editorial
Sánchez, acorralado, se agarra al poder con la certeza de que sus socios no apoyarán una moción de censura
Esa seguridad no nace de la lealtad institucional, sino del interés mutuo. Los partidos independentistas que mantienen en pie su Gobierno no quieren que caiga. Para ellos, cuanto peor le vaya a España, mejor

La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró Soler, durante una reunión en la sede federal del partido
Los casos de corrupción que salpican al entorno de Pedro Sánchez y al propio PSOE han dejado al presidente más acorralado que nunca. Su situación en Moncloa es objetivamente insostenible. Sin embargo, no se atisba una salida que le obligue a abandonar el poder. Sánchez se aferra al cargo con la tranquilidad que le proporciona una certeza: sus socios separatistas no apoyarán una moción de censura.
Esa seguridad no nace de la lealtad institucional, sino del interés mutuo. Los partidos independentistas que mantienen en pie su Gobierno -ERC, Junts, Bildu y sus satélites- no quieren que Sánchez caiga. Para ellos, cuanto peor le vaya a España, mejor. Su objetivo no es la gobernabilidad ni el interés general, sino aprovechar cualquier debilidad del Estado para avanzar en sus proyectos de ruptura. Un Ejecutivo débil, dependiente y tocado por la corrupción les resulta más útil que unas elecciones que podrían alterar el equilibrio de fuerzas. Son, sin eufemismos, enemigos de España, y actúan en consecuencia.
Sánchez llegó al poder sin escrúpulos democráticos y sin respeto a la verdad. Pactó con quienes niegan la Constitución, mintió sobre sus intenciones y utilizó todos los resortes del Estado para blindarse. Esa misma falta de principios que le sirvió para alcanzar la presidencia le sirve ahora para parapetarse. Sabe que sus socios no le abandonarán mientras les siga siendo rentable.
Alberto Núñez Feijóo hace bien en presionarlos. Si, como ellos mismos repiten, la legislatura está agotada y Sánchez se niega a disolver las Cortes, no tienen excusa válida para rechazar una moción de censura instrumental. Esa iniciativa no busca imponer un Gobierno de PP y Vox. Su único propósito es desalojar a un presidente corrupto para que sean los españoles quienes decidan en las urnas. Devolver la palabra al pueblo no es un golpe, es la única salida democrática cuando un líder se niega a asumir que ha perdido la legitimidad.
Sánchez lo sabe. Por eso se agarra. Y por eso sus socios le sostienen.