la mirilla
Bolaños, otra línea hacia Sánchez

Félix Bolaños, este martes, en el Congreso de los Diputados.
Ni el escudero más fiel se libra ya del lodazal. Félix Bolaños, la mano que mece el sanchismo, está a un paso del banquillo. El juez Peinado ha pedido al Supremo que le investigue por malversación de dinero público y falso testimonio. Dos delitos gravísimos. Y un dato aún más: el foco se estrecha sobre el núcleo duro de Pedro Sánchez.
¿La pieza clave? Esta vez, Cristina Álvarez. La asistente personal de Begoña Gómez. Contratada en La Moncloa. Pagada con dinero público. Y dedicada a solicitar favores, tocar puertas y pedir dinero para la cátedra privada de la esposa del presidente. Todo desde el epicentro del poder de La Moncloa. El Estado convertido en agencia de recaudación privada. Y Bolaños como gestor del negocio.
Pero cuando el juez le señala, el ministro de Justicia le ataca. Sí, el responsable máximo del sistema judicial cargando contra quien investiga su conducta. Rompiendo la neutralidad. Socavando la confianza en el Estado de Derecho. Incendiando la única muralla que resiste: la Justicia.
Se ha normalizado que desde el Gobierno se insulte a jueces y fiscales si no obedecen consignas. Se ha institucionalizado la furia contra quien investiga al poder. Bolaños no es una excepción: sigue la norma. Porque el problema no es él. Es el modelo Sánchez: usar lo público para lo privado. Confundir la legalidad con la conveniencia. Y atacar al que investiga, no al que delinque.
Mientras tanto, Pedro Sánchez calla. Otra vez. Pero su silencio ya no protege: del caso Begoña Gómez a Bolaños, como de Koldo a Ábalos y, luego, a Cerdán. Todos los caminos conducen al presidente.
A. M. BEAUMONT