la mirilla
El manual de Sánchez ante la terrible tragedia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, atiende a los medios antes de trasladarse al lugar del accidente en Adamuz.
Cuando ocurre una desgracia, el Gobierno no cambia de guion. Sigue erre que erre.
Primero, desacreditar a quien pregunta. Luego, hablar de “bulos”. Después, blindar al ministro. Y, por último, convertir la crítica en ataque político.
Ese es el manual de crisis monclovita. No empieza con las víctimas. Se disfraza de defensa.
El descarrilamiento de Córdoba ha vuelto a mostrarlo con crudeza. Mientras el país mira féretros, el Gobierno busca culpables fuera. No dentro.
Óscar Puente no explica. Miente. Pedro Sánchez no asume. Se esconde. Y el relato intenta taparlo todo.
No hay un fallo técnico. Hay una cadena de decisiones. No estamos ante un error aislado. Vemos un sistema que se protege antes de responder.
La tragedia no ha cambiado nada en el comportamiento del poder. Solo lo ha dejado más desnudo.
Porque cuando hay muertos, ya no bastan las consignas. No sirven los eslóganes. Tampoco funcionan los altavoces mediáticos por sectarios sean.
La política sin frenos siempre cree que puede salir del paso con una frase más. Hasta que llega la muerte. Entonces, el silencio delata.
El accidente es terrible, pero la reacción gubernamental es inmoral.
Un Gobierno que convierte la tragedia en campo de batalla, que acusa a la prensa, que protege a los suyos, que desprecia la pregunta, ya no gobierna: sobrevive.
Las víctimas quedan en segundo plano. Lo primero es seguir en pie. Y ese es el problema de fondo: cuando el poder deja de sentir el límite moral, pierde su autoridad.
Sánchez ha blindado a Puente. Ha reivindicado su gestión. Ha cerrado filas con su ministro más histérico.
No lo hace para esclarecer. Solo para resistir.
El país pide verdad. Responsabilidades. Respeto.
El manual de agitación y propaganda de La Moncloa no tiene ese capítulo.
Solo sabe una cosa: ganar tiempo. Resistir.
A.M. BEAUMONT