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Pablo Iglesias defiende la dictadura cubana desde un hotel de lujo mientras el país sufre apagones masivos

El exlíder de Podemos minimiza la crisis desde el Gran Hotel Bristol Meliá Collection, uno de los pocos edificios con electricidad en toda la isla. La indignación en las redes sociales explota ante el contraste brutal entre el lujo de los invitados del régimen y la miseria del pueblo

Pablo Iglesias, desde su hotel de cinco estrellas de La Habana

Pablo Iglesias, desde su hotel de cinco estrellas de La Habanax.com

Publicado por
Félix Hernández

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La Habana, 22 de marzo de 2026. Mientras Cuba vive uno de los peores apagones generales de su historia reciente —con el sistema eléctrico nacional colapsado durante más de 48 horas en buena parte del país—, Pablo Iglesias ha elegido el lugar perfecto para defender al régimen de Miguel Díaz-Canel: una suite del Gran Hotel Bristol Habana Vieja, un cinco estrellas de la cadena Meliá Collection con piscina en la azotea, spa, aire acondicionado permanente y, sobre todo, luz eléctrica garantizada.

Desde esa habitación con vistas al Capitolio, el exvicepresidente español y actual director de Canal Red ha grabado un vídeo en el que asegura que la situación en Cuba “es difícil, pero no es tan grave como se presenta desde fuera”. Un mensaje que coincide punto por punto con la propaganda oficial del Partido Comunista y que ha desatado una oleada de indignación entre cubanos dentro y fuera de la isla.

Ola de indignación

Los posts en X (antes Twitter) se multiplican por miles. Vídeos grabados desde la calle muestran el contraste insultante: el hotel iluminado como un faro en medio de la oscuridad total, con generadores o prioridad energética que el resto de La Habana —y de Cuba— no tiene. “Mientras 11 millones de cubanos cumplimos 48 horas sin luz y vemos cómo se pudre la comida, Iglesias disfruta de su suite con WiFi y desayuno imperial”, resume un usuario con cientos de miles de visualizaciones. 

Otro vídeo, grabado desde el exterior del Bristol, confirma que ese edificio es, en estos momentos, “el único punto de luz visible en toda la ciudad”.

La gota que ha colmado el vaso es precisamente ese detalle: el Gran Hotel Bristol no solo ofrece habitaciones a precios que un médico cubano (con sueldo de unos 10 dólares al mes) jamás podría pagar, sino que se ha convertido en el refugio privilegiado de la “Caravana de la Dignidad” o “Nuestra América, Convoy a Cuba”, la comitiva internacional invitada por el régimen. Junto a Iglesias viajan otros activistas de izquierda como Gerardo Pisarello, miembros de Code Pink y el streamer estadounidense Hasan Piker. Todos alojados con trato VIP mientras el pueblo sufre la consecuencia directa de la crisis energética: la falta crónica de petróleo venezolano, que durante décadas ha sido el oxígeno del sistema eléctrico cubano.

Los cubanos no se callan. En redes, activistas como Karlito Madrid o Ariel Maceo han señalado con precisión quirúrgica el origen del vídeo de Iglesias: la habitación del Bristol. “Un médico cubano gana 10 dólares al mes… saca tus conclusiones”, escribía uno. 

Otros recuerdan que los hoteles de lujo gestionados por empresas extranjeras (como Meliá) tienen prioridad absoluta en el suministro eléctrico, mientras hospitales, hogares y fábricas permanecen a oscuras. “Esto no es transición energética, es apartheid energético”, ironizan miles de comentarios.

Pablo Iglesias no está solo en esta visita de propaganda. La caravana de invitados extranjeros ha sido recibida con honores por Díaz-Canel, que les ha vendido la narrativa de que los problemas de Cuba se deben exclusivamente al “bloqueo” estadounidense. Pero las imágenes que circulan en X cuentan otra historia: un pueblo exhausto, sin comida refrigerada, sin agua potable y sin esperanza, mientras la élite del régimen y sus amigos internacionales disfrutan de luces, aire acondicionado y desayunos continentales.

La indignación no es solo cubana. En España y en toda Iberoamérica, miles de usuarios han compartido los vídeos del hotel iluminado con mensajes claros: “Esto es el socialismo real: lujo para la casta, miseria para el pueblo”. 

Iglesias, que llegó a Cuba presumiendo de “solidaridad”, ha terminado retratado como lo que muchos siempre sospecharon: un turista de la miseria ajena que defiende dictaduras desde la comodidad de un cinco estrellas.

Mientras tanto, en las calles de La Habana y en el resto de la isla, los cacerolazos y las protestas silenciosas se multiplican en la oscuridad. El contraste no puede ser más brutal ni más revelador. Pablo Iglesias defiende la dictadura cubana… pero lo hace con luz eléctrica. Los cubanos, no.

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