Programas electorales ante notario

Gente votando

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Ahora que vivimos en este peculiar “año electoral por fases” y ya asoma otro en el que, supuestamente, volveremos a votar, quizá ha llegado el momento de pedir algo revolucionario: que los programas electorales funcionen como contratos. De esos incómodos que obligan.

Lo digo porque ya llevamos unos cuantos años de democracia, y siempre nos llevan al huerto. Todos los partidos prometen habitación con terraza y vistas al mar, y acabas en un patio interior donde la única vista es la del aire acondicionado del de enfrente. Cuando lo hace un hotel y reclamas o te indemniza o te mejora la estancia. En política, de momento, ni una cosa ni la otra. Como mucho una explicación creativa.

Da igual el color del folleto. Desde Felipe González y su célebre “OTAN, de entrada no”, hasta Mariano Rajoy y aquella bajada de impuestos que terminó siendo un rejonazo, pasando por Pedro Sánchez, que ha elevado el “donde dije digo, digo Diego” a categoría filosófica. Aquí no se salva nadie: todos han servido, en algún momento, ese desayuno que no estaba incluido.

Por eso propongo el programa electoral firmado ante notario. Si no cumplen, sanción. Algo claro, automático, sin rueda de prensa explicativa. Un reembolso parcial en forma de dimisión, o al menos un vale canjeable por coherencia en la próxima legislatura.

Y ya que estamos, añadiría una cláusula adicional: denuncia por perjurio a todos los que tienen el morro de comprarse una corbata nueva para jurar o prometer en falso acatar la Constitución, lealtad al Rey y cumplir fielmente las obligaciones del cargo...

Reconózcanme que sería bonito aunque poco probable. Al final, los votantes somos esos turistas fieles que volvemos al mismo lugar, con la esperanza —ingenua, pero entrañable— de que esta vez sí habrá terraza. Y siempre acabamos en el patio, aunque con suficiente experiencia acumulada para saber dónde da menos la sombra.