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la mirilla

Sánchez y el manual de las cortinas de humo

El presidente Pedro Sánchez, junto al andaluz Juanma Moreno desde Adamuz, Córdoba.

El presidente Pedro Sánchez, junto al andaluz Juanma Moreno desde Adamuz, Córdoba.

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Hay tragedias que exigen verdad. Y hay gobiernos que responden con maniobras.

España acaba de vivir una de las mayores catástrofes ferroviarias de su historia reciente. 46 muertos. Cientos de heridos. Familias rotas. Un país conmocionado y asustado.

Y, sin embargo, el primer movimiento político de Pedro Sánchez no ha sido asumir responsabilidades ni pedir explicaciones claras. Ha sido cambiar el foco. Mover el marco. Fabricar otra urgencia para desplazar el dolor.

Ese es el manual.

Cuando hay escándalo, se acusa a la prensa. Cuando hay víctimas, se genera ruido. Cuando la realidad aprieta, se busca otra polémica. Esta vez una regularización masiva de inmigrantes. Otro duro hueso para roer por la opinión pública.

No es gestión. Es estrategia.

El Gobierno habla de bulos mientras hay féretros. Señala enemigos si el país exige respuestas. Se parapeta en el relato mientras la confianza se derrumba.

No es un error aislado. Es un patrón.

Durante años, el sanchismo ha aprendido a sobrevivir desviando. No corrige. No rectifica. No dimite. Resiste. Aguanta. Espera a que el tiempo enfríe lo que no quiere afrontar.

Pero los muertos no entienden de propaganda. Las vías rotas no escuchan discursos. La tragedia no admite cortinas de humo.

El incompetente Óscar Puente sigue pegado al sillón, atrapado en sus mentiras, purgando cargos intermedios en busca de salvarse. El presidente, montado en su propio relato, escapa haciendo honor al apodo de “galgo de Paiporta”. Y las víctimas, relegadas a una nota al pie.

Esa es la herida real: un poder que antepone su permanencia al deber de responder.

Un Estado resiste errores.

No resiste a un poder que los crea y huye de ellos

Responder a la muerte con artimañas no es gobernar.

Es disfrazarse.

Teenemos un Gobierno que se esconde y ya no manda: sobrevive.

A.M. BEAUMONT

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