La eterna lucha entre bien y el mal se ha escenificado en España con un reparto de lujo

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el presidente de Cabo Verde, José Maria Neves, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi.
Desde hace algo más de dos décadas, concretamente desde la celebración del Foro de Sao Paulo en 1990, se está dirimiendo en Latinoamérica una permanente confrontación entre el llamado socialismo del siglo XXI -que no es otra cosa que el viejo comunismo mal maquillado y peor disfrazado- y el liberalismo democrático.
Durante este tiempo, con la dictadura castrista como indiscutible faro ideológico y la dictadura chavista como incombustible sostén económico, el socialismo ha obtenido notables triunfos gracias a un discurso populista, tan absurdo como eficaz, basado en prometer a las clases trabajadoras llevarlas de la mano al paraíso perdido.
El problema viene después del triunfo electoral, ya que, a partir de ese fatídico momento, los líderes socialistas en el poder indefectiblemente proceden a la eliminación del Estado de Derecho, la colonización de las instituciones del Estado, la destrucción del tejido productivo y, en definitiva, a la degradación de la democracia.
Subsidiariamente el pueblo ve como progresivamente le roban la libertad, la prosperidad y, finalmente, la esperanza en un futuro mejor, comprobando de esta forma como el paraíso prometido en realidad es un verdadero infierno.
Fatalidades del destino, resulta que el pasado fin de semana hemos visto como en suelo español se escenificaba la lucha entre la libertad y el autoritarismo, lo cual viene a representar en el ámbito político la eterna lucha entre el bien y el mal.
Así, mientras en la Real Casa de Correos Isabel Díaz Ayuso otorgaba la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid a la líder opositora al chavismo y Premio Nobel de la Paz, Mª Corina Machado, resulta que en Barcelona, bajo los auspicios de un personaje profundamente diabólico como es José Luis Rodríguez Zapatero, se celebraba un foro que reunía a Pedro Sánchez con lo más florido del socialismo latinoamericano en el momento actual, esto es, Lula da Silva, Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum.
Para juzgar quien entre tan diferentes políticos representa al bien y quien al mal no solo basta una opinión que por ser de parte está cargada de subjetivismo, sino que resulta más convincente unas notas aclaratorias sobre la biografía de los personajes en cuestión, para así obtener una respuesta con visos de verosimilitud.
Comenzando por Lula da Silva, cuando este hombre sin estudios allá por 2002 llegó a la presidencia de Brasil debió pensar que como procedía de una familia humilde merecía enriquecerse aunque para ello fuera necesaria la comisión de delitos de guante blanco. De esta forma Lula da Silva entró a formar parte de una red de sobornos y desvío de dinero de la petrolera estatal Petrobras.
Tras descubrirse su escasa ejemplaridad como máximo mandatario de Brasil Lula da Silva fue condenado a 9 años y 6 meses de prisión por corrupción y lavado de dinero, si bien en 2021 el Supremo Tribunal Federal anuló la condena no porque fuera inocente de los delitos que se le achacaban, sino por la existencia de deficiencias procesales, lo cual no deja de tener su miga, ya que todo parece indicar que ser político de izquierdas te otorga patente de corso a uno y otro lado del Atlántico.
Por lo que respecta a Gustavo Petro tampoco parece ser trigo limpio ya que actualmente está siendo investigado por los fiscales de Manhattan y Brooklyn especializados en el narcotráfico internacional por sus presuntas relaciones con carteles colombianos de la droga.
Así, según agentes de la DEA, el presidente colombiano recibió cuantiosas donaciones de los narcos para financiar su campaña electoral en 2022, algo que podría explicar el hecho de que bajo su presidencia la producción de cocaína en Colombia se haya disparado hasta marcar un auténtico récord, lo cual en el país de Pablo Escobar constituye desde luego toda una proeza.
Finalmente, en relación a la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cabe decir que tras su brillantez intelectual y aparente candidez se esconde una mujer profundamente maquiavélica que no ha dudado en manifestar públicamente que “No se puede declarar la guerra a los narcotraficantes porque es contrario a la ley y además es fascismo”.
Dicha afirmación implica, en primer lugar, su apoyo a los narcotraficantes en contra de las personas decentes sometidas a la violencia de los carteles de la droga, en segundo lugar, un profundo desconocimiento de teoría política y, por último, un populismo barato que la lleva a utilizar significantes con connotaciones negativas cuyo significado ignora, con la insana intención de llevar a su redil a todos aquellos indocumentado a los que dirige su lamentable discurso.
A tenor de lo expuesto puede decirse que estos tres conspicuos representantes del socialismo latinoamericano han instaurado en sus respectivos países unos regímenes autoritarios y cleptocráticos, donde la corrupción campa a sus anchas, mientras gran parte de la población sufre la miseria y la violencia generadas por una políticas que llevan el nefasto sello del comunismo decimonónico.
No debe por tanto extrañar a nadie que estos tres indecentes personajes hayan decidido reunirse en Barcelona con un socialista de su misma calaña, como es Pedro Sánchez, el cual, impulsado por el profundo trastorno de la personalidad que padece, en tan solo siete años al frente del Gobierno de España ha logrado el hito de corromper a su familia, a su partido político y a la democracia española, todo lo cual ha motivado el beneplácito de todos aquellos políticos que en similares andanzas le han precedido, viéndose así colmada la desmedida egolatría de tan siniestro sujeto.
Como luminoso contrapunto a tan esperpéntica galería de gañanes apareció por Madrid Mª Corina Machado para recoger su merecido galardón y posteriormente dirigirse a los miles de venezolanos que abarrotaron la Puerta del Sol y las calles adyacentes para trasmitirla desde la profundidad de su espíritu errante su más sentido homenaje. No era para menos, ya que desde que en la juventud entró en política Mª Corina Machado no ha hecho otra cosa que luchar contra el chavismo para liberar al pueblo venezolano de la brutal represión llevada a cabo primeramente por un gorila llamado Hugo Chávez y tras su muerte por un orangután de nombre Nicolás Maduro.
Dotada de una inteligencia, una honestidad y un valor fuera de lo común, Mª Corina Machado no solo fue capaz de vencer a la narcodictadura chavista en las elecciones de 2024 posteriormente usurpadas por el oficialismo, sino que sobre todo tuvo la fuerza de espíritu necesaria para devolver la esperanza y el orgullo a un pueblo como el venezolano que hacía tiempo había aceptado como inevitable un destino fatal.
No es por tanto casualidad que en Madrid se unieran fraternalmente dos iconos de la libertad como son Mª Corina Machado e Isabel Díaz Ayuso, las cuales, mediante un cálido abrazo, sellaron ante el mundo entero un pacto de sangre consistente en luchar sin desmayo contra las fuerzas del mal que anidan en las entrañas del socialcomunismo. Gloriam pro libertate.