Fonendo
La aterosclerosis, el enemigo silencioso y el trío que protege el corazón
Espacio de opinión para la auscultación de la actualidad sanitaria

FONENDO
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo, pero su origen puede rastrearse mucho antes de la edad adulta. La aterosclerosis, el proceso inflamatorio que endurece y daña las arterias, comienza en la infancia, advierte el Dr. Federico Gutiérrez-Larraya, jefe de Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz y del Hospital Ruber Internacional; eso es nada.
Los riesgos cardiovasculares empiezan mucho antes de que aparezcan los síntomas, en etapas muy tempranas de la vida y factores como la obesidad infantil, el sedentarismo o la exposición al humo del tabaco, junto a enfermedades crónicas o antecedentes oncológicos, pueden iniciar lesiones arteriales que años después derivan en infartos o ictus.
El prestigioso especialista explica que la aterosclerosis tiene raíces genéticas y ambientales y que el entorno familiar desempeña un papel decisivo. Ahí se configuran los hábitos que afectan directamente la salud cardiovascular, ha señalado recientemente en una entrevista.
Los niños con obesidad o sobrepeso presentan un riesgo mayor de aterosclerosis temprana. También influyen patologías inflamatorias como el lupus o la enfermedad de Kawasaki, y los efectos secundarios de tratamientos oncológicos. La supervivencia es un gran logro, pero el precio cardiovascular no debe subestimarse. El objetivo no es solo prevenir, sino educar a las nuevas generaciones para cuidar su corazón desde la infancia.
Porque el enemigo más peligroso del corazón no siempre se manifiesta en la edad adulta; a veces comienza en el recreo.
Como decía al principio de este Fonendo, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo. Sin embargo, hasta un 80% de los problemas del corazón pueden prevenirse con hábitos saludables. Y entre ellos, el más sencillo y efectivo sigue siendo moverse.
Caminar veinte minutos al día puede reducir en casi un 25% el riesgo de morir por causas cardiovasculares. La actividad física regular disminuye la posibilidad de padecer hipertensión, obesidad, diabetes o colesterol elevado, cuatro enemigos silenciosos que deterioran el sistema circulatorio con el paso del tiempo.
El sedentarismo, por el contrario, se ha convertido en una epidemia moderna: afecta a buena parte de la población y multiplica las probabilidades de sufrir una enfermedad cardíaca o un accidente cerebrovascular.
Los expertos coinciden en que caminar es solo el primer paso. Y nunca mejor dicho. A medida que cumplimos años, trabajar la fuerza muscular —en brazos, piernas y tronco— es igual de importante. El ejercicio de fuerza mejora la función cardíaca, la movilidad y la independencia, además de mantener el metabolismo activo y proteger los huesos.
El corazón, como cualquier músculo, necesita entrenamiento. Y no se trata solo de correr maratones: caminar a buen ritmo, subir escaleras, hacer ejercicios con el propio peso o levantar cargas ligeras puede marcar una diferencia enorme en la salud y en la esperanza de vida.
Cuidar el corazón no empieza en la consulta del cardiólogo, sino en el día a día. En cada paso, en cada movimiento, está la oportunidad más sencilla —y más poderosa— de vivir mejor y más tiempo.