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Las explicaciones pendientes de Sánchez sobre Marruecos

Pedro Sánchez con el rey de Marruecos, Mohamed VI

Pedro Sánchez con el rey de Marruecos, Mohamed VI

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La política exterior española desde que está Sánchez es un enigma. Por sorprendente que resulte.

¿Cómo entender que el presidente haya tensado las relaciones con socios históricos como Alemania o Italia, mientras reserva sus mejores palabras para Marruecos precisamente después de la gravísima crisis vivida en Ceuta? La diplomacia exige equilibrio. También memoria. Y la memoria recuerda que miles de personas cruzaron nuestra frontera de forma irregular en un episodio que perdió la soberanía española.

Aún más llamativo resulta el episodio protagonizado por la Corona. Felipe VI ha manifestado su voluntad de viajar a Ceuta para mostrar el respaldo del Estado a los ceutíes. Sin embargo, el Gobierno considera que ese viaje “no es oportuno”. ¿No lo es para quién? ¿Para los españoles que viven allí o para quienes observan desde Rabat cada gesto de las instituciones españolas?

Las relaciones con Marruecos son estratégicas y deben cuidarse. Nadie puede discutirlo. Lo que sí merece una explicación es por qué España ha modificado de forma tan profunda su posición en asuntos esenciales sin ofrecer a los ciudadanos una argumentación convincente. Desde el giro sobre el Sáhara hasta la actitud mantenida durante la crisis de Ceuta, las preguntas se acumulan mientras las respuestas siguen sin llegar.

La política exterior no pertenece a un presidente. Es cuestión de Estado. Y cuando sus grandes decisiones generan dudas entre los aliados europeos, desconcierto en la opinión pública y contradicciones dentro de las propias instituciones, el Gobierno tiene la obligación de explicar qué está haciendo y por qué.

Porque en democracia las decisiones pueden discutirse. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que se tomen sin dar explicaciones suficientes a quienes, al fin y al cabo, son los verdaderos propietarios de esa política: los españoles.

A.M. BEAUMONT

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