Zapaterazo

Jose Luis Rodriguez Zapatero, en 2017
Cada día que pasa el “Zapaterazo” que sacude a la izquierda española es mayor. Zapatero, el “referente moral” de la izquierda plurinacional, ahora necesita abogado no solo para defenderse ante la Audiencia Nacional, sino también para recomponer su imagen de padre “ético” de las izquierdas españolas. Tanto ha sido el estupor de Rufián, Ione Belarra y de los distintos líderes de las tribus izquierdistas, que Zapatero se han quedado sin que se inmole por él, tras la lectura sosegada del auto de 85 folios del juez Calama.
Sánchez está a media hora de decir que Zapatero para él siempre ha sido un extraño, el coro de ministros y ministras se han limitado a llorar como plañideras lamentándose tras el error inicial de achacar los males de Zapatero a la “fachosfera”. No obstante, el único que ha hecho algún movimiento, fruto de su odio a los jueces, ha sido Bolaños que ha cesado a la juez española que era el enlace con la Justicia francesa y Suiza imputándole “pérdida de confianza”. Frase que traducida al español castizo significa “te echo a la calle porque no nos has avisado de que se investigaba a nuestro Zapatero”.
La izquierda española tiene una habilidad casi artística para crear sus propios mitos. Pero lo de José Luis Rodríguez Zapatero supera cualquier otro caso, ya que era el “faro” tanto de la izquierda socialista, como de la comunista y de la independentista, era el patriarca de la casa común de la izquierda, al nivel del Ché Guevara, ya que todos estos izquierdistas de pancarta y moqueta tenían, seguramente, el poster con sus “cejas” en la habitación, como el poster del Ché, con su boina estrellada, estaba en la casa de toda la izquierda de mayo del 68.
Pero la realidad derriba mitos y el expresidente “faro de la izquierda”, que durante años fue presentado como la brújula ética de la izquierda, se encuentra ahora investigado en la Audiencia Nacional por presunto blanqueo de capitales, organización criminal y tráfico de influencias.
La ironía es tan gruesa que podría cortarse con un cuchillo. El mismo líder que presumía de haber gobernado “sin un solo escándalo” aparece ahora rodeado de transferencias sospechosas, comisiones generosas y amistades que, más que amistades, parecen vehículos financieros con nombre y apellidos.
El derrumbe del mito progresista, afectando incluso a su mujer y a sus hijas, además de su fiel secretaria “Gertru”, es decir a todo su clan, más o menos como le ocurrió a otro mito de la política como era Jordi Pujol, que más que una familia conformaba una sociedad mercantil.
Zapatero fue elevado durante años a la categoría de “patrimonio moral” de la izquierda. Un referente. Un símbolo. Un ejemplo. Hoy, ese símbolo está citado ante un juez para explicar cómo millones de euros terminaron en cuentas vinculadas a él y a su entorno. La caída no es solo sonora: es pedagógica. Porque cuando el discurso moral se convierte en arma política, la realidad suele devolver el golpe con más fuerza. Y la realidad es que el padrino del sanchismo, el que creó el muro y el enfrentamiento entre bandos, está bajo la lupa de la Audiencia Nacional.
No hablamos de un expresidente retirado en silencio. Zapatero es negociador del Gobierno, asesor omnipresente, embajador oficioso ante regímenes poco compatibles con la libertad y figura estelar en cada campaña del PSOE. Su imputación no es un episodio aislado: es un eslabón más en una cadena que ya incluye a Ábalos, Koldo, Cerdán, Salazar, Armengol, Torre, Leire, Pardo de Vera y otros nombres que han ido desfilando por juzgados y titulares.
Quizá lo más llamativo no sea la imputación, sino la caída del “mito”, la caída de la “ceja” creada por periodistas, actores, cantantes, cómicos e incluso de los autodenominados “intelectuales”, que salían dando lecciones de superioridad moral haciendo el gesto de señalar la ceja con la curvatura de sus dedos, dedos que a continuación señalaban a la derecha diciendo soy mejor que tú porque sigo al “defensor de los derechos”, al “referente moral”, al “líder espiritual” y “contador de nubes”.
Pero ahora los Bardem, los Gabilondo, Ana Belén y sus amigos, entre otros, callan creando un silencio espeso, casi táctico. Quienes convirtieron la ética como patrimonio exclusivo de la izquierda, ven como les vuelve el “boomerang” y no saben que decir. Los mismos que exigían dimisiones exprés por sospechas mínimas ahora piden “prudencia”.
Por eso la investigación por corrupción de Zapatero no es un capítulo más: es un síntoma. Un síntoma de una forma de gobernar donde la frontera entre lo público y lo privado se ha vuelto borrosa, donde, según vamos conociendo en distintas instrucciones judiciales, los rescates millonarios acaban beneficiando a amigos de la casa y donde la moral se usa como pancarta y no como compromiso, y donde la acción del gobierno se une a la explotación de mujeres, al robo de los alimentos de los niños de Venezuela, a la creación de sociedades opacas para blanquear dinero de bandas internacionales, e incluso a la lucha de clanes mafiosos para quedarse el pedazo más grande de la tarta, como ha insinuado el propio Ábalos.
La izquierda, tanto nacional como plurinacional, se ha quedado sin “referente moral”, se ha quedado sin su proyecto político de superioridad moral que lleva años creando, se ha quedado sin Zapatero víctima de un “Zapaterazo”.