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El guateque comunista vs el homenaje a la libertad

Isabel Díaz Ayuso y la líder opositora venezolana María Corina Machado

Isabel Díaz Ayuso y la líder opositora venezolana María Corina MachadoDiego Radames

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Este fin de semana, España ha ofrecido al mundo un contraste tan nítido como doloroso. Mientras Pedro Sánchez presidía en Barcelona su cumbre de líderes (mal llamados) progresistas —Lula, Petro, Sheinbaum y compañía—, Isabel Díaz Ayuso la definía con precisión quirúrgica: el “guateque comunista”. Allí, entre abrazos y discursos sobre “defender la democracia”, se reunía el socialismo del siglo XXI que ha convertido Venezuela en un cementerio de libertades. Sánchez elegía, una vez más, el lado equivocado de la historia.

Al mismo tiempo, en Madrid, la libertad tenía nombre y rostro: María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025. Primero, el alcalde José Luis Martínez-Almeida le entregó la Llave de Oro de la Villa. Después, Ayuso le impuso la Medalla de Oro de la Comunidad en la Real Casa de Correos. Y, por si alguien dudaba del respaldo popular, miles de venezolanos en el exilio desbordaron la Puerta del Sol. Allí, Machado, con la medalla aún en el pecho, proclamó: “Hoy comienza el regreso a casa”. No era un acto protocolario; era el kilómetro cero de la dignidad.

El Gobierno de Sánchez, incapaz de enviar siquiera una felicitación oficial a la Nobel de la Paz, ha demostrado dónde sitúa sus afectos. El mismo Ejecutivo que en 2020 preparaba —según el testimonio de Víctor de Aldama— una cena privada con Delcy Rodríguez y cinco ministros en un chalé de El Viso, hoy guarda silencio ante quien simboliza la resistencia frente a la dictadura chavista. Cada cual elige su bando.

Sánchez se ha colocado junto al frente popular internacional que aplaude regímenes que encarcelan opositores, censuran prensa y arruinan economías. Machado, en cambio, encarna lo opuesto: la lucha pacífica, tenaz y valiente contra la izquierda autoritaria y liberticida. Madrid ha elegido homenajear a la libertad. Barcelona, el guateque. La historia, implacable, ya ha empezado a juzgar.

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