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Ginecólogas lo advierten: si te duele la regla y lo aguantas, esto es lo que está pasando realmente

La brecha de género en el dolor ginecológico revela por qué millones de mujeres siguen normalizando un síntoma que no debería ignorarse

El dolor de regla sigue normalizándose, aunque millones de mujeres lo sufren en silencio

El dolor de regla sigue normalizándose, aunque millones de mujeres lo sufren en silencioGetty Images

Patricia de la Torre
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El dolor ginecológico sigue siendo una de las grandes conversaciones pendientes en España. No por falta de casos, sino por una normalización histórica que ha convertido el sufrimiento en rutina. Los datos más recientes lo confirman con crudeza: el 77% de las mujeres españolas se siente obligada a aguantar su dolor íntimo, una cifra que no solo evidencia una cuestión médica, sino cultural.

La brecha de género en el dolor ginecológico en España: "No es que duela menos, es que se escucha menos"

Según el estudio elaborado por INTIMINA en 2026, el 65% de las mujeres ha experimentado dolor físico significativo relacionado con su salud ginecológica en el último año. No se trata de episodios aislados: para un 23%, este dolor es frecuente, condicionando su vida diaria hasta el punto de que un 45% ha dejado de realizar actividades cotidianas como trabajar, hacer deporte o socializar.

La dimensión psicológica es igual de contundente. El 70% reconoce que su salud íntima ha afectado a su bienestar emocional en algún momento. Es aquí donde emerge una de las claves del problema: no solo duele el cuerpo, también pesa el silencio.

Pilar Ruiz, responsable de comunicación de INTIMINA Iberia, lo resume con una frase que define el contexto actual: "el bienestar íntimo no es un lujo, sino un derecho fundamental". Sin embargo, la realidad muestra que ese derecho todavía no se ejerce plenamente.

El estudio revela una fractura clara en la percepción del trato médico. Mientras la mitad de los hombres considera que el dolor se trata igual en ambos sexos, solo el 30% de las mujeres comparte esa visión. Más revelador aún: una de cada tres mujeres cree que el dolor masculino recibe mayor atención y rigor.

No es una sensación aislada. El 73% de las encuestadas afirma haber escuchado frases como "es estrés", "es ansiedad" o "es normal" al explicar su dolor. Este patrón no solo minimiza los síntomas, sino que retrasa diagnósticos clave.

"Muchos de los problemas ginecológicos están invisibilizados. Se normaliza el dolor, tanto con la regla como en otros momentos del ciclo", advierte la ginecóloga y sexóloga Mercedes Herrero.

Un dato especialmente significativo es que el 24% de las mujeres con dolor nunca ha recibido un diagnóstico. "Es un parámetro difícil de medir", explica la Dra. Herrero, en referencia a cómo se interpreta el dolor ginecológico. "La endometriosis puede tardar entre siete y diez años en diagnosticarse en España", alerta la especialista.

La brecha de género en el dolor ginecológico cultural: la normalización del aguante

Aquí aparece uno de los factores más arraigados: la cultura del aguante. El 77% de las mujeres reconoce sentirse obligada a soportar el dolor, muchas veces por educación, vergüenza o estereotipos que cuestionan la veracidad del sufrimiento femenino.

Este patrón tiene consecuencias directas. Más de la mitad de las mujeres admite no expresar su dolor de forma habitual, especialmente en entornos laborales o sociales. El resultado es un círculo silencioso donde el problema no desaparece, solo se invisibiliza.

El posparto es un ejemplo paradigmático. Aunque la mayoría coincide en que una cesárea debería tratarse como una cirugía mayor, solo el 10% de las mujeres cree que recibe ese nivel de atención. Además, un 64% afirma haber tenido que cuidar de otros antes de recuperarse completamente.

Hay, sin embargo, un cambio generacional en marcha. El 60% de los hombres asegura que hablar de menstruación no les incomoda, y más del 90% cree que debería enseñarse más sobre el dolor íntimo femenino.

Este dato apunta a una evolución cultural relevante, aunque insuficiente. La empatía, por sí sola, no corrige una brecha que requiere educación, formación médica y visibilidad social.

El 71% de la población reconoce que aún queda mucho camino por recorrer. La clave parece clara: dejar de normalizar el dolor y empezar a entenderlo.

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