Muchos la usan para la ansiedad, pero la ciencia no respalda la marihuana
¿Y si el cannabis no calmara la ansiedad como muchos creen?
Una revisión reciente de estudios científicos cuestiona su uso como solución para trastornos mentales.

Marihuana
Un nuevo análisis científico de la Universidad de Sídney cuestiona el uso del cannabis para la ansiedad. El estudio, liderado por el investigador, Jack Wilson concluye que no existen pruebas consistentes de eficacia y advierte de posibles riesgos.
Cannabis y ansiedad: una promesa que no se sostiene

Fumar marihuana
El cannabis se ha convertido en una solución rápida para quienes buscan calmar la ansiedad o mejorar su estado de ánimo. No por evidencia sólida, sino por una mezcla de percepción social y experiencia individual: relajación inmediata, desconexión, sensación de control. Esa combinación ha reforzado la idea de que puede funcionar como alternativa a tratamientos tradicionales. Sin embargo, cuando se analiza con rigor, esa promesa empieza a desmoronarse.
Según recoge CNN , la evidencia científica más reciente apunta a que la marihuana no ofrece beneficios consistentes en el tratamiento de trastornos mentales, lo que cuestiona su papel como herramienta terapéutica real.
La evidencia desmonta el relato

Dr Jack Wilson, investigador del Matilda Centre de la Universidad de Sídney,
El trabajo liderado por Jack Wilson, investigador del Matilda Centre de la Universidad de Sídney, aporta una visión menos condicionada por percepciones individuales. Su análisis revisa múltiples estudios sobre cannabis y salud mental con un objetivo claro: comprobar si existe una base sólida que justifique su uso.
La conclusión es directa. Tal y como señala Tyla (2026), no hay evidencia consistente que demuestre que el cannabis reduzca la ansiedad, la depresión u otros trastornos de forma sostenida. Además, muchos estudios presentan limitaciones metodológicas o resultados contradictorios, lo que impide hablar de eficacia clínica real. No se trata solo de ausencia de pruebas concluyentes, sino de un conjunto de datos que no permite respaldar su uso como tratamiento.
Alivio no es tratamiento

Vapear cannabis
Parte del atractivo del cannabis como supuesto ansiolítico está en su efecto inmediato. Puede generar relajación, reducir la tensión momentáneamente o facilitar el descanso. Pero ese efecto, por sí solo, no es un tratamiento. En muchos casos funciona como un alivio puntual que no aborda la raíz del problema.
Según explica AOL (2026), el uso recurrente para gestionar ansiedad o depresión puede derivar en dependencia psicológica. Además, al convertirse en una estrategia habitual de regulación emocional, puede impedir que la persona desarrolle otras herramientas más eficaces. Con el tiempo, ese alivio inicial puede perder intensidad, lo que lleva a aumentar el consumo. Y ahí es donde el problema deja de ser puntual para convertirse en estructural.
Cuando el consumo juega en contra

Fumar marihuana
La investigación reciente deja claro algo importante: el cannabis no es neutro. En determinados perfiles, puede tener el efecto contrario al que se busca. La información recogida por National Today, advierte de que su consumo puede aumentar la ansiedad, provocar episodios de paranoia e incluso actuar como desencadenante de trastornos más graves en personas vulnerables.
Esto contradice una idea muy extendida: que el cannabis es, en general, seguro. La respuesta depende de factores como la edad, la frecuencia de uso o la predisposición individual.
Entre la investigación médica y el uso cotidiano

Investigación científica
A menudo se mezclan dos planos. Por un lado, la investigación médica sobre ciertos compuestos del cannabis, que se desarrolla en contextos controlados. Por otro, el uso cotidiano como herramienta para gestionar la ansiedad.
Los expertos insisten en que no son equivalentes. De hecho, investigaciones previas de la Universidad de Sídney ya habían cuestionado otros supuestos beneficios del cannabis, como su capacidad para reducir el consumo de opioides a largo plazo, lo que refuerza la necesidad de analizar estas afirmaciones con rigor. El discurso popular ha ido por delante de la evidencia, y en salud mental esa diferencia tiene consecuencias.
Por qué el cannabis no es la solución para la ansiedad

Fumar marihuana
El cannabis puede ofrecer una sensación puntual de alivio, pero no ha demostrado ser una herramienta eficaz para tratar la ansiedad o la depresión. Apoyarse en esa idea puede retrasar el acceso a intervenciones que sí cuentan con respaldo científico y seguimiento profesional. Además, los especialistas insisten en que sustituir tratamientos contrastados por soluciones percibidas como más accesibles puede generar una falsa sensación de control. En lugar de avanzar, el paciente puede quedar atrapado en un ciclo de alivio temporal y recaída, sin abordar los factores que sostienen el trastorno.
Elegir este tipo de soluciones no solo alarga la recuperación, también puede acabar empeorando la situación. Aquí no se trata de demonizar el cannabis ni de idealizarlo, sino de entender qué puede ofrecer y qué no. Hoy por hoy, no es un tratamiento validado para la ansiedad ni una solución fiable para los trastornos mentales.

Fumar cannabis
La distancia entre lo que se cree y lo que dicen los datos sigue siendo considerable, y reducirla pasa por tomar decisiones informadas, no impulsadas por experiencias aisladas. Porque cuando se trata de salud mental, confundir alivio con solución no es un matiz: es un riesgo.
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