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Lucía Jiménez, psicóloga y sexóloga: "El antidepresivo puede hacer que tu cerebro deje de buscar sexo aunque te encuentres mejor"

La psicóloga y sexóloga Lucía Jiménez explica cómo los antidepresivos y ansiolíticos pueden alterar el deseo sexual, afectar a la excitación y generar un impacto silencioso en la autoestima y la vida en pareja

La recuperación de la libido tras dejar la medicación puede requerir tiempo y acompañamiento terapéutico.

La recuperación de la libido tras dejar la medicación puede requerir tiempo y acompañamiento terapéutico.Getty Images

Patricia de la Torre
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Muchas personas descubren demasiado tarde que aquello que les ayudó a recuperar la estabilidad emocional también estaba afectando a su vida íntima. La pérdida de deseo sexual, la dificultad para excitarse o incluso la incapacidad para disfrutar del placer aparecen como efectos secundarios silenciosos en miles de tratamientos contra la ansiedad y la depresión. Y el problema, según explica la psicóloga y sexóloga Lucía Jiménez, es que sigue siendo un tema del que apenas se habla con naturalidad en consulta.

La especialista de Diversual pone el foco en un fenómeno que afecta a muchas personas y que, sin embargo, continúa rodeado de culpa, desinformación y miedo. "Hay pacientes que mejoran emocionalmente, pero sienten que algo en su sexualidad se ha apagado", explica. Y detrás de ello hay una explicación química, cerebral y emocional mucho más compleja de lo que parece.

Lucía Jiménez explica por qué los antidepresivos pueden reducir la libido

Para entender el impacto de estos tratamientos sobre la sexualidad, Lucía Jiménez insiste en comprender primero cómo funcionan realmente los neurotransmisores. "Nuestro cuerpo se comunica mediante señales químicas", explica. Algunas están relacionadas con el placer y la motivación, como la dopamina. Otras, como la serotonina, generan sensación de bienestar y saciedad.

El problema aparece cuando determinados antidepresivos alteran ese equilibrio químico. "Cuanta más serotonina disponible hay, más sensación de saciedad experimento. Y si estoy saciada, no tengo ganas de buscar", afirma la sexóloga. Es precisamente ahí donde muchas personas empiezan a notar una caída del deseo sexual sin entender qué les está ocurriendo.

Jiménez detalla que la serotonina puede modular indirectamente la dopamina, reduciendo la motivación y la búsqueda de estímulos placenteros. "Aunque la relación no es directa, el aumento de serotonina puede hacer que baje la dopamina, y es precisamente esa caída la que provoca que no necesitemos buscar experiencias sexuales", asegura.

La consecuencia no solo afecta al deseo. También puede alterar la excitación e incluso la percepción del placer. Según explica la especialista, se genera un "círculo vicioso" en el que la persona disfruta menos y, por tanto, desea menos.

Los expertos recuerdan que la salud sexual también forma parte del bienestar emocional y psicológico.

Los expertos recuerdan que la salud sexual también forma parte del bienestar emocional y psicológico.Getty Images

Lucía Jiménez revela qué ocurre con los ansiolíticos y el deseo sexual

En el caso de los ansiolíticos, el mecanismo es diferente, aunque el efecto sobre la sexualidad puede resultar parecido. La ansiedad mantiene al sistema nervioso en un estado constante de alerta. El organismo interpreta amenazas continuamente y permanece hiperactivado.

Los ansiolíticos, especialmente las benzodiacepinas, buscan rebajar esa activación. Lo hacen actuando sobre el GABA, uno de los principales neurotransmisores inhibidores del sistema nervioso. Y ahí aparece el dilema.

"Cuando te encuentras adormecido por el efecto de la medicación, no pueden aparecer la motivación y la energía necesarias para iniciar un comportamiento sexual", explica Lucía Jiménez.

Sin embargo, la especialista también rompe con la idea de que el efecto siempre sea negativo. Hay personas en las que la reducción de la ansiedad desbloquea un deseo que estaba completamente condicionado por el estrés. "La aparición del deseo sexual requiere de un sistema nervioso regulado", recuerda.

El estrés, de hecho, no afecta igual a todo el mundo. Algunas personas experimentan más deseo en momentos de ansiedad porque el cuerpo confunde la activación nerviosa con excitación sexual. Otras, en cambio, viven justo lo contrario y el organismo "decide" que no es momento para reproducirse.

La pérdida de libido asociada a algunos antidepresivos puede afectar también a la conexión emocional en pareja.

La pérdida de libido asociada a algunos antidepresivos puede afectar también a la conexión emocional en pareja.Getty Images

Lucía Jiménez desmonta el gran tabú sobre la salud mental y la sexualidad

Uno de los aspectos más delicados que aborda la sexóloga es el impacto emocional que produce esta pérdida de deseo. Muchas personas sienten culpa, miedo o incluso creen que el problema está en la relación de pareja.

"Para algunos profesionales, que una persona no tenga ganas de mantener relaciones sexuales no parece un efecto secundario suficientemente importante", lamenta la especialista. Sin embargo, recuerda que la sexualidad forma parte de la salud integral y afecta directamente a la autoestima y al bienestar emocional.

En este contexto, Lucía Jiménez defiende una visión mucho más amplia del tratamiento psicológico y psiquiátrico. "Tenemos que ver los antidepresivos y ansiolíticos como muletas que nos ayudarán a caminar un tiempo, hasta que podamos hacerlo por nosotros mismos", señala.

La especialista insiste en que el objetivo no debe limitarse únicamente a eliminar síntomas depresivos o ansiosos, sino también preservar la calidad de vida de la persona en todas sus dimensiones, incluida la sexual.

En este sentido, la terapia psicológica y sexológica resulta clave para acompañar al paciente durante el proceso y evitar que el deterioro de la vida íntima termine generando nuevos problemas emocionales.

La gran pregunta que se hacen muchos pacientes tiene respuesta tranquilizadora, aunque con matices. Sí, la pérdida de libido suele ser reversible. Pero no siempre desaparece automáticamente al dejar la medicación.

Lucía Jiménez recuerda que la conducta sexual también se aprende. "La bajada de deseo derivada de los antidepresivos llevará de la mano comportamientos y pensamientos que pueden permanecer aun cuando ya no los tomemos", explica.

Por eso algunas personas necesitan tiempo para reconectar con el placer o incluso acompañamiento terapéutico específico. La especialista insiste además en la importancia de no abandonar nunca la medicación sin supervisión médica.

El principal error, advierte, es asumir que el problema desaparecerá solo o dejar el tratamiento de golpe por miedo a perder la vida sexual. Ante cualquier cambio en el deseo, la excitación o el placer, recomienda consultar con el médico y valorar alternativas.

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