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Montero se presenta como la 'poderosa de Madrid' y aferrándose al escaño: dos graves errores para empezar a pelear con Moreno

La candidata del PSOE para el próximo 17 de mayo ha arrancado su carrera hacia la Junta de Andalucía con varios errores en su mensaje: una reivindicación de su propio poder en Madrid y una justificación abiertamente personal para mantener su escaño en el Congreso. Dos movimientos que marcan su tarjeta de presentación en su pugna con Juanma Moreno.

María Jesús Montero ofrece una rueda de prensa para abordar asuntos en relación a la convocatoria de elecciones en Andalucía.

María Jesús Montero ofrece una rueda de prensa para abordar asuntos en relación a la convocatoria de elecciones en Andalucía.Joaquin Corchero / Europa Press

Alejandro Ibáñez
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Miguel Ángel Gallardo, Pilar Alegría, Carlos Martínez... todos ellos lo tenían muy difícil como candidatos socialistas en Extremadura, Aragón y Castilla y León. En el primer caso llegar imputado no ayudó que digamos; en el segundo ser ministra de Pedro Sánchez y portavoz de uno de los peores Gobiernos de la historia de la democracia tampoco; y en el tercero llegar a la cita electoral con poco cartel y también influido por lo que ocurre a nivel nacional en el PSOE fue definitorio. 

Con este panorama, María Jesús Montero llega a Andalucía como candidata socialista para medirse a un Juanma Moreno que fue el único de las tres regiones citadas que consiguió mayoría absoluta. Y su carta de presentación difícilmente podría haber sido peor que la que hemos vivido este martes.

Montero, que también cuenta al igual que Pilar Alegría con la mochila de estar muy vinculada a la imagen y gestión de Pedro Sánchez -ella incluso más que Alegría al ser vicepresidenta y ministra- ha arrancado su camino hacia la Junta de Andalucía en una rueda de prensa en la que ha intentado centrar en gran medida su discurso en la defensa de los servicios públicos mediante críticas constantes a Moreno, con expresas referencias a la vivienda, la educación o la dependencia. Sin embargo, la política sevillana ha cometido dos errores graves que no pasan desapercibidos si escarbas en su pomposo discurso de inicio de precampaña.

Primer error: presentar su candidatura como un sacrificio

El primero tiene que ver con la forma en la que María Jesús Montero ha querido presentarse ante los andaluces que le tienen que votar: como una figura de enorme poder que, casi en un gesto de renuncia personal, da el paso dejando su situación privilegiada en Madrid para saltar a la política autonómica.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

En su comparecencia, la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda no dudó en definirse como “la mujer, sin duda, con más poder del conjunto de la democracia” española. Una afirmación que no solo evidencia el peso que se atribuye ella misma dentro del Gobierno, sino que dibuja un relato en el que su salto a Andalucía aparece como un sacrificio más que como una apuesta ilusionante.

Montero ha ido virando sus palabras (posiblemente consciente de que estaba metiendo la pata) y ha afirmado estar “encantada” de dejar esos cargos, pero el énfasis en lo que abandona -poder, influencia y posición en Madrid- proyecta una imagen difícil de encajar con el entusiasmo que se espera de quien aspira a gobernar su tierra. Más aún cuando el mensaje se construye en torno a su propia figura, en un tono que roza la autocelebración y que incluso llega a resultar forzado al referirse a sí misma en tercera persona. Ese es el primer tropiezo: una candidatura que arranca poniendo el foco en lo que deja atrás y no en lo que quiere construir en Andalucía.

Segundo error: interés personal antes que público

El segundo llega en forma de decisión práctica, pero con una justificación que ha generado aún más controversia. Montero ha confirmado que no dejará su escaño en el Congreso mientras no tenga que asumir su eventual acta en el Parlamento andaluz. Ha defendido abiertamente que quiere mantener su derecho a la plaza que posee en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.

La explicación de la candidata socialista es clara: para conservar esa plaza necesita ostentar un cargo institucional, ya sea como miembro del Gobierno o como diputada o senadora. Por eso, mantendrá su acta en la Cámara Baja. No por una cuestión de servicio público o de estabilidad política, sino por una razón estrictamente personal. En pleno salto a la política andaluza, la candidata reconoce abiertamente que una de sus prioridades es no perder su posición profesional.

Así, en apenas una comparecencia, Montero ha dejado dos mensajes que condicionan su arranque electoral: una narrativa centrada en su propio poder y un movimiento político explicado en clave de interés particular. Dos decisiones que, lejos de reforzar su candidatura, han convertido su tarjeta de presentación en un fracaso y todo esto ante un rival, Juanma Moreno, que a priori parte con mucha ventaja.

Para rematar: Manuel Chaves, presidente de los ERE

A ese arranque ya no del todo alagüeño se ha sumado durante la jornada un elemento que remueve viejos fantasmas. El expresidente de la Junta, Manuel Chaves, ha sido uno de los primeros en dar un paso al frente tras la convocatoria electoral, poniéndose a disposición de María Jesús Montero para participar “con mucho gusto” en su campaña si así se lo pide el partido.

María Jesús Montero junto al expresidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves.

María Jesús Montero junto al expresidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves.Joaquin Corchero / Europa Press

Su reaparición, tras meses alejado de los focos, tiene desde luego un efecto colateral evidente: vuelve a situar en primer plano una etapa política, la de los ERE en Andalucía, en la que la propia Montero desarrolló su carrera como consejera, primero con Chaves, después con José Antonio Griñán y más tarde con Susana Díaz.

Lejos de impulsar a un PSOE andaluz en horas bajas, la irrupción de Chaves reabre el recuerdo de los años más controvertidos del socialismo en la comunidad y uno de los mayores escándalos de corrupción de la democracia española. Un pasado que muchos andaluces asocian a una etapa prolongada de 37 años de gobierno, con la región rezagada en indicadores clave y lastrada por problemas estructurales como el desempleo o las carencias en infraestructuras.

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