El “Muro” como símbolo emblemático de la izquierda

Muro de Berlín
Corría el año 1946 cuando Winston Churchill en uno de sus grandes discursos utilizó el término “Telón de acero” para describir cómo después de la II Guerra Mundial, Europa había quedado dividida ideológica, política y militarmente en dos grandes bloques, esto es, el bloque soviético, liderado por la Unión Soviética, y el bloque occidental, comandado por los Estados Unidos.
La metáfora cuajó y quedó asentada en el imaginario colectivo debido a que representaba gráficamente la existencia de una frontera virtual entre los países comunistas y las democracias liberales. Curiosamente años después, concretamente en 1961, el muro imaginario se convirtió en Berlín en un muro físico que separaba la Alemania occidental de la Alemania prosoviética. Con este muro las autoridades de la RDA pretendían defender la dictadura del proletariado (que en realidad era la dictadura del Partido Comunista) y el control por parte del Estado de los medios de producción, elementos ambos que constituían la base sobre la que desarrollar el paraíso comunista.
Sin embargo, la propia construcción del muro para impedir la libre circulación de personas venía a demostrar a las claras que el pretendido paraíso comunista era en realidad un enorme y siniestro campo de concentración del que los alemanes bajo el protectorado soviético pretendían escapar. En definitiva, el Muro, tanto imaginario como físico, vino a representar uno de los símbolos emblemáticos de la izquierda a lo largo del siglo XX.
El Muro de Berlín afortunadamente fue destruido en 1989, dando lugar al principio del fin de la llamada “Guerra Fría” entre los países comunistas y las democracias occidentales, consumándose dicho proceso en 1991 con la descomposición de la Unión Soviética.
Opinión
La Conquista de América es la mayor proeza llevada a cabo por la humanidad
Rafael García Alonso
El Foro de Sao Paulo y el Socialismo del Siglo XXI
Como respuesta a la caída del Muro de Berlín y con la intención de coordinar los esfuerzos contra el neoliberalismo los líderes del comunismo latinoamericano Fidel Castro y Lula da Silva fundaron en 1990 el Foro de Sao Paulo, el cual habría de liderar el llamado socialismo del siglo XXI.
En este caso, los países que sucumbieron a los cantos de sirena del nuevo proyecto socialista -básicamente consistente en el desarrollo de una democracia iliberal en la que la disidencia era perseguida y la ciudadanía carecía de derechos y libertades- vieron como el Muro era sustituido por Centros de detención, tortura y asesinato. Entre estos Centros Penitenciarios, donde los presos políticos a duras penas sobreviven, cabe destacar El Helicoide y El Rodeo 1 en Caracas y el Combinado del Este y Villa Marista en La Habana, constituyendo todos ellos el nuevo símbolo arquitectónico de los regímenes socialcomunistas.
De esta forma el socialismo del siglo XXI dio lugar a las sociedades disciplinarias que Michael Foucault describió como sistemas modernos donde el poder no solo reprime a la ciudadanía, sino que, a su vez, mediante el adoctrinamiento y la continua vigilancia social produce individuos dóciles y, en consecuencia, sometidos a las exigencias del poder, mientras la pobreza se va extendiendo hasta alcanzar a la mayor parte de la población.
El Muro Ideológico de Pedro Sánchez
Ya en el ámbito nacional, cuando Pedro Sánchez llegó al poder en junio de 2018 recuperó el Muro ideológico como elemento representativo de su forma de hacer política. Así, este psicópata especializado en el arte del trile manifestó su firme determinación de encerrar tras un muro a todos aquellos que se atrevieran posicionarse contra sus inequívocas ambiciones de poder y privilegios.
Para sentar las bases de dicho muro P. Sánchez recurrió al manido recurso de calificar como ultraderechistas tanto a los partidos opositores como a sus más de 10 millones de votantes, pretendiendo con ello volver a dividir a la sociedad española en dos bloques enfrentados e incapaces de alcanzar el más mínimo acuerdo a través del diálogo y la tolerancia.
Buena prueba de ello fue la promulgación de una ley como la Ley de Memoria Democrática absolutamente falsaria, profundamente sectario y decididamente liberticida, mediante la cual se ha pretendido criminalizar a la derecha y beatificar a la izquierda a través de un relato maniqueo de la II República que obvia, por citar alguno de los acontecimientos más reseñables, el asesinato de curas, monjas y lideres políticos conservadores y liberales, el Golpe de Estado de 1934 y el fraude en las elecciones de 1936, hechos todos ellos protagonizados por socialistas, comunistas y anarquistas.
Polarización, Hipocresía e ideología
A su vez, apostando decididamente por la polarización y el enfrentamiento social, P. Sánchez continuó construyendo su muro ideológico mediante planteamientos e iniciativas que en unos casos rezuman hipocresía y en otros carecen de toda racionalidad.
