opinión
Incidencia medioambiental y cambio climático

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Es posible que Pedro Sánchez no haya tenido oportunidad o no ha querido oír hablar de la isla de Tonga. Supongo que Pedro Sánchez tendría serias dificultades para ubicar Tonga, casi en las antípodas de España. Ya demostró su nivel mercatoriano al confundir Kenia con Senegal. Tampoco anduvo fino al situar Almería y Cádiz como ¡provincias limítrofes! Y protagonizó un espectáculo notable en el Congreso de los Diputados al mostrarse incapaz de hallar el ordinal de nuestra participación en la OTAN, que lo fijó en el puesto “onceavo”. En fin.
En enero de 2022 se produjo una de las erupciones volcánicas submarinas de proporciones desconocidas hasta la fecha. Hunga Tonga-Hunga Ha´apai es la denominación de un volcán submarino potentísimo. Al tratarse de una erupción submarina, la presión, gases y temperatura se abrieron paso a través del océano. La emersión produjo enormes reacciones químicas que salieron a la superficie en forma de gases, fundamentalmente dióxido de azufre, cloruros y muchísimo vapor de agua.
Fue tan dramática la emisión de vapor que nuestra atmósfera vio incrementado el nivel de vapor de agua estratosférico en un diez por ciento. La erupción submarina, que terminó por aflorar una discreta masa magmática consolidada en superficie (islote), elevó material volcánico hasta 50 kilómetros de altitud, ocasionó daños en las comunicaciones y desencadenó un tsunami en las islas limítrofes. La erupción, descrita como la más violenta de la Era Moderna, desencadenó una onda de choque que dio cuatro vueltas al planeta y produjo sensibles eventos ionosféricos y troposféricos.
La revista especializada Geofphysical Research Letters publicó un artículo incidiendo sobre las consecuencias de una súbita hidratación de la estratosfera. En este trabajo científico se anunció que ese incremento de vapor de agua descomunal (150 000 millones de litros), así como el ingente aporte de dióxido de azufre en la alta atmósfera generarían una anomalía, así como las posibles consecuencias atmosféricas y meteorológicas que de ella derivaran. El equipo redactor del informe dedujo que los efectos de este evento geológico desencadenarían una singularidad climatológica a nivel planetario. Uniendo los efectos previsibles de los gases aportados a la atmósfera se infiere que existiría un evidente calentamiento global que, además, se evidenciaría por espacio de los cinco años siguientes a la erupción.
Hagamos números. El evento se produce en enero de 2022 y, si sumamos cinco años, nos vamos a 2027. En el ecuador de máxima actividad de la anomalía estaría 2024, año en el que produjeron fenómenos meteorológicos extremos en muchos lugares de la Tierra; especialmente los padecidos por la DANA de Valencia. Y aún nos queda un trecho para afrontar hasta 2027 lo que pueda suceder.
Volviendo a la monserga de la emergencia climática, y aunque hay extensos datos científicos para discutir sobre el asunto, lo cierto es que toda secta que pretenda un reconocible éxito ha de asentarse en argumentos de amenaza, peligro, miedo… y, por supuesto, afirmando tener las soluciones. Así, los adeptos de la secta creen; y votan, que es lo que aquí importa.
Estar al frente de una secta con fieles adeptos es una garantía para seguir gobernando, controlando, asustando y ganando muchísimo dinero. Así, con la estupidez de los tapones de las botellas de plástico, las pajitas de papel, los envases que se rompen con mirarlos, los reciclados de interesado marketing, la economía azul, la restauración de la naturaleza, la huella de carbono y cientos de conceptos, neologismos e incomprensibles palabros se consigue acongojar gracias a la presión mediática y sus influencers. No en vano, el gurú climático Al Gore, vicepresidente demócrata con Clinton, recibió incontables galardones (Nobel de la Paz, Grammy, Emmy, Príncipe de Asturias…), y redobló exponencialmente su fortuna con entrevistas, conferencias, cuestaciones y un muy rentable documental cinematográfico llamado Una verdad incómoda. Al Gore, auténtico maestro de la manipulación climática anunció la desaparición del Ártico en 2018. Curiosamente, es la fecha en la que un alumno aventajado -Pedro Sánchez- alcanzó el poder. Excuso decir que el Ártico sigue ahí. Y Pedro Sánchez ha podido disfrutar reiteradamente de La Mareta sin que el nivel del mar se hubiese tragado las costas de Tenerife, tal como vaticinó el bueno de Gore.
