ESdiario

Cristina Narbona ya estuvo allí

(Foto de ARCHIVO)
La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, en el Congreso de los Diputados, a 10 de junio de 2026, en Madrid (España).

(Foto de ARCHIVO) La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, en el Congreso de los Diputados, a 10 de junio de 2026, en Madrid (España).Europa Press

Creado:

Actualizado:

Cuando apareció la primera noticia sobre la vinculación entre Leire Díez y Cristina Narbona, la presidente del PSOE despachó el asunto diciendo que “eso se lo pasó a Santos Cerdán”. Este proceder ya lo hemos visto: endilgar al caído en desgracia la trama de la cloaca del PSOE.

Cristina Narbona fue diputada por la provincia de Almería, y compartió tiempo y espacio con notables socialistas que se prodigaron por estas tierras. Alfonso Guerra, su hermano “El Patillas”, Julio Feo, Pepe Barrionuevo, Tomás Azorín… y hasta Felipe González se convirtieron en presciptores -ahora influencers- para que se estableciese la nueva generación socialista con Zapatero (Vera) y Pedro Sánchez (Mojácar). Pero la huella socialista tuvo una especial relevancia con Cristina Narbona en Carboneras, provocando inusitada resonancia internacional con el hotel El Algarrobico.

La construcción del citado hotel se llevó a cabo con total normalidad y a la luz de todos los que frecuentaban el paraje, incluida la exhaustiva vigilancia de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y el Seprona de la Guardia Civil. Ante la magnitud de la obra, fueron los grupos ecologistas locales Amigos del Parque (Parque Natural Cabo de Gata-Níjar) y Salvemos Mojácar los que interpusieron sendas denuncias; la primera de ellas en el proceso de movimiento de tierras y acopio de material (2003). 

No obstante, las denuncias nunca tuvieron mayor repercusión para el decurso de las obras ya que, presentada por la empresa Azata del Sol, contaba con toda la documentación municipal, autonómica y medioambiental en regla.

Una casualidad causó el detonante del infortunio para este hotel. Cristina Narbona, entonces ministra de Medio Ambiente con el gobierno de Zapatero, disfrutaba junto a su pareja Josep Borrell de un recorrido por el Parque Marítimo-Terrestre

La travesía para solaz de la ministra corrió a cargo de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía a bordo del AMA Siete. El cabotaje discurría con delectación para nuestra nereida, contemplando las playas y la rotundidad natural del paisaje hasta que… ¡horror! ¡Una construcción en plena playa de El Algarrobico!

Enseguida, Narbona se pone en contacto con la consejera de Medio Ambiente de la Junta de Andalucia. Fuensanta Coves recibe una orden tajante de la ministra: “Hacer todo lo posible para paralizar esa obra y proceder a su derribo”. Fuensanta le dice que como consejera está al tanto de la situación, que la obra ha alcanzado el 80% de su realización y que, no sólo tiene todos los papeles en regla, también ha recibido una subvención tramitada por la Junta de Andalucía y aportada por el Gobierno de España. Narbona insiste. Se prevale de su condición de ministra, pero no logra doblegar a Fuensanta. Es en ese momento cuando decide dar un paso definitivo.

Las denuncias de los grupos ecologistas locales, muy prolíficos en este tipo de acciones, no surten el efecto mediático deseado. Cristina Narbona aún mantiene en la retina la imagen de un edificio a medio terminar que, como cualquier edifico en construcción, no es agradable a la vista. No obstante, el proyecto una vez culminado contemplaba jardines colgantes y una adaptación arquitectónica a la orografía. Nada que ver con la descripción de una “mole de 14 plantas”. 

En definitiva, Cristina Narbona no repara en otras consideraciones y se apresta al ataque. No le valen las denuncias de esos grupos ecologistas, que se distinguen por protestar por una piedra que se mueva en el Parque; eso diluye entre tanta denuncia y no concentra la atención mediática. Es el momento de buscar una alternativa audaz, contundente y de relevancia internacional. ¡Eureka! La solución es llamar a Greenpeace.

Cristina Narbona advierte a Greenpeace de que “aquí hay tajo”. Efectivamente, una vez prospectado el terreno, el grupo ecologista se lanza a tope: ocupan la obra, despliegan pancartas, pintan en la fachada “ILEGAL”, organizan una vigilia y difunden por todos los medios disponibles sus iniciativas conducentes a la paralización definitiva y el derribo de las obras. Se abren canales en las redes sociales para firmas, comentarios y valoraciones. En fin, una buena movida.

Ahora sí, los medios locales, nacionales e internacionales se interesan por lo que Cristina Narbona tildó de “monstruosidad” y se propuso, por los medios que sea menester, acabar con el proyecto. Valga este proceder, de escasa homologación institucional, para entender buena parte de lo que está sucediendo actualmente. La “fontanería” y la máquina del fango no es una novedad cuando el PSOE se ha propuesto malparar iniciativas porque no gustaban a una ministra o, sencillamente, osaron no entrar en el carril por donde se condujeron intereses de la maraña socialista

Evidentemente, el ruido de El Algarrobico impelió hacia una minuciosa observación de la trazabilidad administrativa. El resultado fue el descubrimiento de una red de irregularidades administrativas, medioambientales y urbanísticas centradas ¡cómo no! En la Junta de Andalucía del PSOE. Esta circunstancia animó a la oposición a incidir sobre la corrupción en el seno de la Junta que, además, discurría paralelamente con el multimillonario escándalo de los ERE de Andalucía.

Y ahora hay que esperar a ver si Cristina Narbona se la endilga a Santos Cerdán o al que, en su día, pasase por allí.

tracking