EDITORIAL
Dormir está prohibido, amnistiar no: un Gobierno inmoral
José Manuel Albares, Como un pequeño Napoleón o un Nerón de Aliexpress, ha sido capaz de destituir a un embajador por quedarse dormido y cortarle la cabeza a otro por reunirse con Ayuso

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la Conferencia de Embajadores.
Estos días nos hemos reído primero e indignado después con nuestro ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Como un pequeño Napoleón o un Nerón de Aliexpress ha sido capaz de destituir a un embajador por quedarse dormido mientras él pronunciaba un discurso, capaz de cortarle la cabeza a otro por reunirse con Isabel Díaz Ayuso.
Hay que reconocer que lo de reunirse con la presidenta de la Comunidad de Madrid es tocarle la fibra sensible a Pedro Sánchez, llegar al nervio sin anestesia, darle donde más le duele. Aunque, claro, un embajador no está para dejarse llevar por las fobias personales del presidente del Gobierno y, como es fácil de entender, no es ningún pecado reunirse con Ayuso. Lo de quedarse dormido ante un discurso pedante y relamido de los que acostumbra a pronunciar Albares es humano. No es fácil aguantarle más de cinco minutos.
Bromas aparte, lo cierto es que las destituciones caprichosas y arbitrarias de dos embajadores describen a la perfección a este Gobierno, tan estricto y duro con los demás como indulgente consigo mismo. Si un diplomático merece ser apartado por quedarse dormido cabe preguntarse qué merecería Pedro Sánchez por conceder una amnistía inconstitucional a unos delincuentes a los que necesita comprar sus votos para ser investido presidente, por pactar con Bildu o por dejar España en manos de los separatistas.
Dormirse en un discurso oficial es mucho peor que venderse a los separatistas, según la vara de medir del ‘sanchismo’. Esa es la corrupción que afecta al Gobierno y, sobre todo a Pedro Sánchez: corrupción moral. Se suma a la otra, la que investigan la justicia en los casos Koldo, Begoña Gómez y David Sánchez, y que tiene que ver con el dinero, con lo material. Sobre esta última tienen que decidir los jueces. Sobre la otra, la corrupción moral, que no la contempla el Código Penal, tenemos que pronunciarnos los ciudadanos en las urnas en cuanto tengamos oportunidad de hacerlo.