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La semana negra de Sánchez confirma la descomposición del sanchismo: sin la calle, sin el relato y cada vez más solo

Las protestas por Ceuta, los informes policiales que comprometen el relato de Moncloa, el distanciamiento de sus propios socios, el enfado de Margarita Robles y el rechazo de comunidades socialistas al nuevo modelo de financiación dejan a Pedro Sánchez una semana para olvidar. Desde el PP avisan sobre el derrumbamiento y la hora del cambio: "Es imparable".

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los DiputadosFernando Sanchez / Europa Press

Alejandro Ibáñez
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Visto lo visto parece normal que Pedro Sánchez alargara lo máximo posible sus vacaciones en La Mareta. Sabía que la vuelta al cole -al Congreso en su caso- sería dura y la semana así lo ha corroborado. Problema tras problema, polémica tras polémica y acontecimiento tras acontecimiento han dejado un escenario demoledor para el presidente del Gobierno.

Primero fue la calle con las protestas por Ceuta, después llegaron unos informes policiales que pusieron contra las cuerdas la versión mantenida por el Gobierno sobre Ceuta y Marruecos, luego una comparecencia en el Congreso en la que ni siquiera sus socios respaldaron plenamente su relato y con un enfado monumental de una de sus ministras y, para rematar la semana, este viernes varias comunidades gobernadas por el PSOE se han rebelado contra el nuevo modelo de financiación autonómica. Una sucesión de golpes que para el secretario general del PP, Miguel Tellado, tiene una explicación: el Ejecutivo está “desbordado, agotado y colapsado”.

“El Gobierno de Sánchez nunca tuvo rumbo, esa es la realidad, ahora ya no tiene ni pulso político que lo sostenga”, ha dicho Tellado este viernes durante la clausura de la XVII Escuela de Verano ‘Antonio Torres’, celebrada en Tarazona (Zaragoza). Sus palabras llegan después de una semana especialmente complicada para Moncloa y en la que el desgaste del presidente ha trascendido el enfrentamiento habitual con PP y Vox para extenderse a sus socios parlamentarios e incluso a territorios gobernados por los socialistas.

El primer aviso llegó el miércoles desde la calle. Decenas de miles de personas participaron en concentraciones celebradas por toda España en apoyo a Ceuta y, en muchos casos, para protestar contra la gestión del Gobierno después de la entrada masiva de inmigrantes de finales de julio. Madrid acogió la protesta más multitudinaria: la Delegación del Gobierno cifró en 50.000 los asistentes, mientras las banderas de España y Ceuta y las consignas contra Sánchez se repitieron también en otros puntos del país.

Tellado ha interpretado aquellas imágenes como “un anticipo” de lo que espera al presidente cuando los españoles vuelvan a las urnas. “El Gobierno falló, pero la nación no ha fallado”, ha señalado, antes de hablar de una “ola de dignidad, de patriotismo y de coraje” frente a un Ejecutivo que, a su juicio, “hoy ya no debería seguir existiendo”.

Pero el problema para Moncloa no ha estado solamente en las calles. La protesta coincidió con la aparición de nuevos datos que han golpeado uno de los principales argumentos utilizados por el Ejecutivo para defender su actuación en Ceuta. El informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional y remitido a la Audiencia Nacional sostiene que hubo una “planificación previa” de la entrada masiva y recoge un “guiado activo” de inmigrantes hacia los lugares de paso por parte de miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes.

El documento también recoge que existieron alertas previas. En concreto, el CENIF emitió el 29 de julio una alerta ante el incremento extraordinario de mensajes relacionados con una posible entrada en Ceuta. El informe policial analiza además la escasa presencia de efectivos marroquíes durante los acontecimientos y contrapone esa actitud con el despliegue posterior, cuando Marruecos sí impidió nuevas entradas.

Es precisamente ahí donde Tellado ha cargado con mayor dureza contra Sánchez. “Mintieron al relativizar los riesgos del asalto, cuando dijeron que no estaban avisados, ahora sabemos que sí”, ha asegurado. Y ha añadido otra pregunta que el PP lleva días planteando al Gobierno: “¿Por qué no aceptan las conclusiones de los informes de la Policía Nacional sobre el papel jugado por Marruecos en todo esto?”.

