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Almeida aplasta a Rita Maestre y 'Navajita Plateá' con Venezuela: al juzgado o retratada por su fobia a María Corina

El alcalde desmonta la coartada reglamentista de Más Madrid, llama “chavista” a su líder municipal y la acusa de esconder, por cobardía política, que no soporta homenajear a la gran enemiga del régimen de Maduro

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, durante un acto en la Real Casa de Correos.
Carlos Luján / Europa Press

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, durante un acto en la Real Casa de Correos. Carlos Luján / Europa PressCarlos Lujan

Luis Sordo
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José Luis Martínez-Almeida decidió este martes que no iba a regalarle ni un milímetro de oxígeno a Rita Maestre. La portavoz de Más Madrid intentó embarrar la entrega de la Llave de Oro a María Corina Machado denunciando una supuesta vulneración del reglamento municipal. Y el alcalde le devolvió el golpe convertido en una trituradora política: si cree que hay ilegalidad, que se vaya al juzgado; y si no, que deje de fingir y diga de una vez que está contra María Corina.

No fue una réplica, fue una ejecución dialéctica. Almeida reventó el parapeto técnico de Maestre y la obligó a pisar el terreno donde la izquierda madrileña siempre patina cuando aparece Venezuela. Porque aquí ya no se discute un artículo ni una interpretación administrativa: aquí se discute si Más Madrid quiere o no quiere rendir homenaje a una mujer que simboliza la resistencia contra el chavismo.

Y Almeida, oliendo la debilidad de su adversaria, fue directo a la yugular.

El alcalde le pone a Maestre el espejo venezolano

Desde la Escuela Municipal de Empleo Verde y Oficios, el regidor madrileño dejó claro que está harto de oposiciones de cartón piedra. Si Rita Maestre sostiene que el Ayuntamiento está incumpliendo el reglamento con la concesión de la Llave de Oro a María Corina Machado, tiene un camino muy sencillo: denunciarlo en los tribunales. Todo lo demás, vino a decir, no pasa de ser postureo de tertulia, ruido de micro y búsqueda desesperada del titular.

La maniobra del alcalde fue tan simple como devastadora. Cogió el argumento supuestamente jurídico de Maestre y lo convirtió en una trampa política sin salida. Porque si la líder municipal de Más Madrid no judicializa el asunto, quedará instalada en el papel de quien sólo quiso embarrar el homenaje sin atreverse a sostener hasta el final su propia denuncia. Y si lo judicializa, se arriesga a que el tiro le salga por la culata.

Pero Almeida no se quedó ahí. Quiso ir al fondo, al lodazal ideológico que Más Madrid lleva años intentando sortear con palabras suaves, perífrasis y amnesia selectiva. Y por eso soltó la frase que resume toda su estrategia: el “origen político” de Rita Maestre es el “Chávez vive”.

No era una boutade. Era una estampación en la frente. Con esa expresión, Almeida colocó a Maestre y a los suyos bajo la sombra de una izquierda que durante demasiado tiempo contemporizó con el chavismo, miró para otro lado o se permitió coqueteos indecentes con el desastre venezolano. Dicho de forma más brutal: el alcalde quiso recordarles de dónde vienen justo cuando intentan posar de juristas neutrales.

Maestre se refugia en un reglamento para no decir lo que piensa

Ese es el corazón de la ofensiva de Almeida. El alcalde sostiene que Rita Maestre no cuestiona la Llave de Oro por respeto al reglamento, sino por miedo político. Miedo a reconocer a María Corina Machado. Miedo a quedar retratada frente a una figura que encarna todo lo que incomoda a una parte de la izquierda española: oposición frontal al chavismo, denuncia del régimen venezolano y legitimidad moral frente a quienes durante años jugaron al relativismo.

Por eso el regidor la acusó sin anestesia de actuar con “cobardía”. Porque, a su juicio, Maestre no tiene valor para decir abiertamente que no quiere que Madrid homenajee a María Corina y prefiere esconderse tras la excusa burocrática de un reglamento. Es el viejo truco de quien no se atreve a librar una batalla política de frente y decide camuflarla bajo un informe, una objeción formal y un gesto de falsa asepsia institucional.

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