Estrecho de Ormuz, provincia de Almería: su impacto en campos e invernaderos
En el Golfo se esconde una seria amenaza para la movilidad internacional de hidrocarburos así como de fertiliizantes que sostienen y permiten hablar de seguridad alimentaria a un país como el nuestro, responsable de alimentar a buena parte de Europa

Imagen aérea del Estrecho de Ormuz
El final del invierno nos ha traído consigo importantes tensiones geoestratégicas que, sin embargo, desde este lado del mundo hemos observado con cierta distancia, desde el sofá y sin que ni tan siquiera nuestro suministro energético se viese afectado, más allá de un encarecimiento sustancial en la factura.
Detrás de esos bombardeos y cierres de espacios aéreos y también marítimos, se esconde una seria amenaza para la movilidad internacional de hidrocarburos así como de fertiliizantes que sostienen y permiten hablar de seguridad alimentaria a un país como el nuestro, responsable de alimentar a buena parte de Europa. El cuello de botella que hoy se produce en Ormuz impacta en El Ejido, pero no en sus gasolineras, que también, sino de forma diferencial sobre sus campos e invernaderos, así como en el resto de la huerta española.
Por Ormuz pasa alrededor de un tercio del comercio mundial de fertilizantes, como por ejemplo gran cantidad de urea y amoníaco, que hace semanas que no encuentra salida con normalidad. Todo ello sin desdeñar que el gas natural representa alrededor del 80% de los costes de producción de los fertilizantes nitrogenados. Ahí es nada.
En román paladino, esto produce un efecto en cascada, ya que si el gas sube y la logística se atasca, el abono se encarece y el agricultor no tiene más remedio que pasarle la patata al eslabón más débil, al que siempre paga, a usted.
Y ojo porque estamos en campaña de abonado y ya existe una masa crítica de agricultores dispuestos a no sembrar o cambiar de cultivo porque los números no salen. Unos costes un 30% superiores para que el ingreso siga igual, poniendo de ejemplo cambiar maíz por girasol porque exige menos abono.
A pesar de los motivadores vídeos de algunos sonrisa en boca tratandonos de convencer de lo contrario, hoy, nos guste más o nos guste menos, el fertilizante es insustituible y sin abonar un cereal puede rendir un 70% menos, lo que significa menos oferta a igual demanda y por lo tanto mayores precios. No es alarmismo, es aritmética.
Cuando un tercero tiene la llave del grifo, ya sea de petróleo, gas o de urea, mal asunto. QatarEnergy llegó a suspender la producción de urea mientras China impuso restricciones a exportar ciertos materiales para proteger a todo su mercado interno. Qué sorpresa, ¿verdad? Potencias mundiales garantizando su disponibilidad y superponiendo su interés por encima del ajeno. No se podía saber.
En un reciente reportaje, Reuters le ponía cifras a esta crisis: la urea se ha disparado en torno a un 47% desde que empezó el conflicto, siendo Ormuz un punto crítico para transportar este y otros componentes del fertilizante. Otra cosa que sube, pero con una diferencia y es que este no es un capricho si no que impacta directamente sobre rendimientos, rotaciones y decisiones de siembra.
Y si nuestra mirada gira hacia Irán por motivos novedosos, no debemos perder de vista que de Rusia dependen, cuatro años después del inicio de la invasión de Ucrania, en torno al 22% de las importaciones de fertilizantes de la UE. Un cóctel nada prometedor para quienes como nosotros, los españoles, valoramos la estabilidad y la asequibilidad de la cesta de la compra como uno de los pilares de nuestra economía y de nuestro bienestar.
No son pocas las señales que nos invitan a hacer las cosas de otra manera. Según el calendario, la experta máquina reguladora de Europa debería presentar un plan de acción sobre fertilizantes en pocos meses. Un documento de esos que debería mirar más allá de unos pocos meses, del corto plazo, para trazar una hoja de ruta larga donde podamos vislumbrar una región más autónoma y menos expuesta a todos estos riesgos.
Sin ser un servidor experto en estos menesteres, me atrevería a decir que una fórmula basada en el territorio, la autonomía y el equilibrio no suele fallar, aunque pueda suponer alguna que otra renuncia en el regate corto.
No hablamos de centros de datos, ni de inteligencia, pero esto es a todas luces infraestructura crítica y como tal debe ser así considerada. Con botas y sobre el terreno, pero crítica.