Cuenta atrás del castrismo

Fidel Castro
Hay momentos en política en que las circunstancias simplemente convergen. Lo que está ocurriendo frente a las costas de Cuba ya lo vimos hace unos meses en Venezuela. No parece ser el enésimo arrebato de Donald Trump, sino un paso más dentro de la estrategia metódica y racional desde la óptica de los intereses de Estados Unidos. ‘America First’, pero América en el sentido más amplio de la región, no solo Estados Unidos.
Trump no ha podido ser más contundente en las últimas horas. “Estaremos tomando Cuba de inmediato”, ha asegurado mientras que afirmó que también enviará el portaaviones Abraham Lincoln cuando se aclare el panorama en Irán. Para entender mejor en dónde estamos, conviene repasar con exactitud los movimientos de los últimos meses.
El 29 de enero de 2026, ya con Maduro en una cárcel de Nueva York, Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, que declaraba al régimen cubano una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Esa Orden es la base jurídica: el barniz para lo que pueda venir: desde sanciones económicas a cualquier acción que podamos imaginar.
En paralelo, la administración estadounidense ha acumulado más de 240 sanciones contra la isla, bloqueado el suministro de petróleo, y conseguido que México, el último proveedor significativo que les quedaba tras la captura de Maduro, haya dejado de enviar crudo a La Habana.
Caída en picado
El PIB cubano ha caído un 23% desde 2019. Las proyecciones para 2026 apuntan a una contracción adicional del 7,2%. El 80% de los cubanos considera que la situación actual es peor que el Período Especial de los noventa. Hay apagones de hasta 24 horas diarias en algunas zonas de la isla. Vivir en estas circunstancias de asfixia sistemática es cada vez más complejo.
Seguimos con la sucesión de acontecimientos. El pasado 10 de abril, un avión del gobierno estadounidense aterrizó en La Habana por primera vez desde hacía diez años. Una delegación al más alto nivel se sentó con autoridades cubanas y les dijo con toda claridad lo que ya saben: que la economía de la isla está en quiebra hace años, y que tienen una estrecha ventana para hacer reformas antes de que las circunstancias empeoren de manera irreversible.
Ese mismo día, Washington puso sobre la mesa un ultimátum concreto: dos semanas para liberar presos políticos de alto perfil, entre ellos Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo. La semana pasada, el gobierno cubano negó el recurso para la liberación de estos. El plazo vence hoy, lunes 4 de mayo. El régimen hasta ahora no ha cumplido con los presos. El régimen rara vez cumple. Y ese fracaso diplomático es gasolina para Trump. La justificación para dar el siguiente paso.
Marco Rubio es el principal protagonista de este proceso, tan preciso como implacable, y ha acusado abiertamente al castrismo de colaborar con actores hostiles a Estados Unidos. Esto no es un detalle menor. Legitima cualquier acción bajo el paraguas de la seguridad nacional.
El 28 de abril en entrevista con Fox News afirmó que solo hay dos cosas que pueden pasar en Cuba: una, el colapso total; dos: reformas económicas rigurosas, que La Habana es incapaz de ejecutar. Es decir, le están cerrando la salida al presidente Díaz-Canel.
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Operativo militar
Otro paso más: la semana pasada, el ejército norteamericano activó la maniobra militar Flex 2026 a noventa millas de las costas de Cuba. No es una maniobra corriente.
El operativo integra inteligencia artificial, sistemas de drones no tripulados, el envío del buque litoral USS Wichita, aviones espías, de vigilancia antisubmarina y otras aeronaves para coordinar, en tiempo real, posibles operaciones aire-mar. Es un despliegue militar en toda regla, el mayor en el entorno cubano desde la Crisis de los Misiles de 1962.
Más allá de la retórica sobre presos políticos y el colapso humanitario, Washington ha decidido que el ‘statu quo’ de Cuba es inaceptable. Esta decisión se debe a la colaboración de Cuba con China y Rusia. China ha convertido la isla en una plataforma de vigilancia a un paso de Florida. Rusia, por su parte, bajo el argumento del humanitarismo, sigue enviando petróleo en buques sancionados.
En marzo llegó uno, y en este momento va otro en camino por aguas del océano Atlántico. La Habana, como pago del favor, ha enviado entre 5.000 y 20.000 soldados a Moscú para su guerra en Ucrania.
¿Qué puede pasar en los próximos días y semanas? Permítanme ser directo, que es lo que exige el momento. Nadie lo sabe, menos aún con Trump, que no deja de sorprendernos. Pero aquí viene otra pieza clave en este rompecabezas que nos puede dar alguna pista: el tema legal.
