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El PSOE apuesta por atacar al PP: no apoyará hoy en el Congreso la ampliación de la prisión permanente revisable

El portavoz socialista carga contra el PP en un intento de desviar el foco del desgaste de Sánchez, de una gestión bajo sospecha y de un Gobierno cada vez más atrapado por su propaganda, sus socios y sus contradicciones.

El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, durante una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados.

El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, durante una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados.Eduardo Parra / Europa Press

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Patxi López compareció este martes con un libreto reconocible: elevar el tono contra el PP, envolver al PSOE en una supuesta superioridad moral y presentar al Gobierno como único dique frente a la derecha. Pero detrás de la retórica grandilocuente y de las apelaciones a la democracia, lo que asoma es un Ejecutivo desgastado, en plena erosión política y necesitado de convertir cada rueda de prensa en un ejercicio de agitación para ocultar sus propias debilidades.

Un discurso de trinchera para desviar el foco

Lejos de ofrecer autocrítica o explicaciones sobre el evidente desgaste del Gobierno, López optó por la fórmula más clásica del sanchismo: señalar al adversario, tensionar el ambiente y levantar una frontera moral entre el PSOE y el resto. El portavoz socialista quiso hacer pasar su intervención por una defensa cerrada de la libertad de información, pero el movimiento tuvo mucho de maniobra política de distracción.

“Defender el derecho al trabajo libre de los medios significa sí o sí combatir el acoso y amenazas que sufren algunos profesionales”, sostuvo López, en una intervención en la que también mostró su solidaridad con Ione Belarra, RTVE y distintos profesionales de la información. El problema para el PSOE es que su defensa del pluralismo y de la prensa libre pierde fuerza cuando llega envuelta en el habitual uso partidista de las instituciones y en una estrategia de comunicación basada más en el relato que en la transparencia.

Así, López se permitió lanzar la pregunta de rigor: “¿De qué lado va a estar el PP?”. Y remató con el ya previsible “para esto no hay medias tintas”. Una frase rotunda, sí, pero también útil para simplificar el debate, repartirse el papel de guardián de la democracia y colocar al rival en el rincón del sospechoso permanente.

La ampliación de prisión permanente revisable como cortina de humo

En esa misma lógica de polarización, el PSOE confirmó que no apoyará hoy en el Congreso la ampliación de la prisión permanente revisable defendida por el PP. Los socialistas buscan convertir esa votación en otro escaparate ideológico, aunque la operación tiene un trasfondo evidente: mantener movilizado a su electorado y reactivar la confrontación con la derecha en un momento en que el Gobierno acumula demasiados frentes abiertos.

Las inundaciones y la política del anuncio

Patxi López también sacó pecho del decreto de ayudas a los afectados por las inundaciones, cifrado en 7.000 millones de euros para mitigar el impacto en el campo, las viviendas y otros sectores perjudicados. Lo presentó como prueba de una forma ejemplar de actuar del Gobierno.

Sin embargo, la puesta en escena vuelve a encajar en una dinámica demasiado conocida: grandes cifras, anuncios solemnes y autopromoción constante. El Ejecutivo vende cada paquete de ayudas como una demostración de eficacia irreprochable, aunque sobre el terreno persistan las dudas habituales sobre los plazos, la ejecución real y la llegada efectiva de los recursos a quienes los necesitan.

El PSOE trata de convertir cada crisis en una oportunidad para exhibir músculo institucional, pero esa estrategia empieza a mostrar signos de agotamiento. A fuerza de elevar cada medida a categoría de gesta, el Gobierno corre el riesgo de parecer más concentrado en la propaganda que en la gestión.

Castilla y León: vender como avance lo que sigue siendo un problema

López aseguró que el PSOE está “moderadamente satisfecho” con el resultado en Castilla y León y celebró haber mejorado con dos procuradores más. También elogió a Carlos Martínez como un candidato “fresco y cercano” y defendió que el partido ha demostrado tener proyecto y equipo.

Pero la lectura triunfalista vuelve a chocar con la realidad. Que el PSOE se vea obligado a vender como gran noticia una mejora limitada retrata hasta qué punto el partido ha normalizado la pérdida de pulso territorial. El intento de presentar el resultado como punto de inflexión suena más a consuelo interno que a verdadera recuperación política.

En el fondo, Ferraz necesita desesperadamente agarrarse a cualquier dato que le permita sostener el relato de que la marca PSOE sigue viva fuera de la Moncloa. Y por eso exagera avances discretos mientras evita entrar en el debate de fondo: el desgaste acumulado del sanchismo también pasa factura en las urnas.

Vox como coartada permanente

Como viene siendo habitual, el portavoz socialista puso el foco en las futuras negociaciones entre PP y Vox y alertó de que cada pacto entre ambos acarrea una pérdida de derechos. Citó de forma implícita cuestiones ligadas a las mujeres y a cesiones ideológicas de la derecha a la extrema derecha.

El problema es que el PSOE ha hecho de Vox una coartada casi estructural. Cada vez que el Gobierno necesita reagrupar a los suyos, tapa sus contradicciones o justificar sus cesiones, activa la alarma ultra y presenta cualquier cita política como una batalla definitiva entre democracia y barbarie.

La fórmula le ha dado rédito durante años, pero empieza a desgastarse. Sobre todo cuando quien se presenta como muro ético arrastra también una larga lista de concesiones, rectificaciones y pactos incómodos para seguir en pie.

Irán, Trump y el recurso a la política exterior

López también aprovechó el contexto internacional para afirmar que Trump ha “perdido el control” de la guerra de Irán y para reivindicar la posición de Pedro Sánchez, resumida en el rechazo a la guerra, la defensa de los derechos humanos y la multilateralidad. De paso, volvió a cargar contra Feijóo, al que acusó de no tener posición y de “desaparecer”.

De nuevo, el esquema fue idéntico: elevar la talla moral de Sánchez y presentar al líder del PP como una figura ausente, irrelevante o incapaz de fijar criterio. Pero esa operación también tiene algo de escapismo político. Cuando la legislatura se complica en casa, el Gobierno busca oxígeno en el escenario exterior, donde el lenguaje solemne y las grandes palabras ayudan a maquillar la fragilidad doméstica.

Mucho enemigo exterior, poca autocrítica

La comparecencia de Patxi López dejó una impresión clara: el PSOE ha vuelto a elegir el camino de la confrontación total para evitar hablar de sí mismo. El portavoz socialista disparó contra el PP, agitó el fantasma de Vox, se apropió de la bandera democrática y vendió como éxitos indiscutibles decisiones que siguen bajo discusión.

El problema para el Gobierno es que esa estrategia empieza a enseñar demasiado el truco. Cuanto más sube el tono, más evidente resulta que necesita enemigos exteriores para ocultar su propio desgaste. Y cuanto más insiste en dar lecciones, más se expone a que muchos vean detrás no fortaleza, sino nerviosismo.

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