la mirilla
Juanma Moreno con su victoria inevitable debajo del brazo

El presidente de la Junta y candidato del PP-A a la reelección, Juanma Moreno, en un acto público en Granada.
Durante décadas parecía imposible. Andalucía fue el gran muro electoral del PSOE. Su reserva emocional. El territorio más seguro. Allí donde el socialismo siempre encontraba refugio. Con Juanma Moreno, eso se ha terminado.
El Partido Popular roza la mayoría absoluta mientras el PSOE se acerca a su peor resultado histórico. Y eso ya no es una mala noche electoral. Es mucho más. Porque consolida un cambio profundo.
Juanma Moreno no va a ganar desde la trinchera. Él no construye su liderazgo desde el grito. Lo hace ocupando el espacio de la normalidad, la moderación y la gestión. Ahí está la clave.
Mientras el sanchismo insiste en la polarización, Moreno amplía. Cuando unos gritan, él gobierna. Y, según los sondeos, Andalucía le responde.
No solo con votos. También con confianza. Lo que explica por qué el PSOE se desploma incluso movilizando todo su aparato político y mediático. Pero, el problema del sanchismo no son las campañas. Son su desgaste. La distancia creciente entre el discurso oficial y la vida real.
La candidata socialista, María Jesús Montero, habla como si nunca hubiera estado en el Gobierno. Como si no hubiera defendido decisiones, como la financiación de Cataluña, tan difíciles de explicar en Andalucía. Como si bastara con repetir consignas para borrar la memoria. Pero la memoria pesa.
Y las urnas también. Por eso lo que ocurra el próximo domingo tiene lectura nacional. Porque cuando un partido pierde incluso en el lugar donde parecía invencible… empieza a perder algo más importante que unas elecciones. Se pone en marcha la teoría de la inevitabilidad. Es decir, el cambio de ciclo político que llega haga lo que se haga desde La Moncloa.
A.M. BEAUMONT