El Senado de Estados Unidos bloqueó la semana pasada, más concretamente el 29 de abril, con 51 votos contra 47, la resolución demócrata que pretendía limitar la capacidad del presidente para ordenar operaciones militares contra Cuba sin autorización del Congreso. Es decir, Trump tiene vía libre si lo considera.
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Varios frentes
Lo más probable, en el corto plazo, es que la presión sobre Cuba se intensifique en tres frentes simultáneos: primero, el energético: si el petrolero ruso es interceptado o disuadido, la crisis energética en la isla alcanzará niveles que el régimen no podrá gestionar socialmente.
Los apagones de 24 horas son ya socialmente insostenibles. Un colapso energético total sería un escenario de levantamiento popular que el gobierno cubano empieza a asumir y teme, porque, en el fondo, saben que el tío Sam está detrás mirando con lupa cualquier posible desmán de fuerza para darle un motivo de intervenir militarmente.
Segundo frente: el judicial. El Departamento de Justicia ha anunciado una investigación amplia y específica contra líderes del gobierno cubano a los que les imputa cargos que incluyen tráfico de drogas, inmigración ilegal, crímenes económicos y violencia. Este es el mismo camino que se siguió para capturar a Maduro.
Y el tercer frente: el diplomático. El aislamiento de Cuba se está completando de una manera metódica.
La pérdida del suministro venezolano, la presión sobre México, las amenazas arancelarias a terceros países que abastezcan a la isla, la designación como Estado patrocinador del terrorismo reimplantada por Trump en 2025… todo apunta a un bloqueo, esta vez sí, real, difícil de soportar. Cuando ese cerco esté completamente cerrado, el castrismo no tendrá palanca de negociación que ofrecer. Ni papá extranjero a quien recurrir.
Ahora bien, la gran pregunta ¿qué puede pasar en los próximos días o semanas? Veo tres posibles escenarios.
- Escenario 1: Colapso interno acelerado. Sería el escenario ideal para Washington. No requiere intervención directa. La lógica es sencilla: si la presión económica alcanza un punto crítico, el sistema colapsa desde dentro.
Algo parecido a lo que le pasó a Unión Soviética en los años 90, que cayó por agotamiento estructural. Hay un matiz importante en este caso: el gobierno cubano ha demostrado una capacidad de resistencia extraordinaria durante más de seis décadas de comunismo. Siempre han sufrido severas carencias materiales y no les ha importado. Sería un error subestimar su capacidad de control interno.
- Escenario 2: Intervención indirecta. No necesariamente tiene que ser una invasión militar, más bien, operaciones puntuales: bloqueo naval, apoyo a oposición interna, operaciones encubiertas, o presión militar sin ocupación. El precedente de Venezuela: Estados Unidos ya ha demostrado disposición a actuar en la región. El despliegue militar en el Caribe en los últimos meses sugiere que esta opción es altamente probable.
- Escenario 3: Transición negociada. El endurecimiento progresivo de las medidas de presión puede abrir la puerta a una negociación, a que Díaz-Canel y sus secuaces negocien una salida con el objetivo de no verse como Maduro. Ya hay indicios de contactos indirectos y liberación de algunos presos políticos. Este escenario es aceptable si implica una transición real hacia una democracia y un libre mercado. El riesgo es que los tiranos ganen tiempo, se reconfiguren, y tengan la tentación de seguir bajo otra apariencia.
Firmes, pero con calma
Ninguno de estos escenarios se espera que sea inminente en cuestión de días. Pero sí es posible en semanas. Improbable que la situación se extienda a 2027 si la presión sigue en los mismos términos. Y nada indica que Trump y Marco Rubio tengan intención de ceder.
Los regímenes totalitarios no caen cuando la presión es máxima, caen cuando las élites que los sostienen deciden que el coste de seguir sujetando el sistema es mayor que abandonarlo. El punto de inflexión podría estar mucho más cerca de lo que La Habana quiere admitir.
Cuba merece libertad. Sus ciudadanos, que llevan décadas huyendo en balsas, que llenan las cárceles del castrismo por escribir una letra de una canción, o por pintar un cuadro, que viven malnutridos y con apagones, merecen algo mejor que 67 años de una vergonzante revolución que solo ha producido miseria, represión y el éxodo masivo.
El gobierno de La Habana está en su momento más débil en décadas y Estados Unidos parece decidido a forzar un desenlace pronto. La pregunta no es si habrá cambio, sino cómo se hará, y a qué coste. El poscastrismo puede ser doloroso en su transición, pero difícilmente puede ser peor que su mundo actual.
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