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El CNI ajusta cuentas con Robles: le reprocha dejar que Sánchez les cargue el muerto de Ceuta

Los servicios de Inteligencia cuestionan que la ministra de Defensa haya permitido a Moncloa convertirlos en el chivo expiatorio de la crisis, después de que los documentos desclasificados acreditaran avisos previos. Sus agentes permanecen obligados a guardar silencio sobre lo sucedido

La ministra de Defensa, Margarita Robles

La ministra de Defensa, Margarita RoblesEuropa Press

Miguel Queipo
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Miguel Queipo de Llano

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El CNI está acostumbrado a trabajar en silencio. Forma parte del oficio. Lo que se lleva bastante peor dentro de La Casa es que ese silencio obligatorio termine sirviendo para cargar con responsabilidades ajenas sin que quien tiene la obligación política de defender al Centro salga a hacerlo. Y por eso Margarita Robles se ha convertido en destinataria de un enorme malestar interno tras la crisis de Ceuta. Sí, los espías también se cabrean.

El reproche que recorre los servicios de Inteligencia no apunta únicamente a Pedro Sánchez. Del presidente esperaban poco después de que Moncloa situara parte de la responsabilidad de lo ocurrido en supuestos fallos de información. Lo que cuesta más entender entre los agentes es el papel de la ministra de Defensa, de quien depende orgánicamente el CNI y a quien reprochan haber permitido que el Centro terminara convertido en el chivo expiatorio de la crisis.

Un enfado que ha ido in crescendo según transcurrían los días. Sánchez anunció en el Congreso la desclasificación de los documentos relacionados con los días previos a la entrada masiva de inmigrantes. Robles fue la única ministra que no acompañó con aplausos aquel anuncio. Después llegó la pornográfica exhibición de los papeles. Y lejos de despejar todas las dudas sobre Inteligencia, permitieron conocer que sí existieron avisos y movimientos detectados antes de que la situación estallara definitivamente en la frontera.

Defensa trató de cerrar filas mediante una declaración pactada con el propio CNI. Pero tampoco esa salida ha sentado bien dentro de La Casa. Las críticas internas consideran que el texto se aprovechó precisamente de aquello que distingue a un servicio secreto de cualquier otro organismo de la Administración: sus miembros no pueden salir públicamente a contar lo que saben, cómo lo supieron o a quién se lo comunicaron.

Ese silencio ha terminado jugando a favor del relato político. Y es precisamente lo que ahora se reprocha a Robles: no haber utilizado su posición para proteger al organismo cuando desde el Gobierno se dirigían las miradas hacia los servicios de información.

La desclasificación, además, ha terminado convertida en un incómodo bumerán para Moncloa. Lo que debía servir para esclarecer dónde falló la cadena de información abrió nuevas preguntas sobre quién conocía cada aviso, cuándo lo recibió y qué decisiones se tomaron después. El propio Feijóo sostiene que la publicación ha provocado una "brecha de seguridad" y ha dejado a los servicios de Inteligencia "a los pies de los caballos".

Robles queda así atrapada en una posición más que delicada. Por un lado, forma parte del Gobierno que decidió hacer públicos los documentos y defendió su actuación durante la crisis. Por otro, es la responsable política del organismo cuyos miembros consideran ahora que no fueron suficientemente protegidos.

En el CNI saben que no pueden responder a Sánchez como lo haría un ministro, un partido o cualquier cargo público. Su trabajo exige precisamente lo contrario. Lo que no esperaban era tener que guardar silencio mientras desde el Gobierno les cargaban el muerto y su propia ministra miraba hacia otro lado. Y eso es precisamente lo que no le perdonan a Robles.

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