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Las causas del “no a la guerra” y sus mariachis

La pancarta de Greenpeace con el mensaje “No a la guerra”

La pancarta de Greenpeace con el mensaje “No a la guerra”Cesar Vallejo Rodriguez

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Los últimos resultados electorales en Extremadura, Aragón y Castilla y León, así como las encuestas de intención de voto en las próximas elecciones generales demuestran que el PSOE bajo el liderazgo de Pedro Sánchez padece un enorme desgaste, el cual se traduce en la desafección de la gran mayoría de los españoles, entre los que se incluyen buena parte de los que fueron tradicionalmente votantes socialistas. 

La causas que explican la progresiva decadencia del régimen sanchista son múltiples y variopintas, pudiéndose destacar a vuelapluma la corrupción galopante que, a rebufo de las declaraciones de Víctor de Aldama, implica cada día que pasa a un mayor número de líderes socialistas, los múltiples escándalos protagonizados por personas ligadas al partido socialista, entre los que se encuentran fiestas con prostitutas, alcohol y cocaína, así como casos de acoso sexual, las continuas concesiones a las formaciones independentistas catalanas y vascas con el consiguiente perjuicio para el resto de regiones españolas y, finalmente, la manifiesta incapacidad para solucionar los problemas que acucian a los españoles como consecuencia de una gestión absolutamente ineficaz e ineficiente.

Ante este panorama y ante la ausencia de un programa de acción política capaz de revertir la situación, el gobierno sanchista se aferra, como indefectiblemente hace la izquierda en tiempos de crisis, al populismo y la manipulación, utilizando para amplificar sus mensajes a los palmeros que a base de subvenciones tiene a su servicio. Dado que su llamada al miedo mediante el mantra de “que viene la ultraderecha” ya no asusta ni a los niños de guardería, los socialistas llevaban un tiempo buscando un eslogan capaz de movilizar a su electorado y lo encontraron tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a la República Islámica de Irán, enarbolando todos a una, como si de Fuenteovejuna se tratara, el “No a la guerra”.

Más allá de que el “No a la guerra” no constituye otra cosa que una expresión meramente retórica debido al irrelevante papel internacional en el que Pedro Sánchez ha sumido a la nación española, resulta que el inicio de la contienda obedece a una serie de circunstancias que en ningún caso se han puesto sobre la mesa por parte de los dirigentes socialistas, debido a que la puesta en escena de su nueva campaña propagandística requería que su población objetivo permaneciera sumida en la ignorancia, debido a la inconsistencia e incoherencia de su planteamiento.

Por lo tanto, para poner la situación en contexto, lo primero que es necesario señalar es que Irán es un Estado teocrático donde rige la ley islámica y la máxima autoridad es el Líder Supremo chiita, lo cual trae consigue una fuerte restricción de libertades individuales, el sometimiento de la mujer al hombre y la prohibición de la homosexualidad

Así, para que nos hagamos una idea, una mujer que no lleve puesto el hiyab en zonas públicas puede ser condenada a multas que oscilan entre los 160 y los 12.000 dólares y en caso de reincidencia al ingreso en prisión entre 2 y 10 años. A su vez, el adulterio conlleva 100 latigazos si la mujer es soltera y la pena de muerte por lapidación si está casada. 

Por su parte la homosexualidad en el caso de las mujeres está penada con 100 latigazos, mientras que a los hombres directamente se les aplica la pena de muerte. Aparte de este brutal atropello a la libertad, resulta que el Estado iraní ha dedicado durante décadas gran parte de sus ingresos a desarrollar enormemente su capacidad armamentística, a enriquecer uranio para construir bombas atómicas y a financiar el terrorismo islamista en el mundo, de tal forma que constituye una de las principales amenazas para la paz y la estabilidad mundial. 

Para que nos hagamos una idea de la brutalidad del Gobierno iraní basta saber que durante las masivas protestas contra el régimen de los ayatolás, acaecidas durante los dos meses previos al estallido de la guerra, la Guardia Revolucionaria Islámica ha asesinado impunemente a más de 60.000 manifestantes, demostrándose con ello que el terrorismo en estado puro es una de las principales señas de identidad del fundamentalismo islámico.

