El único miembro libre del Clan del Peugeot

El famoso Peugeot 407 de Pedro Sánchez.
Hoy tengo que pedirles un pequeño esfuerzo.
No se trata de nada complicado, pero sí que es un ejercicio de imaginación.
Traten de visualizar un cesto, el típico cesto de mimbre en el que podría guardarse, por ejemplo, fruta.
Ahora imaginen, dentro de ese cesto, un montón de manzanas podridas, en un estado de descomposición tal, que resulta desagradable a cualquiera de los sentidos. Y, en el medio, justo en el medio de la cesta, rodeada de esas manzanas, rozándose con ellas constantemente desde hace muchísimo tiempo, una manzana roja, maravillosa, estupenda, en perfecto estado. Una manzana de concurso gastronómico.
¿A que resulta muy difícil de creer que esa manzana pueda existir? De hecho, es físicamente imposible.
La única manzana que nunca se pudre, pase lo que pase.
Ahora, sin abandonar esa imagen del cesto con las manzanas, razonemos…
Su mujer, penta-imputada. Su número dos, en prisión. El ayudante de su número dos, en prisión. El sucesor de su número dos, imputado y recién salido de prisión (para volver a ella). Su Fiscal General del Estado, condenado. Su fontanera, imputada. Su hermano, procesado. La Audiencia Nacional, exigiendo información a su partido sobre todos los pagos en efectivo realizados en Ferraz…
No sé… que a lo mejor soy yo, que soy un calvo malpensado, pero es que resulta que tengo un frutero en casa y sé que la manzana que nunca se pudre no existe.
Entre otras cosas porque, a estas alturas, todos sabemos que sus primarias fueron un fraude, su tesis fue un fraude, su moción de censura para “regenerar la política” (Ábalos dixit) fue un fraude, su investidura fue un fraude (y una traición a España) y su continuo asalto a las instituciones también, un fraude.
Y, con todo y con eso, seguimos contemplando con estupor el bochornoso espectáculo de sus palmeros (dizque ministros), afirmando que la manzana roja no va a convocar elecciones y que lo que ha pasado no afecta, de ninguna forma, a la imagen de nuestro país.
Eso, mientras ya contamos tres ejercicios sin presupuestos generales del Estado y vivimos un presente en el que ya no tiene mayoría en el Congreso.
Eso, mientras nuestra manzana roja aparece en un acto, al que no iba a ir, para firmar una subida de salario, imprevistamente previsible, a tres millones y medio de funcionarios, para ejemplificar aquello tan famoso de: “A ver si eres capaz de decirme que vas a comprar votos, sin decirme que vas a comprar votos”.
Eso, mientras Urtasun, palmero de Cultura, anunciaba el jueves que Madrid acogerá un congreso, que nos va a costar un pellizco gordo, “para la reconstrucción patrimonial de Palestina” …
Oye Ernesto, ¿y cómo va la reconstrucción patrimonial de Valencia? ¿y las ayudas?, bien ¿no, Ernesto?
Menudo pájaro, Ernesto…
Quiero decir, con todo lo anterior, que, como no nos pongamos manos a la obra, nos enfrentamos a una decadencia irreversible.
Y no me refiero a los políticos, porque, al mismo tiempo que sucede esto en una orilla, en la otra orilla vemos a un Partido Popular que sigue empeñado en que la gente ni siquiera se lo tome en serio, porque a los acomplejados no se los puede tomar en serio y a un VOX, que critica cualquier iniciativa que ponga en marcha el PP, esgrimiendo el argumento de que el PP es lo mismito que el PSOE pero que, al mismo tiempo, pacta con el Partido Popular el gobierno de Valencia.
No me extraña nada que los ciudadanos asqueen la política, a base de no entender nada y que, elección tras elección, el partido más votado sea la abstención.
Ningún partido de los que están sobre el tablero, en este momento, está a lo que hay que estar. Ninguno.
Y es una pena, porque el Número 1, la manzana roja, sigue siendo el único miembro libre del clan del Peugeot.