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Aldama se presenta como “captado” por una trama ya asentada y reivindica su confesión frente al “aparato estatal”

La defensa del presunto conseguidor del caso Koldo admite los delitos, pero niega que el empresario fuera el creador de la red. Choclán sostiene que las comisiones a Ábalos y Koldo “han quedado absolutamente acreditadas”.

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El empresario Víctor de Aldama a su salida del Tribunal Supremo, a 4 de mayo de 2026, en Madrid (España).

(Foto de ARCHIVO) El empresario Víctor de Aldama a su salida del Tribunal Supremo, a 4 de mayo de 2026, en Madrid (España).Europa Press

Luis Sordo
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Víctor de Aldama no fue el fundador de la trama, sino una pieza incorporada a un engranaje que, según su defensa, ya funcionaba desde hacía años en las entrañas de la Administración. Esa es la tesis que este miércoles ha defendido ante el Tribunal Supremo su abogado, José Antonio Choclán, durante el informe final del juicio que sienta en el banquillo al empresario, al exministro José Luis Ábalos y al exasesor ministerial Koldo García.

La estrategia de Aldama pasa por reconocer los delitos que se le atribuyen —organización criminal, cohecho y aprovechamiento de información privilegiada—, pero al mismo tiempo rebajar su papel dentro de la estructura investigada. Choclán ha sido rotundo: “Aldama no constituye, no crea, no es el jefe”. Según el letrado, el empresario se incorporó a una organización criminal que ya estaba “plenamente asentada” antes de su llegada.

“Se le capta” en una red ya existente

La defensa ha situado el origen de esa supuesta red corrupta, al menos, en 2015. A partir de ahí, Aldama habría entrado en contacto con altos funcionarios del Estado que, siempre según la versión de su abogado, ya estaban corrompidos antes de conocerle.

“Se le capta, y efectivamente se deja captar”, ha señalado Choclán, dibujando a Aldama como un empresario útil para proporcionar negocios dentro de una estructura en la que, según su relato, desde el Ministerio se facilitaban oportunidades, él las conseguía y después se repartían los beneficios.

La línea argumental es clara: Aldama admite su implicación, pero rechaza ser el cerebro. No habría creado la trama, sino que habría sido absorbido por ella.

La confesión como baza principal

El otro gran pilar de la defensa es la colaboración con la justicia. Choclán ha recordado que Aldama decidió dar el paso en noviembre de 2024, cuando se encontraba en prisión provisional por el caso hidrocarburos. A juicio del abogado, esa decisión supuso una renuncia práctica a su propia defensa, porque implicó autoincriminarse y ponerse en manos de la acusación.

“Eso requiere un premio”, ha reclamado el letrado ante el Supremo, reivindicando la atenuante de confesión para su cliente. Choclán ha presentado esa colaboración como un acto especialmente relevante por el contexto en el que se produjo: no solo por admitir delitos graves, sino por enfrentarse, en sus palabras, al “aparato estatal”.

Comisiones a Ábalos y Koldo

La defensa también ha sido contundente al referirse al supuesto pago de comisiones. Choclán ha afirmado que las entregas a Ábalos y Koldo García han quedado “absolutamente acreditadas” y ha situado a Aldama como el encargado de proporcionar los fondos.

Según el relato expuesto por el abogado, el empresario actuaba como recaudador: era quien advertía a determinados interesados de que, para acceder a obra pública, debían abonar una comisión. Ese dinero, siempre conforme a la versión de Aldama recordada por su defensa, habría terminado en manos de Koldo y Ábalos.

El letrado ha añadido además que esos fondos se habrían destinado a financiar al PSOE mediante un sistema de donaciones nominativas, en el que Koldo García se encargaría de localizar a los donantes.

Las penas sobre la mesa

La Fiscalía Anticorrupción solicita 24 años de prisión para José Luis Ábalos, 19 años y medio para Koldo García y 7 años para Víctor de Aldama, a quien aplica la atenuante de confesión.

Las acusaciones populares, encabezadas por el PP, elevan la petición para Ábalos y Koldo hasta los 30 años de cárcel. Para Aldama, en cambio, reclaman alrededor de cinco años de prisión al tener en cuenta su colaboración con la justicia.

La defensa del empresario intenta ahora convertir esa colaboración en la clave de su futuro penal: Aldama admite su papel, pero insiste en que no fue el origen de la trama. Su mensaje ante el Supremo es inequívoco: no creó la red, entró en ella; no corrompió a funcionarios, se encontró con una estructura ya corrompida; y, llegado el momento, decidió tirar de la manta.

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