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Benjamín López

Benjamín López

EnfoquES del director

Lo más gordo de Begoña Gómez está por salir: lo que sabemos hasta ahora es “peccata minuta”

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Ketty Garat lo soltó sin anestesia en una entrevista que ya circula como la pólvora: “Lo que se conoce hasta ahora de Begoña Gómez es peccata minuta”. La periodista, que no es precisamente una tertuliana de saldo, dejó caer la bomba con la calma de quien sabe que el verdadero escándalo aún no ha explotado. Y tiene razón. Lo que ya sabemos es grave, pero es solo el aperitivo.

El juez Juan Carlos Peinado ha procesado a la mujer del presidente del Gobierno por cuatro delitos que irán a jurado popular: tráfico de influencias, malversación, corrupción en los negocios y apropiación indebida. Cuatro tipos penales que, juntos, dibujan un patrón de utilización del cargo y del dinero público para beneficio propio y de su entorno. No es un “error administrativo”. Es corrupción en estado puro.

Pero en el Supremo, Víctor de Aldama abrió un melón aún más jugoso. El comisionista de la trama Koldo declaró que le obligaron a retirar una oferta de 250 millones de euros por el complejo Campo de Velázquez, propiedad de la SEPI, porque “Begoña Gómez lo quería para ella”. Para hacer negocios con el Instituto de Empresa, donde ella misma trabaja. Koldo García se lo transmitió directamente: quita la oferta, que esto es para la señora del presidente. Así de sencillo. Así de descarado.

Begoña Gómez está acorralada. Y cuando una primera dama cae en desgracia, arrastra inevitablemente a su marido. Pedro Sánchez ya no puede fingir que esto no va con él. Su mujer no es una ciudadana más: es la persona que más influencia ejerce sobre el hombre que dirige el país. Cada nuevo detalle que sale —y Ketty Garat asegura que lo más gordo está por llegar— no solo salpica a Moncloa. La salpica de lleno.

Lo que hoy parece “peccata minuta” mañana puede ser el detonante que haga saltar por los aires la ficción de un Gobierno decente. Porque si Begoña Gómez ha utilizado la SEPI como si fuera su hucha particular, ¿qué más habrá hecho con el resto del Estado? La pregunta ya no es si hay más. La pregunta es cuánto más y hasta dónde llega.

Y Sánchez, mientras tanto, sigue en La Moncloa. Como si nada. Como si no fuera con él. Pero va. Y mucho.

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