Sánchez, insultantemente impasible ante la devastación de una DANA, un volcán, un terremoto, un criminal accidente ferroviario, un pavoroso incendio... pretende revertir el cambio climático planetario. El cambio climático; mejor dicho, los innumerables y dramáticos cambios climáticos que ha conocido el planeta Tierra se han producido por eventos tales como radicaciones cósmicas Gamma, eyecciones de masa coronal, plumas mantélicas descomunales, impactos de asteroides, migración del polo magnético, debilitación de la Magnetosfera, evento Miyake… y, ante estas amenazas, Sánchez es la solución.
Existe inapelable evidencia científica sobre los cambios climáticos producidos con anterioridad a la existencia del ser humano. El problema actual radica en la interesada confusión entre cambio climático e incidencia medioambiental. En nuestro periodo Holoceno (ahora renombrado Antropoceno por la presencia del hombre) se puede observar una incidencia medioambiental muy severa en sectores densamente poblados e industrializados. Igualmente, la incidencia medioambiental se evidencia por nuestras costumbres -mala educación- para extraer, consumir, transformar y desechar las bondades que la Tierra nos ofrece.
En ningún caso, salvo hecatombe nuclear, la mano y la estulticia del hombre pueden generar un cambio climático de ámbito planetario. Esto no excusa que la incidencia medioambiental, con políticas ecologistas disparatadas, continúe posibilitando riadas destructivas, incendios forestales incontrolables y el incierto futuro para la agricultura y la ganadería extensiva.
Pedro Sánchez, aunque lamentablemente se mantiene en el poder, afortunadamente no posee sobrehumanas capacidades como para cambiar las corrientes oceánicas, manejar los núcleos terrestres para alterar la polaridad, desviar la órbita de un asteriode o activar los campos flégreos. Tampoco se le presumen poderes para alterar los ciclos de cambios climáticos tan dramáticos como los repetidos periodos de glaciación.
Por cierto, se habla del calentamiento global; pues eso se debe a que nos hallamos en el ecuador de la próxima glaciación; es decir, después de la última glaciación (Würm-Wisconsiniana) llegará la siguiente y, entretanto, estamos en el periodo cálido-templado. Esta dinámica planetaria es inexorable y se debe a la mecánica celeste inherente a la Tierra. Este proceso no admite debate, son evidencias geoastronómicas que ya se pueden constatar: el Polo Norte magnético ya está en territorio canadiense. Aries no está donde tendría que estar debido a la precesión de los equinoccios. Nuestra actual Estrella Polar (Osa Menor) será Vega (constelación de Lira).
Los cambios climáticos son consustanciales con la Tierra desde que se configuró con mares, océanos, atmosfera y actividad geológica. La Tierra se mueve por el Universo con un sinfín de singularidades y avatares que hacen cambiar dramáticamente el clima, la orografía… y la existencia de vida en el planeta. A otros niveles, la mano del hombre no incide extraordinariamente en el cambio climático global. la actividad humana tiene una importante incidencia medioambiental: contaminación, basuras domésticas, residuos industriales, deforestación… La actividad humana se distingue por una pésima y maleducada gestión medioambiental, pero eso no se puede confundir con una directa incidencia climática global.
Incidencia medioambiental, sí. Cambio climático, también. Y, en ambos casos, sin Pedro Sánchez y sin embelecos de la Agenda 2030. Pedro Sánchez anuncia la emergencia climática; pero es él la verdadera emergencia ante el deterioro de la democracia y el Estado de derecho.