Mezquinos al poder

(Foto de ARCHIVO) Los miembros del Gobierno posan, en el Palacio de la Moncloa 23/12/2025
No deja de sorprenderme la cantidad de memos que llegan a posiciones de poder, incluso de mucho poder, especialmente en el sector público. La política, muy a nuestro pesar, nos condiciona en nuestro día a día. Y cada vez más, estamos en manos de incapaces. Incapaces para mejorar la calidad de vida de la mayoría que dicen representar. Me viene a la cabeza el ministro Óscar Puente, alias el ‘rápido para insultar en X, lento para todo lo demás’.
Especialmente incapaz de gestionar nada es el sanchismo, solo maestro del humo y la propaganda. Un gobierno más preocupado que otra cosa en arrinconar la institucionalidad. En estos siete años del yerno de Sabiniano como inquilino de La Moncloa, el retroceso en la calidad democrática ha sido alarmante. Una degradación de nuestras instituciones que da pavor por la rapidez de los acontecimientos, ante la sorpresa y pasividad de la mayoría.
Andalucía
Más problemas para Adif en el ferrocarril de Córdoba con una línea cortada
Manuela Herreros
El Parlamento es un convidado de piedra en esta legislatura. El Tribunal de Cuentas, el Constitucional, el Consejo de Estado, el Banco de España, la Fiscalía, el CIS, la SEPI, AENA, Correos, RENFE, RTVE… entre otros, se han convertido en juguetes rotos en manos del autócrata antes guapo, hoy demacrado.
La izquierda política, inmersa en un agujero de identidad y credibilidad, ha pasado de ser la voz del obrero a apropiarse de banderas insustanciales de unas minorías creadas artificialmente. El resultado final ha desencadenado en la anulación de la clase media. De dos maneras: vía leyes peregrinas e innecesarias en muchos casos que coartan nuestra libertad, y vía impuestos. Un expolio interminable, y cada vez más extenso de tributos delirantes que solo nos empobrecen.
Los jóvenes de hace 25 años tuvimos más oportunidades de prosperar que los de la actualidad. Señor votante, sepa usted que el culpable no es el malvado empresario (bastante tiene con sobrevivir), sino los políticos (casi siempre de izquierdas) que solo buscan controlarnos.
A ver si lo vamos captando. La estructura actual del Estado, colosal y desproporcionada, es inasumible e incompatible con la libertad individual. Cuanto más grande es el Estado, tiene que haber más entes de control que aparenten hacer algo para justificar su existencia, y un gasto. Y el gasto sale de los que generan riqueza. Cuando a una mayoría de los que producen y sostienen el sistema ya no les compensa seguir en la actividad, y por tanto dejan de generar riqueza, el ‘tinglado’ se viene abajo. Ahí los políticos deambulan en un peligroso juego de equilibrios entre los que producen y a los que hay que subvencionar para comprar sus votos. Por favor, algún líder decente que lo vea y cambie este sistema perverso. Creo que le irá bien.
Llevamos décadas con una presión fiscal siempre en aumento. Se han inventado impuestos por y para todo con el único fin de no dar respiro al sufrido contribuyente. La mayoría ya paga el 50% o más de lo que gana entre impuestos directos o indirectos. Una especie de nuevo esclavismo. Trabajamos para soportar una estructura que a nadie nos han preguntado si queremos seguir manteniendo.
Y por otro lado está la hiper regulación que nos asfixia tanto en la esfera pública como en la privada, con la inestimable colaboración de Bruselas. Todo parte con una política de señalización e infantilización al ciudadano. Hacernos sentir culpables por cada acto. Todo está mal: compramos mal, consumimos mal, comemos mal, nos movilizamos mal, nos reproducimos mal, o empleamos nuestro tiempo de ocio peor… La anulación del individuo resulta insoportable.
El círculo, ya no vicioso sino perverso, es que mientras más crece el estado, más sometidos nos tienen vía impuestos y control social.
Nunca España recaudó tantos impuestos como en 2025, y nunca se ha tenido la sensación de tanta precariedad, chapuzas y fallos en los servicios públicos, ustedes elijan: educación, sanidad o infraestructuras (lo de Adif no tiene nombre).
