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ENFOQUES DEL DIRECTOR

Begoña Gómez consuma su desafío a Peinado: le da plantón para irse a Doñana con Sánchez

Begoña Gómez comparece en la Asamblea de Madrid

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Begoña Gómez ha vuelto a desairar al juez Juan Carlos Peinado. El magistrado le había citado personalmente y ella, simplemente, no ha acudido. En su lugar, ha preferido marcharse de vacaciones a Doñana con su marido, el presidente del Gobierno.

Es cierto que la ley permite que un abogado comparezca en nombre del investigado en algunos trámites. Pero Peinado, con toda claridad, requirió su presencia física. La esposa del presidente ha decidido que ese requerimiento no iba con ella. No ha sido un olvido ni un problema de agenda: ha sido una elección consciente. Un desafío en toda regla.

Cualquier español medio que reciba una citación judicial sabe que no puede plantarla sin consecuencias. Begoña Gómez, en cambio, parece creer que las reglas no se escribieron para ella. Y lo hace con un plus de escarnio: mientras el juez espera, ella posa en las marismas onubenses. El mensaje es meridiano: no le tengo miedo, o al menos quiero que parezca que no se lo tengo.

Porque, en el fondo, sí lo tiene. Begoña Gómez sabe que el rodillo de la justicia, por lento que sea, es inexorable. Ya son cinco los delitos por los que está investigada: tráfico de influencias, cohecho, falsedad documental, prevaricación y malversación. Tras meses de dilaciones, recursos y maniobras, el caso avanza. Llegará el día en que tenga que sentarse en el banquillo, bien ante un jurado popular, bien ante un tribunal ordinario. Y ese día se acerca.

Lo políticamente intolerable, sin embargo, no es solo el posible delito. Es el método. Begoña Gómez ha construido una carrera universitaria sin título universitario, ha conseguido que grandes empresas patrocinen sus másteres y que multinacionales financien un software que, presuntamente, acabó apropiándose. Todo ello al amparo de ser la esposa del presidente del Gobierno. Ese es el auténtico escándalo: el uso descarado de la posición institucional para beneficio particular.

La Justicia seguirá su curso. Ella, mientras tanto, ya ha elegido su estrategia: plantar cara al juez y huir a Doñana. Un desafío que dice mucho más de quien lo lanza que de quien lo recibe.

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