La agresividad hacia el enfermo mental: No es la policía sino el hospital

Hospital
Partiendo de la base de que la agresividad genera más agresividad y de que añade un sufrimiento innecesario y denigrante a quien sufre ya un trastorno mental inicial o provocado por sustancias como alcohol, drogas o ambos, es evidente que se están aplicando malas prácticas y que, al asustar a los enfermos, estos hacen cola en los pasillos del hospital.
Llamar a 7 policías para reducir a una persona que es un enfermo me parece un auténtico teatro y una conducta desmesurada. La policía ha mantenido la calma y estaba quieta sin actuar porque no había peligrosidad en el entorno. Es muy injusto culpar a la policía de violencia cuando esta parte del propio hospital.
Cuatro policías abandonaron el lugar porque su ética profesional está fuera de duda y saben dónde y cuándo tienen que estar. Como psicólogo y escudriñando la mente humana, sé que todo ser humano tiene derechos y merece respeto. Las frases repetidas por este hombre en silla de ruedas no denotaban peligrosidad, sino más bien una angustia, como si lo atacaran con cadenas, lo cual provoca hiperventilación.
Si a ello sumamos el asombro que me causó que dos trabajadores del hospital le rodearan con sus brazos el cuello, la sensación era como si una soga o cuerda lo asfixiara doblemente. Solo repetía que lo estaban ahogando y que él pedía muy poca cosa. Razonar, hablar con calma y empatizar con quien tiene un problema físico o mental, o este sea consecuencia del primero, exige respeto y libertad, que es inherente a la persona.
A cualquier persona que la provocan responde de la misma manera porque, en vez de controlarlo, lo descontrolan. Hace falta más psicología, más ética y más humanidad. Eso es la Medicina. Ya pasó la era del electroshock, tan inhumano, y del exceso de medicinas con más efectos secundarios que beneficios, y que se reducen cuando entran en escena las terapias psicológicas y después de indagar en el origen del problema que tanto hace sufrir al enfermo.
Máxime si sumamos el dolor creado por un entorno coaccionante y que desconoce la psicología y el control de la mente humana. Mi experiencia me avala y eso va a misa. Más humanidad, por favor. Mañana puedes ser tú y sería bueno que te pusieras en la piel del otro. Si yo fuera policía, detendría a quien podría ahogar con dos brazos, como soga al cuello, a un enfermo que no es un asesino ni un criminal.
En otra ala del mismo hospital sí supieron calmar sin atacar a un enfermo mental que profería insultos porque estaba atado. Solo quería sentirse libre e ir a la ventana y ver la calle. Accedieron y, después de la tranquilidad que le causó ver la calle, volvió a su camilla. Es evidente que en casos extremos donde alguien lleva armas e intenta matar a alguien debe inyectarse un sedante para reducirlo y evitar tragedias, pero el caso que he presenciado no era ese.