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Sánchez, el falso ingenuo que devora a los suyos

Santos Cerdán y Pedro Sánchez durante una reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE el 9 de enero de 2023.

Santos Cerdán y Pedro Sánchez durante una reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE el 9 de enero de 2023.Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

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Han pasado 45 días. 45 días escondido. 45 días mientras su partido se desangraba. Y cuando por fin sale, no es para dar explicaciones. Sale para ofrecer la cabeza de Santos Cerdán. Su mano derecha. Su sombra. El que le acompañó en el Peugeot cuando era un cadáver político. El que le montó las primarias amañadas. El que tejió las alianzas tóxicas con separatistas y populistas. El que manejaba la fontanería sucia del 'sanchismo'. Hoy lo entrega. No por principios. No por dignidad. Por puro instinto de supervivencia.

La UCO ha sido implacable: 620.000 euros en mordidas. Contratos trucados. Grabaciones incontestables. Y un fraude interno que lo aupó al poder. Pero Sánchez, fiel a su manual, se pone el disfraz de víctima. Se declara "decepcionado". Finge que no sabía nada. Ni de los sobornos. Ni de los contratos. Ni de las grabaciones. Ni del pucherazo interno.

¿De verdad? ¿Un presidente que controla el PSOE hasta el último despacho? ¿Que colocó a dedo a Cerdán, Ábalos, Koldo y compañía? ¿Y ahora va de ingenuo engañado? No cuela. Nadie lo compra ya. Esto no es un caso aislado. Es el modelo Sánchez: favores, chantajes, adjudicaciones amañadas, pactos en la sombra, cloacas. Porque no es solo Cerdán. Es Koldo. Es Ábalos. Es su esposa, investigada. Su hermano, imputado. El fiscal general, procesado. Y la fontanera Leire Díez, maniobrando para reventar a la Guardia Civil.

Todo esto lleva su sello. Su método. Su forma de gobernar. Hoy sacrifica a su escudero y pretende seguir como si aquí no hubiera pasado nada. Ni crisis de Gobierno. Ni moción de confianza. Ni elecciones. Aguantar hasta 2027. Esa es la consigna.

Pero está tocado. Muy tocado. Ha perdido lo único que siempre supo manejar: el control del relato. Ahora solo le queda la resistencia numantina. El sanchismo huele a descomposición. Y el final ya ha empezado. A.M. BEAUMONT

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