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Eduardo Martínez Rico

Arturo Pérez-Reverte, biografía lectora

El escritor Arturo Pérez-Reverte.

El escritor Arturo Pérez-Reverte.Eduardo Briones / Europa Press

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¡Arturo, cuánto has leído, cuánto has vivido! Estos días me he entretenido en leer, o releer, todos o casi todos los prólogos que has escrito para la colección de clásicos de aventuras de Zenda-Edhasa, espléndida colección, cuyos títulos ya de por sí señalan una biografía lectora tuya, llena de vida, por cierto, también de diversión.

Con todos estos prólogos se podría hacer un solo documento señalando esa biografía lectora, y no me extrañaría que en el futuro tú u otro, un editor, por ejemplo, los uniera, los prólogos, para hacer un libro, al igual que en su día Mario Vargas Llosa lo hizo similar en La verdad de las mentiras, que a mí me gusta mucho.

En tu caso es el relato de tus primeras lecturas, o de tus primeras lecturas esenciales. En estos prólogos sueles decir que has leído estos libros con 9 o 10 años, más bien 9 años, quizá once o doce, por primera vez.

De ahí no suele pasar, aunque se adivinan muchas otras lecturas posteriores de los mismos libros, fundacionales. Son los libros que han construido las bases de tu personalidad. Porque después vinieron más, muchos más, con los que aprendiste muchísimo, con los que te formaste también, pero los primeros constructores de tu alma, y quizá de tu pluma, fueron éstos que tan generosamente ofrece a los lectores Zenda-Edhasa.

Me acuerdo que en 3º de BUP, es decir, cuando tenía unos 16 años, en el Colegio San Pablo CEU de Montepríncipe, había un curioso y magnífico profesor de literatura llamado Víctor Ruiz. Este profesor nos mandaba hacer unos trabajos muy exhaustivos de las obras literarias que teníamos que leer, obras que seguro que a ti también te hubiera gustado estudiar en aquel curso: El libro de Buen Amor, Crimen y castigo, La Regenta y el Quijote. Creo que eran éstas, ninguna más, pero es posible que me deje alguna.

Pues bien, el profesor, Víctor, nos ofrecía la estructura de los trabajos, con jugosos apartados, como “el tema”, “el resumen”, “la estructura”, “la valoración personal”… pero a mí el apartado que más me gustaba se llamaba “biografía lectora”, por lo original, distinto. En él había que contar nuestras experiencias de lectores de esas obras que estudiábamos, que leíamos, fundamentalmente, porque todo mi estudio, la clave, residía en la lectura cuidadosa de los libros –a menudo apasionada- y la reflexión que me suscitaban.

Todo esto, querido Arturo, era muy parecido a lo que tú haces en tus prólogos, según mi entender, según mi leer.

En la “Biografía lectora” contábamos, o contaba, lo que nos ocurría en nuestra vida “real” mientras leíamos los libros, y lo que sentíamos al leerlos, lo que su lectura nos provocaba. Que no era poco, teniendo en cuenta el calibre de las obras estudiadas, por ejemplo el Quijote, por ejemplo, La Regenta, o Crimen y castigo, que desde entones quiero releer y que tal vez sea éste un buen momento para hacerlo.

Con razón mi profesor llamaba a aquel curso “experimental”, o a nosotros “Grupo experimental”, acaso por la ambición que todo esto conllevaba, una ambición que conforme me hago mayor me parece cada vez más grande.

Arturo, yo sé que a ti te preocupa el tema didáctico. Sé, por ejemplo, que tu Alatriste nació como un trabajo de clase con tu hija Carlota. O un trabajo en paralelo al colegio, digamos. Sé que te interesa el enseñar, el instruir deleitando como decían los clásicos, siempre dentro de tu oficio de escritor y de novelista.

Creo que en estos prólogos lo consigues, también por supuesto en los libros en cuestión, primorosamente seleccionados por ti y por la editorial Edhasa, junto con la editora María José Solano. Citaré algunos libros: El prisionero de Zenda, de Anthony Hope, Scaramouche, de Rafael Sabatini, Las cuatro plumas, de A.E.W. Mason, Capitanes intrépidos, de Rudyad Kipling, El jorobado de Notre Dame, de Víctor Hugo, o Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas.

Mis felicitaciones, Arturo, por tus lecturas, por tus esmeradas propuestas de lecturas, por estos textos en los que te entregas una vez más, y siempre, a los lectores.

Y felicitaciones a la revista Zenda y a la editorial Edhasa por su alianza y por esta magnífica colección que obliga a tenerla y a leerla, a disfrutarla y atesorarla, porque con ella muchos gozarán y se formarán como mejores personas, seguramente en el sentido más amplio, desde luego como mejores lectores.

Además, aprenderán muchas cosas, como las aprendiste tú antes de irte allá donde te llamaba el horizonte, no mucho tiempo después de leer la mayoría de estos libros, si no todos.

Finalmente, Arturo, de la lectura de estas obras, o de otras muy similares, nacerán nuevos escritores como lo hiciste tú en el pasado, autores que escribirán el futuro, como se pude decir que tú y otros están escribiendo nuestro presente, quizá lo mejor de él. Porque siempre necesitamos literatura, porque siempre tiene que estar renovándose el mundo y los grandes escritores.

Ellos lo cuentan, ellos lo explican, ellos lo trascienden. A menudo lo hacen más habitable, en ocasiones simplemente habitable. O más vibrante y divertido. Necesitamos libros para vivir mejor, ya digo, a veces simplemente para vivir.

Y de la buena lectura, de la “biografía lectora”, surge la buena escritura. Tú lo sabes muy bien, Arturo, que siempre dices que escribes “como lector”. Esta expresión es mucho más profunda de lo que parece. Acaso estos prólogos expliquen bastante esta declaración tuya. Escribes como lector porque antes de escritor te consideras lector; incluso dices que crees que podrías vivir sin escribir, pero no sin leer. Pero me parece que con esa expresión estás dando una buena pista de cómo trabajas, de cómo eliges los temas, de cómo escribes y corriges, en fin, de todo tu trabajo literario.

En estos prólogos se dan no pocas orientaciones de tus orígenes, el niño Arturo, el lector Arturo y la persona que va desplegando sus alas en el mundo, que empieza a vivir con cada vez más fuerza. Se dice aquí, pues, no poco de tu biografía y de tu ser como escritor, de tu formación como tal.

Conociendo al lector conocemos al escritor, conocemos al hombre, a la persona. Conociendo tu “biografía lectora”, pues, querido Arturo, conocemos mucho de ti, y probablemente tú de ti mismo también. Seguro que estos prólogos han sido para ti un interesante ejercicio, casi detectivesco –a ti que te interesa tanto el género-, de autoconocimiento.

Sospecho que te interesa mucho más el mundo y lo que hay en él, pero ya que tenías que escribir estos textos te habrás sentido sorprendido, y en mi opinión enriquecido.

En cualquier caso, gracias en nombre de tus lectores y en nombre, por qué no, de los mismos libros, de esos estupendos libros de Zenda-Edhasa, libros que en mi opinión nos hacen recuperar la fe en el género humano, a veces maltrecha, pues si éste ha dado a luz semejantes obras es porque dicho género merece ser tenido en cuenta. Las obras de estos escritores merecen ser respetadas y amadas, disfrutadas. Ellas siempre están abiertas, como un tesoro pleno de generosidad, para enseñarnos y deleitarnos, como aspiraban los mejores clásicos.

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