Ni sus socios compran ya todo el relato

Sánchez trató de recuperar la iniciativa el jueves desde el Congreso, pero su comparecencia terminó evidenciando otro de los problemas que atraviesa el Gobierno: la dificultad para conseguir que sus propios aliados parlamentarios compartan su versión de lo sucedido. Las críticas no llegaron únicamente desde PP y Vox. Sumar, ERC, Podemos y Junts cuestionaron en diferente grado la gestión de la crisis y el papel atribuido por Moncloa a Marruecos.

Sumar calificó la entrada masiva como un “ataque” y reclamó explicaciones a Rabat; ERC señaló también la responsabilidad marroquí; Podemos acusó al Gobierno de haberse “rendido” ante Marruecos; y Junts cargó contra la actuación del Ejecutivo. El resultado fue una imagen poco habitual: Sánchez comparecía para intentar cerrar políticamente la crisis y terminaba encontrándose con reproches también en el bloque del que depende para continuar en La Moncloa.

Tellado ha resumido esa situación asegurando que el presidente está “solo y sin salida”. Para el número dos del PP, la gestión de Ceuta ha terminado convirtiéndose en el escaparate de un Gobierno incapaz de recomponer una mayoría política que cada vez muestra más fisuras cuando aparecen asuntos especialmente sensibles.

La imagen de Robles que agrandó la grieta

Y dentro del propio Consejo de Ministros la semana tampoco ha sido tranquila. Margarita Robles volvió a convertirse en protagonista durante la comparecencia de Sánchez. La ministra de Defensa permaneció seria durante buena parte de la sesión y no se levantó para aplaudir al presidente al finalizar su primera intervención, en contraste con otros miembros del Gobierno.

De esta forma, la crisis de Ceuta no solo ha enfrentado al Gobierno con la oposición y ha provocado dudas entre sus aliados. También ha dejado expuestas públicamente las diferencias sobre qué información existía, quién la conocía y qué hicieron los distintos organismos antes de que decenas de miles de personas alcanzaran territorio español.

Y el último golpe llega desde el propio PSOE

Cuando Moncloa todavía trataba de contener las consecuencias políticas de Ceuta, este viernes ha llegado un nuevo golpe. Aunque avisado, no deja de ser llamativo que las dos únicas comunidades en las que gobiernas te den la espalda. El Consejo de Política Fiscal y Financiera ha permitido avanzar al nuevo modelo de financiación autonómica del Gobierno, pero el mapa de apoyos ha dejado otra fotografía incómoda para Sánchez: únicamente Cataluña y Canarias han respaldado la propuesta, mientras el resto de comunidades se han opuesto.

Y esta vez el rechazo no se ha limitado a las autonomías gobernadas por el PP. Castilla-La Mancha y Asturias, ambas con gobiernos socialistas, también han rechazado el modelo. Especialmente contundente ha sido Castilla-La Mancha, cuyo Gobierno considera que la propuesta perjudica a la región y beneficia a territorios con mayor capacidad fiscal como Cataluña.

El episodio amplía así la brecha dentro del propio espacio socialista y añade el componente territorial a una semana en la que Sánchez ha visto cuestionado su relato desde prácticamente todos los ángulos. La reforma seguirá ahora su tramitación y tendrá que pasar por un Congreso donde el Ejecutivo tampoco tiene garantizada una mayoría.

Por eso Tellado ha presentado todo lo ocurrido como algo que va mucho más allá de una crisis puntual por Ceuta. A su juicio, las protestas, las contradicciones sobre los informes, el distanciamiento de los socios y el desgaste interno son síntomas de un Ejecutivo que ha perdido capacidad política para reaccionar.

“España ha dicho hasta aquí hemos llegado”, ha proclamado el secretario general del PP, convencido de que el movimiento que reclama “un cambio de rumbo” es ya “imparable”. Después de una semana en la que Sánchez ha encontrado contestación en las calles, en sus socios parlamentarios, dentro de su propio Gobierno y hasta entre presidentes autonómicos socialistas, el PP cree que la crisis de Ceuta ha terminado por acelerar algo mucho mayor: la descomposición política del sanchismo.

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