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Pinchazos contra la migraña (y contra la resignación) y del dolor invisible al miedo nombrado

FONENDO

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Durante años, la migraña infantil ha sido ese invitado incómodo al que se le decía: “ya se te pasará con la edad”. Mientras tanto, un 11 % de niños y adolescentes en España faltando a clase, bajando persianas y subiendo el volumen del silencio.

Ahora el ensayo SPACE, con participación del Hospital Vall d'Hebron y resultados publicados en The New England Journal of Medicine, pone sobre la mesa un nombre propio: fremanezumab. Un anticuerpo monoclonal que actúa sobre el CGRP y que, en román paladino, logra reducir 2,5 días de migraña al mes frente al 1,4 del placebo. Casi la mitad de los pacientes reduce a la mitad sus crisis.

¿Milagro? No. Ciencia. ¿Panacea? Tampoco. Es un pinchazo mensual y aún debe superar trámites regulatorios. Pero para muchas familias no son 2,5 días menos: son 2,5 días más de colegio, de luz encendida y de vida normal. Y eso, en neurología pediátrica, es casi revolucionario.

Ahora el foco se desplaza a otro territorio igualmente real: el miedo. No el metafórico, sino el que acompaña a un diagnóstico oncológico.

La campaña “Sin miedo al miedo” de la Federación Española de Cáncer de Mama ha puesto cifras a lo que muchas mujeres callan. En una encuesta a 542 pacientes, el 77% señaló el miedo a la recaída como el más intenso; el segundo, el miedo a la muerte, fue reportado por casi el 52%. Casi un 60% reconoce haberlo sentido de forma puntual desde el diagnóstico.

Con el respaldo de la Sociedad Española de Oncología Médica y los grupos GEICAM y SOLTI, la iniciativa insiste en algo esencial: el miedo no se niega, se aborda. Información rigurosa, vínculo médico paciente y apoyo psicológico reducen la incertidumbre.

Porque, igual que en la migraña pediátrica, el avance no es solo terapéutico. También es cultural: pasar del “aguante” al acompañamiento. Nombrar el miedo no lo agranda; lo convierte en parte del tratamiento.

Hay inventos que parecen sacados de la ciencia ficción… hasta que un día te los cuentan en una nota científica. El último: escuchar el corazón del bebé durante el embarazo con un simple teléfono móvil. Sí, ese mismo dispositivo que usamos para mandar memes, discutir en el grupo familiar y mirar el tiempo que nunca acierta.

Investigadores de la Universidad de Washington han desarrollado DopFone, una aplicación experimental que convierte el smartphone en una especie de doppler fetal doméstico. El truco consiste en emitir un sonido de alta frecuencia —tan discreto que ni el vecino cotilla lo oiría— que atraviesa el abdomen, rebota y vuelve al móvil. La inteligencia artificial hace el resto: analiza el eco y calcula las pulsaciones del feto.

En pruebas con 23 embarazadas, la diferencia respecto a los equipos médicos fue de apenas dos latidos por minuto. Nada mal para un aparato que normalmente usamos más para ver vídeos de gatos que para hacer medicina.

Eso sí, los propios investigadores piden calma: la aplicación sigue en fase experimental y no sustituye las revisiones médicas. Conviene recordarlo, porque en esta era digital corremos el riesgo de que el móvil termine midiendo todo: los pasos, el sueño, el pulso… y ahora también el del bebé.

A este paso, el único latido que quedará sin monitorizar será el de nuestra paciencia con tanta aplicación.

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