Es inadmisible que 72 horas después del accidente de Adamuz no se supiera el número exacto de fallecidos. Eso es lo más cercano a un Estado fallido, dirigido por un gobierno inepto, más preocupado porque no le salpique que por conocer las causas del accidente. Poner al frente de instituciones esenciales a incompetentes tiene un coste en vidas de inocentes. En el corazón del desastre ferroviario que abruma a España se encuentra el espantoso nivel de corrupción e inacción de la administración pública, la ocupación de altos cargos por parte de burócratas políticos inútiles y, lo peor de todo, una cultura de nula aceptación de responsabilidades.
Entonces ¿qué hacen con nuestro dinero si no lo invierten en hospitales, en pagar bien a los profesores, o en el mantenimiento de las vías de los trenes? ¿Cuánto se destina a cloacas del Estado? ¿Cuánto se va a chiringuitos manejados por amigos a los que tienen que devolver favores? ¿Cuánto se roban en comisiones opacas? ¿O en noches de prostitutas en Paradores Nacionales? ¿Cuánto destinan a mantener esta maquinaria de Estado ineficaz, a pagar sueldos de empleos innecesarios?
Hagan sus números y alucinen.
La única solución para que la democracia no caiga en el descrédito es recuperar la política con líderes honestos, y comenzar a desmantelar poco a poco este mastodonte estatal que se ha creado en los últimos 50 años. Cuanto menos dinero tengan los políticos en sus manos, mejor.
Por si fuera poco, estos mismos que nos desgobiernan, día tras otro nos avergüenzan en el plano internacional. En estas últimas semanas, resultan especialmente obscenas las adhesiones de buena parte de la izquierda patria a la captura de Nicolás Maduro. Los mismos que durante 25 años han mirado a otro lado con los derechos humanos en Venezuela, ahora los reclaman para el dictador. O peor aún, los que han sido cómplices del régimen iraní, blanqueando a los ayatolás mientras cobraban por darles un lavado de cara, ahora van de pacificadores.
España
Amnistía Internacional investiga si se pactó con Delcy el silencio de los españoles liberados
Francisco Mercado
Para terminar, me gustaría dirigirme a esos ciudadanos anónimos incondicionales del gobierno, cómplices necesarios de este despropósito. ¿Cómo es posible que tras la DANA salieran en masa a pedir la cabeza de Mazón (sin mirar a Moncloa) y ahora sostengan que no es el momento de ‘politizar’ el caos ferroviario con las tragedias de Córdoba o Gelida. O politizamos todo o nada. Pero no vale politizar sólo lo que hacen los rivales. O acaso ya olvidaron que ellos abrieron la caja de los truenos con el Prestige, y siguieron con el Yak-42, el 11-M, el metro de Valencia, el perro Excalibur, las residencias de ancianos en Madrid, o los incendios en las Comunidades gobernadas por el PP. Tragedias a la carta.
La causa del accidente de Córdoba ha sido el mal estado de las vías, fruto de la nefasta gestión en RENFE y Adif, donde Ábalos y Koldo tenían poder. Lo mínimo será pedir responsabilidades políticas, y llegado el caso, si hubiera indicios, penales. ¿Cómo pueden decirnos que no hay que politizar la tragedia cuándo es causa de un error de la política pública? Lo que hay que hacer es determinar las causas y responsables, y poner remedio para que no se vuelva a repetir algo parecido en otros tramos de la desatendida red ferroviaria.
A esos mismos ‘gruppies’ del sanchismo me gustaría preguntarles, ¿Cómo una persona decente puede no alegrarse de que cientos de presos políticos, jóvenes inocentes, recuperen la libertad arrebatada durante años en cárceles infrahumanas? ¿En base a qué argumento racional siguen apoyando a políticos que no paran de engañarles, mientras éstos se enriquecen de una manera oscura con el sufrimiento de un pueblo, o con el desguace de un país?
Reflexionen si tienen un minuto.
A nuestros gobernantes, no sean tan mezquinos. Dejen de engañar a la gente y cumplan con lo que le prometieron a la ciudadanía. Déjennos trabajar, prosperar y ser libres: a los venezolanos, los iraníes y, por supuesto, a los españoles, que en su mayoría ya no os soporta.