Polémico pase a octavos

Marruecos celebra su clasificación para octavos de final
Tras la celebración del encuentro entre Países Bajos y Marruecos -venció la Selección alauí en la tanda penaltis-, un nutrido grupo de jóvenes marroquíes salió a las calles de Santa María del Águila (El Ejido) para “celebrar” el pase a octavos de la Selección marroquí. La alegría inicial pronto mutó en algarada exigiendo la presencia de la Policía Municipal y efectivos de la Policía Nacional, que sufrieron una andanada de pedradas y lanzamiento de objetos del mobiliario urbano. Igualmente, se produjeron destrozos que alcanzaron a varios locales comerciales, entre ellos, la farmacia que no pudo abrir al día siguiente. Intentaron incendiar varias palmeras junto a la sucursal de Unicaja y cortaron el tráfico en varias vías urbanas desde que comenzaron los disturbios, sobre las cinco de la madrugada.
Fuentes de la Policía Local y Policía Nacional destacaron la extrema violencia de estos jóvenes que, sin causa alguna que lo justificase, mostraron una actitud destructiva de todo lo que encontraban a su paso. Evidentemente, este proceder no se colige con el mantra del Gobierno de España apelando a la integración, arraigo y acomodo cívico y cultural de la inmigración, ahora en vías de regularización masiva.
Evidentemente, tal como se extrae de la información oficial de las comisarías, el desmesurado incremento de la inmigración ilegal es directamente proporcional al aumento de la delincuencia. Esto no es opinión. Es la constatación de la realidad evidenciada en los datos de los departamentos policiales de Extranjería, que están disponibles para quien quiera acceder a ellos.
A estas alturas sería absurdo sorprenderse por los brotes de violencia a resultas de una confrontación futbolística de alta rivalidad. Lamentablemente, los derbis, finales, ascensos, play-off, copas y trofeos varios suelen cursar con grandes manifestaciones de júbilo y tristeza. Sin embargo, la confrontación, las agresiones y los destrozos no tienen racional justificación, salvo por la especial idiosincrasia de una mal llamada afición, que no es otra cosa que unos individuos que la pueden liar en el estadio como en el metro o en la cola del pan.
Anteponiendo el absoluto rechazo a las manifestaciones de violencia, podría entender a estos hooligans si lograse acceder a su solitaria y atormentada neurona para hallar un atisbo de justificación a esos reprobables comportamientos. Entiendo que en el ámbito de un encuentro de “alto riesgo” -así lo califican los Cuerpos de Seguridad- se enfrentan dos equipos y sus respectivas aficiones. La afición del equipo local recibe a los visitantes con muestras de total desafecto; y así ocurrió cuando algunos aficionados de la Unión Deportiva Almería apedrearon el autobús del Málaga CF. La justicia poética puso a cada uno en su sitio… y el Almería sigue en Segunda.
Resulta difícil de entender que, sin aficiones rivales presentes, sin locales ni visitantes y sin celebrarse el encuentro en esa localidad un nutrido grupo de jóvenes magrebíes salgan a la calle para celebrar “a su manera” el pase a octavos de Marruecos, jugando contra Holanda y en Monterrey (México); algo alejado de Santa María del Águila. Para estos jóvenes el único rival al que mostrar sus “emociones” fue la Policía Local, la Policía Nacional, los contenedores de basura, el asfalto, una farmacia y la sucursal de Unicaja.
Los disturbios se extendieron hasta pasadas las seis de la madrugada: la hora de comenzar el trabajo en el campo para evitar los calores. Y es muy probable que a esas horas no están disturbando en la calle los que sí trabajan en el invernadero, se integran y se buscan la vida con honradez y civismo.
Y si esto ocurre en unos octavos de final, ¿se imaginan una final del Mundial España-Marruecos?