en insulto, el debate deja de ser gestión para ser trinchera. En esa lógica de choque, Ester Muñoz ha decidido no pasar página. Al contrario: ha subrayado, en voz alta, el listón que marcó Gabriel Rufián cuando se refirió a Carlos Mazón con términos como “psicópata” y “homicida”, y ha devuelto la pelota al otro campo.

“El señor Rufián hablaba del señor Mazón en términos de psicópata y homicida. ¿Qué sería entonces la señora Pilar Bernabé que veía que estaban falleciendo personas y no le dijo a Marlaska que tomase el control?”, ha planteado Muñoz, con una pregunta que no busca matiz sino efecto: el efecto de trasladar el foco desde la Generalitat al Gobierno.

La estrategia: del insulto al reparto de responsabilidades

En la práctica parlamentaria, las comisiones y comparecencias sobre emergencias suelen acabar en dos carriles: reconstrucción de hechos y asignación de culpas. El problema es que, cuando se cuela la descalificación personal, la reconstrucción queda sepultada.

Muñoz ha construido su intervención sobre una tesis: si se normaliza llamar “homicida” a un dirigente por decisiones —o supuestas omisiones— durante una crisis, entonces el mismo baremo debería aplicarse a cualquier autoridad con información o capacidad de mando durante esas horas críticas.

Traducido al lenguaje de los pasillos: si jugamos a lo máximo, jugamos todos. Y si alguien eleva el tono, el PP no se queda en la grada.

La diana: Bernabé, Interior y “tomar el control”

La frase clave no es solo “psicópata” u “homicida”; la frase clave es “tomase el control”. Con ella, el PP vuelve a una pregunta recurrente en cualquier gran emergencia: ¿quién manda, cuándo manda y con qué criterio? Muñoz sugiere que, si se estaban produciendo fallecimientos y la situación lo justificaba, la representante del Gobierno en la zona debía haber presionado para que el Ministerio del Interior activase un nivel superior de coordinación.

Es una formulación de manual de oposición: no se limita a defender a los suyos, sino que intenta abrir un flanco en el rival. Y, sobre todo, encaja en una batalla mayor que lleva meses en marcha: el relato sobre qué administración estuvo a la altura y cuál llegó tarde, si la cadena de mando funcionó o se quedó atrapada entre competencias, protocolos y cálculo político.

Rufián y el estilo “sin anestesia”

El choque con Rufián no es casual. El portavoz de ERC ha consolidado un estilo político que combina ironía y contundencia, con un lenguaje pensado para titulares y redes: frases que no se corrigen, se viralizan.

Muñoz, en cambio, ha optado por un método distinto pero igual de eficaz: utilizar el propio exceso verbal del adversario como palanca. No entra a discutir solo “qué pasó”, sino “qué se puede decir” y, una vez aceptado ese marco, lo explota hasta el final.

Lo que viene: más comparecencias, más choque, menos consenso

El escenario es previsible: el PP seguirá insistiendo en que el Gobierno pudo y debió asumir más control; el Ejecutivo defenderá que actuó conforme al marco competencial y a los protocolos vigentes; y los socios o adversarios parlamentarios explotarán cada sesión para reforzar su propio relato.

Mientras tanto, el debate se aleja del terreno donde más utilidad pública tendría: cómo mejorar alertas, coordinación, respuesta inmediata y reconstrucción. Porque, cuando la política se convierte en una guerra por el adjetivo, lo urgente deja de ser “que no vuelva a pasar” y pasa a ser “que quede claro quién pierde”.

Y ahí, precisamente ahí, es donde Ester Muñoz ha querido colocar la carga explosiva: en el lugar donde un insulto ya no es solo un insulto, sino una excusa para exigir que se señale al otro.

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