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Lo que más temen Zapatero y Sánchez a punto de hacerse realidad: Julito quiere hacerse un Aldama

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Cuando alguien se enfrenta a un proceso judicial con una montaña de pruebas en su contra y un futuro penal que pinta negro zaino, solo hay una salida racional para mitigar el desastre: colaborar con la Justicia. Reconocer los delitos cometidos y delatar a cómplices, jefes o compañeros de fechorías. Víctor de Aldama lo demostró en el caso Koldo y abrió la caja de Pandora. Ahora, todo indica que Julio Martínez Martínez, conocido como Julito, el presunto testaferro de José Luis Rodríguez Zapatero, está dispuesto a recorrer el mismo camino.

El empresario alicantino, señalado por la UDEF como lugarteniente del expresidente en la trama de blanqueo vinculada al rescate de Plus Ultra, ha cambiado de abogado. Ha fichado a María Dolores Márquez de Prado, exfiscal de la Audiencia Nacional experta en pactos y con experiencia en causas de corrupción como Gürtel. El movimiento no es casual: se produce tras el levantamiento del sumario y ante la contundencia de los indicios acumulados. Mensajes, pagos por supuestas consultorías ficticias, joyas de lujo en la oficina de Zapatero, offshore en Dubái y conexiones con Venezuela. Pedro García Cuartango lo ha resumido con claridad: hay “serias posibilidades” de que Martínez colabore con el juez José Luis Calama.

Zapatero, en su declaración ante el magistrado, se ha desmarcado radicalmente de Julito: “actuó a mis espaldas”. Niega haber ordenado sociedades opacas, no recuerda almuerzos clave y minimiza una amistad que incluía correr juntos por El Pardo y operaciones millonarias. Pero la estrategia tiene un talón de Aquiles: si Julito “tira de la manta”, como parece explorar, el expresidente quedaría expuesto como líder en la sombra de una estructura de tráfico de influencias y blanqueo.

Y aquí radica el pánico en Moncloa. Zapatero no es un exlíder cualquiera: es el mentor, el consejero y el referente ideológico de Pedro Sánchez. Maestro y discípulo. Sánchez es Zapatero y Zapatero es Sánchez. Por eso el actual presidente defiende con uñas y dientes al expresidente, negando incluso la evidencia de joyas por 1,3 millones de euros o los indicios que el propio juez Calama no ha considerado despejados tras la comparecencia. Un pacto de Julito sería el ataúd procesal de Zapatero y un misil directo a la línea de flotación del sanchismo.

La historia reciente enseña que los “amigos” bajo presión judicial terminan priorizando su salvación. Aldama lo hizo. Julito, ante el abismo, parece inclinarse por lo mismo. Lo que más temen en Ferraz y en La Moncloa se acerca peligrosamente: la verdad judicial saliendo de la boca de quien mejor conoce los secretos del clan.

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