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La diáspora vasca

Imanol Pradales y Aitor Esteban, durante la celebración del 130 aniversario de la fundación del PNV.

Imanol Pradales y Aitor Esteban, durante la celebración del 130 aniversario de la fundación del PNV.Europa Press

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Celebramos el día de San Ignacio de Loyola, patrón de Guipúzcoa y Vizcaya e inicio de las fiestas que, durante el mes de agosto, se desarrollarán en el País Vasco teniendo como espejos de celebración las tres capitales vascas.

A decenas de miles de vascos que nos encontramos fuera de nuestra tierra de manera forzada y desde hace años, estas fiestas nos generan nostalgia por los recuerdos, añoranza por el amor y cariño que tenemos a nuestra tierra, pero una enorme tristeza, ya que observamos que las cosas no están cambiando en la realidad social, como debería ocurrir en una sociedad normalizada que después de años de sufrir el terrorismo, pudiera dar la sensación de que se acabó todo aquello y que es una página pasada en la historia vasca.

La realidad nos dice que. lamentablemente, eso no es así, puesto que todavía observamos como en los núcleos rurales, todavía existen elementos de coacción, como se ha podido comprobar recientemente en la localidad guipuzcoana de Azpeitia, en donde, después de unas pintadas conta policía y tras la intervención de la municipal y la Ertzaintza, doscientos jóvenes asaltaron la comisaria de la policía autonómica. Por si esto fuera poco, han aparecido pintadas contra el Consejero de Interior del Gobierno Vasco en donde se refieren al consejero Bingen Zupiria como “mejor muerto”. Si esto ya es grave, resulta que, durante la fiesta taurina de San Ignacio, uno de los elementos principales de disfrute, se pretende no dejar torear a Morante de la Puebla por su cercanía a Vox y para remate, durante la segunda jornada, que se caracteriza por una misa en la Basílica de Loyola a la que acude el Lehendakari, se prevé que haya una manifestación de los de siempre.

Lo más triste de todo esto, es que en los núcleos rurales todavía los amigos de ETA tienen fuerza y campan a sus anchas y viendo la debilidad del PNV en su aspecto político y de gobierno, se permiten cargar contra la Ertzaina y hacer que la convivencia siga siendo preocupante en algunos lugares del País Vasco, sobre todo, en las zonas rurales.

Pero lo que es el colmo de los colmos, es que, coincidiendo con estos días, el lehendakari Pradales haya hecho unas declaraciones en las que señala que” hay que dinamizar y activar la Diáspora Vasca en beneficio del desarrollo de la sociedad”.

¿Acaso el lehendakari Pradales se refiere a los 250.000 vascos que tuvimos que abandonar nuestra tierra ya hace décadas y que nos hemos sentido totalmente abandonados por la sociedad vasca, el PNV y por todos aquellos que deberían haber hecho algo a lo largo de más de tres décadas para que pudiéramos regresar de nuestro exilio involuntario?

Causa gracia e indignación oír esto al representante del Estado Español en la comunidad autónoma vasca, cuando jamás ni su partido ni su gobierno se ha ocupado de nosotros, ignorándonos y sobre todo haciendo que no existiésemos, dado que muchos de nosotros, ni somos cercanos a ellos, ni formamos parte de su núcleo electoral.

Yo le diría al lehendakari que no tome el pelo a la sociedad, que la Diáspora Vasca no sólo son esos vascos que se reúnen en las Euskal Etxeas que están repartidas por el mundo y que, de una vez, si es que pronto Bildu no le come el terreno y le echa de Ajuriaenea, se ocupe de esos vascos que, si somos la real Diáspora Vasca y de los que ni se han ocupado, ni se ocupan ni se ocuparán. ¡Que poca vergüenza tiene, Lehendakari!

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