Un año desde la reflexión... y cero respuestas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Hace justo un año que Pedro Sánchez decidió que necesitaba “reflexionar” cinco días. Ni uno más, ni uno menos. Como si estuviera eligiendo si pedir hamburguesa o pizza para cenar, pero en versión presidencial. Lo hizo con una carta a la ciudadanía en la que se confesaba un hombre profundamente enamorado –¿recuerdan?– y tan afectado por las críticas a su mujer que no le quedaba más remedio que respirar hondo y aparcar sus obligaciones para decidir si todo el esfuerzo que estaba haciendo por nosotros pecadores merecía la pena o era echar margaritas a los cerdos.
“Necesito parar y pensar”, decía. Lo que se le olvidó añadir fue: “...porque esto se va a poner feo”. Y así ha sido. Un año después a situación de Begoña no ha mejorado, ni la de él tampoco. Al contrario: más titulares, más sospechas, más preguntas sin respuesta en torno a quien, por lo visto, actuaba como si tuviera un ministerio propio.
Sánchez, tras su retiro zen prometió entonces transparencia y regeneración, pero lo único que ha hecho con todo este asunto y con los que se le han ido sumando después por gentileza de su hermano, de Ábalos, del fiscal Ortiz y de Koldo, entre otros, es un remake de los episodios más opacos de todos los gobiernos anteriores haciendo uso del famoso "sostenella y no enmendalla”. Y es que así es Pedro el resiliente: cinco días para pensar y trescientos sesenta para esquivar.