La mirilla
Sánchez, el capo que da las órdenes

(Foto de ARCHIVO) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo', en el Senado, a 30 de octubre de 2025,
Leire Díaz, la fontanera del PSOE, lo ha dicho sin titubear: “Soy una persona que ha puesto el PSOE. El presidente ha dicho que esto se limpia caiga quien caiga”.
La frase lo resume todo. No hay que buscar más. El poder habla por su cloaca.
Díaz no era una militante menor. Era “la mano derecha” de Santos Cerdán, el hombre fuerte de Ferraz, el emisario de Sánchez en todas las sombras. Su encargo: fabricar fango. Rastrear la vida de jueces, fiscales, periodistas y empresarios incómodos. Localizar basura para usarla como arma política. Mafia con membrete oficial.
Tras la imputación de Begoña Gómez, el engranaje se puso en marcha. Una maquinaria diseñada para obstruir la Justicia y proteger al presidente a cualquier precio. Lo confirma la grabación que obra en poder del juez: órdenes directas, nombres concretos y una consigna nítida —“caiga quien caiga”—.
El Estado, reducido a instrumento de defensa personal.
Este martes, dos periodistas de El Español confirmaron ante el juez que Leire Díez les enseñó un vídeo sexual del fiscal José Grinda. Una cloaca humana. Un método indigno. El poder que se dice progresista se dedica a fabricar mierda contra quienes no se someten.
Y, sin embargo, el silencio: Cerdán calla. El fiscal general, García Ortiz, mudo. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, silbando. Sánchez escondido. El PSOE sin habla. Nadie se atreve a negar nada. Luego, todos saben demasiado.
Ya no es corrupción, es degeneración. El sanchismo ha cruzado la última línea: usar al Estado para intimidar. No hay ética que resista ni democracia que aguante.
Porque donde antes había instituciones, hoy hay sicarios políticos.
Y donde debería haber un presidente, hay un capo que da órdenes desde el fango.
A.M. BEAUMONT