Lo injusto es que siga Puente

El ministro de Transportes, Óscar Puente, en su comparecencia
Dimitir es un apellido ruso para este Gobierno. Ahí está Óscar Puente. Se retuerce. Se lamenta. Echa culpas a los demás. Ve normal lo que es notoriamente anormal. Y, con más de un centenar de muertos entre Adamuz y Urda, encuentra tiempo para explicarnos el calvario que le espera a él. Hay que tener una mirada muy mezquina para comparecer ante semejante tragedia y poner el foco en lo mucho que sufre el ministro.
Su rueda de prensa de este viernes fue un despropósito. Me cuesta entender que alguien encargado de recuperar la confianza de los viajeros dedique tantas energías a defender su continuidad. Los españoles quieren saber si pueden subirse tranquilos a un tren. Él parece empeñado en tranquilizarnos sobre su permanencia en el Consejo de Ministros.
Después contó que Sánchez considera “injusto” que deje el cargo. Qué alivio para ambos. El presidente, el “hombre de hielo”, lo sostiene y el ministro se deja sostener. Entre los dos han resuelto lo que más les preocupa. Lo demás queda al albur de las investigaciones.
Claro que hay que investigar. Hasta el último fallo. Y exigir las responsabilidades que correspondan. Pero la responsabilidad política tiene entidad propia. Un ministro no necesita haber cometido personalmente un error en un centro de control para responder por el funcionamiento del sistema que dirige. Cobra también para eso.
Puente asegura que marcharse sería lo fácil. Pues que haga, por una vez, lo fácil. Porque quedarse no acredita valentía cuando su resistencia agrava el dolor de las familias y deteriora la confianza de los ciudadanos y la credibilidad del servicio público. Tampoco basta con prometer ahora las soluciones que no llegaron después de Adamuz.
España construyó una red ferroviaria que fue motivo de orgullo. Todo un símbolo de modernidad. Ver quebrada esa confianza exige algo más que otra comparecencia y un nuevo compromiso de hacerlo mejor. El sanchismo ha convertido la rendición de cuentas en una persecución contra quien debe rendirlas.
Y Sánchez vuelve a cerrar filas. Sabe que la pregunta no termina en Puente. Alcanza a quien lo nombró, lo respalda y considera injusto apartarlo.
Lo injusto es que los españoles entierren a sus familiares mientras el Gobierno se lamenta de lo mucho que le cuesta seguir gobernando.