Maduro cae, la izquierda española calla

Un hombre con una bandera venezolana contrario al régimen de Maduro
Nicolás Maduro ha caído. No es un matiz diplomático. No es un cambio de fase. Es el derrumbe de una narcodictadura.
Y, sin embargo, hoy el silencio es ensordecedor.
La izquierda no celebra nada. No se alegra. No rectifica. No pide perdón. Porque muchos de los que se llenan la boca hablando de derechos humanos miraron hacia otro lado cuando tocaba mirar de frente. Y otros fueron más allá: se pusieron del lado del tirano asesino.
Maduro no cayó ayer. Cayó después de años de hambre, represión, exilio, muertos y presos políticos. Después de que millones de venezolanos huyeran. Y cayó mientras aquí se le justificaba, se le blanqueaba o se le trataba como un “actor político más”.
La izquierda que presume de superioridad moral tiene hoy un problema serio: la hemeroteca. Fotos, viajes, declaraciones, silencios cómplices. Y una pregunta incómoda: ¿Dónde estaban cuando el régimen disparaba, encarcelaba y robaba?
Algunos dijeron que era “complejo”. Otros que había que “respetar la soberanía”.
Otros que “no era blanco o negro”.
Era negro. Muy negro.
La caída de Maduro no solo retrata a la dictadura. Retrata a quienes la sostuvieron moralmente. A los que prefirieron la ideología a la libertad. A los que callaron porque el verdugo era “de los suyos” o les daba negocios.
Ahora vendrán los matices.
Las equidistancias. Las prisas por cambiar de tema.
Pero hay verdades que no se esconden: quien no estuvo con la libertad cuando importaba, no puede fingirlo ahora.
Maduro cae. Y con él cae una mentira largamente sostenida.
La izquierda que lo justificó no tiene hoy nada que celebrar. Tiene mucho que explicar.
A.M. BEAUMONT