Sin embargo, la izquierda española, con el psicópata monclovita a la cabeza, ha decidido obviar todos estos problemas y ponerse decididamente a favor de un régimen cuyas leyes conculcan radicalmente la democracia, la libertad de expresión, reunión y manifestación, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el respeto a la orientación sexual de los individuos y, por si todo ello no fuera suficientemente deplorable, resulta que es el principal promotor del caos a lo largo y ancho del mundo. 

A la luz de estas consideraciones solo cabe concluir que el “No a la guerra” de la izquierda no obedece al deseo de salvaguardar los Derechos Humanos de los iraníes a todas luces inexistentes, sino que tan solo consiste en una hipócrita campaña de agitación y propaganda que busca exclusivamente dar con la tecla que permita revertir sus deplorables expectativas electorales, sin conceder la menor importancia al enorme sufrimiento que el pueblo iraní lleva décadas padeciendo.

Obviamente toda campaña de agitprop necesita ir acompañada de diferentes grupos de mariachis que sirvan de correa de transmisión del discurso que se intenta elevar a la categoría de verdad absoluta e incontrovertible. Como no podía ser de otra forma, el “No a la guerra” del Gobierno socialcomunista ha encontrado en el movimiento feminista y en el mundo del cine un nutrido grupo de bufones que no pierden ocasión alguna de demostrar su adhesión acrítica al régimen sanchista.

Así, las feministas radicales han convertido el 8-M en una manifestación absolutamente desnaturalizada, de tal forma que tan solo se han remitido a gritar “No a la guerra”, obviando ciertas situaciones del todo lamentables que en el momento actual la mujer está padeciendo en España, como la obligación de las mujeres musulmanas de ir encerradas en cárceles de tela (como son el hiyab, el niqab o el burka), la creciente inseguridad femenina como consecuencia de la inmigración ilegal o la liberación prematura de depredadores sexuales debido a la entrada en vigor de la ley del “Solo sí es sí”

Para entender tanto pacifismo de salón en detrimento del apoyo a la mujer baste señalar que solo durante el año 2025 el Gobierno sanchista ha destinado a organizaciones feministas y LGTBI subvenciones por valor de más de 7 millones de euros, lo cual evidentemente no es moco de pavo para estos colectivos tan sectarios como indocumentados.

Por lo que respecta a los actores y actrices, más allá de que se hayan auto adjudicado injustificadamente la categoría de intelectuales, resulta esperpéntico comprobar cómo año tras año convierten la gala de los Premios Goya en un aquelarre donde en la hoguera de sus propias vanidades se quema a los principales líderes de la derecha española, al mismo tiempo que, de forma harto empalagosa, se ensalzan las inexistentes virtudes de un psicópata como P. Sánchez, más preocupado en parecer el único líder europeo capaz de parar los pies a Donald Trump que en desarrollar una verdadera acción de gobierno. 

También en este caso las subvenciones al cine del Gobierno socialcomunista vienen a explicar en buena medida el origen de tan penosa muestra de servilismo. Así, resulta que en el año 2025 el Gobierno de P. Sánchez concedió al cine español más de 100 millones de euros en subvenciones, recaudándose tan solo el 77% de los mismos. Tal despilfarro económico sin el debido retorno viene a demostrar que el permanente apoyo de los cineastas españoles a la izquierda está fundamentalmente motivado porque debido a su manifiesta incapacidad creativa buena parte de ellos necesitan la ayuda del Estado para vivir del cuento.

En definitiva, como señala Pedro J. Ramírez en El Español, imbuido por una patológica ambición de poder, “Sánchez apuesta por una Europa débil, con mucha inmigración, poca defensa y sin energía nuclear”, de tal forma que, para fortalecer un relato que en el fondo resulta obsceno, ha decidido utilizar el dinero de todos los españoles para ganarse el apoyo incondicional y rastrero de colectivos con notable visibilidad pública pero escasa capacidad de generación de recursos por vías mínimamente legítimas.

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