La cosecha de Juanma Moreno

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno
Hay una preciosa sevillana de Los del Río que define de manera real el sentimiento de la región más grande de España, Andalucía. El estribillo de esta canción nos dice: «Andalucía es mi tierra, yo soy del sur, donde el sol brilla y el alma es luz».
Veinte años después de haber escogido Andalucía para vivir, a pesar de mi procedencia vasca, puedo decir que, en mi alma y en mi mente, este estribillo se ha convertido en una filosofía de vida, en una razón de existencia y de amor a una región que me ha enseñado lo que es la libertad, la grandeza de su gente por su espíritu de sacrificio y, sobre todo, a salir del laberinto de la tristeza, la desidia y el caciquismo que ha sufrido durante los primeros 37 años de democracia desde unas posiciones políticas que, a modo de cortijo y zancadilleando su desarrollo, han vivido de la mayor comunidad de España para esquilmarla, usándola para ejercer el poder en beneficio de unos pocos, desde la falsa apariencia de la igualdad de los ciudadanos, pero favoreciendo a aquellos que tenían carné de una determinada formación política que generó la mayor estafa de corrupción, conocida como «el caso ERE».
Todo eso que lastraba a Andalucía ya no existe. Ahora el rumbo es otro, puesto que se ha liberado a la comunidad de sus lastres económicos, políticos y sociales. Se ha eliminado la resignación de una sociedad que no veía salida a sus problemas y ahora se apunta hacia la prosperidad, el liderazgo, a ser la comunidad autónoma que ejerza de locomotora de la mejora de España y, en definitiva, a que se la trate con el respeto que merece y se le dé el lugar que merece en el conjunto de España.
Desde hace siete años y medio, Andalucía ha contado con el liderazgo claro de un hombre empeñado en colocarla en el lugar que merece, luchando contra los lastres encontrados, limpiando la cuantiosa porquería hallada en la Administración y llevando a cabo políticas de transformación, de desarrollo económico y, lo que es más importante, de cambio sociológico hacia una mentalidad de competitividad y liderazgo, del reconocimiento por sus ciudadanos del orgullo respecto a los objetivos conseguidos, pero con la ambición de superar lo logrado por algo que ilusione y sirva para seguir avanzando.
Ese hombre y ese líder al que ha seguido la sociedad y al que le han dado mimbres para la continuidad de su trabajo desde la sensatez es Juan Manuel Moreno Bonilla, un jornalero de la política que, imitando a su padre, jornalero del campo, ha trabajado de sol a sol para conseguir la cosecha de sus objetivos y de sus ambiciones para una comunidad que ha pasado de ser despreciada a ser ejemplo de trabajo, diálogo y moderación.
Juanma Moreno sabe y quiere que los nueve millones que formamos parte de esta tierra de luz, basándonos en nuestras tradiciones, nos convirtamos en costaleros de la libertad, en la hermandad del diálogo, en una procesión de la victoria hacia el camino de la mejora de la vida de los ciudadanos, escuchando esa maravillosa música de alegría y pasión que acompaña a los tronos de Semana Santa, aportando además nuestro esfuerzo a eso que los andaluces decimos en nuestro himno: «Por España y la humanidad».
Estos próximos cuatro años, que ya han comenzado, van a ser decisivos para demostrar que Andalucía es quien es, que se la respeta, que se la escucha y que, como dice el lema de una de sus localidades, «los andaluces vamos todos a una», ya que la vida de nuestro futuro nos lo exige. Nos demanda ser una sociedad preparada para liderar, para acoger a aquel que quiera incorporarse a ella, venga de donde venga y, sobre todo, no permitir que se nos den migajas de inversión que nos impidan desarrollar nuestras necesidades en todas aquellas materias que se salen de nuestras posibilidades y que dependen de otros, de esa España que debe mirar hacia nosotros como lo que somos, como lo que sentimos y como lo que necesitamos.
Esa es nuestra prioridad nacional: trabajar desde las necesidades de todos y para todos, aportando ese esfuerzo para nosotros mismos y para una España de la que somos espiritualmente inspiradores, en calidad de vida envidiados y transmisores de una alegría que impulsa una manera de vivir que hace grande a Andalucía como esencia de España.
Así que, Juanma, ese presidente que enamora a las madres que le querrían como yerno y a los hombres y mujeres por su cercanía, sencillez y por saber escuchar, aquí nos tienes para unirnos a ese trono de costaleros que debemos ser los andaluces, no sin críticas, pero con esperanza; no desde la sumisión, sino desde la aportación del esfuerzo a «una tierra que acaricia el sol».