En consonancia con este planteamiento, en primer lugar nos encontramos con una de las formulaciones favoritas de la izquierda, la cual básicamente consiste en un supuesto apoyo a los más vulnerables a través de la redistribución de la riqueza. Sin embargo, los hechos muestran una realidad bien distinta a la dibujada por las promesas de socialistas y comunistas.
Así, mientras la esposa y el hermano de P. Sánchez, así como numerosos e ilustres miembros del partido socialista no hacen otra cosa que ver crecer su patrimonio mediante actividades presuntamente fraudulentas, resulta que actualmente hay en España entre 12 y 13 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, lo cual viene a poner de manifiesto que para los socialistas una cosa es predicar y otra bien distinta es dar trigo.
A su vez, bajo el manto del feminismo radical nos encontramos con la defensa a ultranza de la llamada ideología de género, según la cual el sexo no está determinado biológicamente, sino que es un constructo cultural, de tal forma que toda persona tiene derecho a definir su identidad sexual con independencia de su genética, morfología y fisiología.
El problema adquiere dimensiones estratosféricas cuando tan antinatural y anticientífico enfoque adquiere rango de ley, de tal forma que los jóvenes a partir de los 14 años pueden comenzar el cambio de sexo sin necesidad de aprobación por parte de los progenitores ni realización de un examen psicológico previo.
Como no podía ser de otra forma, el transgenerismo así planteado ha traído consigo múltiples consecuencias negativas, entre las que cabe destacar una tasa de intentos autolíticos y trastornos mentales muy superior al de la población general.
Fanatismo Climático e hipocresía en política exterior
Otra de las banderas de la izquierda es el fanatismo climático, y digo fanatismo porque una cosa es cuidar el planeta y otra poner en práctica unas políticas que conllevan el peligro de extinción de la agricultura y la ganadería en territorio español, sobre todo teniendo en cuenta que España tan solo produce el 0,4% de los gases de efecto invernadero del mundo.
Si tal dato no resulta suficientemente relevante para darse cuenta de que el pretendido ecologismo de P. Sánchez es tan solo una de las cortinas de humo que habitualmente fabrica para ocultar su nefasta acción de gobierno, tan solo es necesario comprobar como nuestro lamentable presidente ha utilizado el Falcón muchas más veces que cualquier otro presidente español, con la consiguiente emisión de grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, lo cual viene a demostrar su absoluta falta de preocupación por el medio ambiente.
Pero donde se ve la enorme hipocresía que adorna a P. Sánchez es en su cacareado “no a la guerra”, ya que este eslogan es esencialmente retórico, populista, electoralista y, además, va en contra de los intereses del pueblo español. Es retórico porque a nadie mínimamente analítico se le puede escapar el que la finalización la guerra no depende de ninguna manera de la voluntad del Gobierno español, ya que ello pasa fundamentalmente por las ganas que tengan los países en conflicto de alcanzar un acuerdo que sea beneficioso de alguna manera para ambas partes.
Es populista porque plantea una solución muy simple, el fin de la guerra, a un conflicto de dimensiones tan enormes que solo es posible hallar una solución mediante un abordaje multifactorial sumamente complejo, ya que de otra forma el problema se ha de mantener de forma más o menos cruenta.
Es electoralista porque los Estados Unidos en general, debido a su carácter imperialista, y Donald Trump en particular, debido a su falta de buenos modales y sus tics autoritarios, son rechazados por amplias capas de la sociedad española, de tal forma que es el aprovechamiento interesado de este rechazo y no el deseo de que las partes contendientes encuentren el camino hacia la paz lo que mueve a un presidente que, impulsado por su patológica ambición de poder, tan solo pretende obtener un rédito electoral.
Y, finalmente, va en contra de los intereses de los españoles porque situarse de forma harto notoria como firme aliado de la dictadura teocrática iraní solo puede traer males futuros para la nación española, dado que evidentemente los Estados Unidos van a ganar la guerra y posteriormente habrán de pasar la correspondiente factura a todos aquellos países que se hayan posicionado abiertamente en su contra, sin apostar por la finalización del conflicto al menos desde la equidistancia, tal y como están haciendo la gran mayoría de las naciones del mundo.
Falta de Estrategia
Decía el matemático y ajedrecista neerlandés Max Euwe que “La estrategia requiere inteligencia, la táctica observación”, pues bien, todo parece indicar que P. Sánchez carece a partes iguales de inteligencia y capacidad de observación, ya que el muro ideológico que con tanta falta de escrúpulos ha levantado es a ojos de una gran mayoría de españoles una estructura tan endeble como deplorable.