20 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La ambición de Junqueras por ser president a toda costa arrolla al PDeCAT

Puigdemont y Junqueras, el 31 de septiembre en el mítin de cierre de la "campaña" para el 1-O.

Puigdemont y Junqueras, el 31 de septiembre en el mítin de cierre de la "campaña" para el 1-O.

Lo ha oficializado este lunes el portavoz de Esquerra, Sergi Sabriá. "Sálvese quien pueda", parece la nueva estrategia de los partidos que integraban Junts Pel Sí. Y todos se miran de reojo.

En el tobogán de emociones por el que circula en las últimas semanas el independentismo, este lunes a sus dirigentes les volvió a tocar darse un crudo baño de realidad. Tras el golpe de moral sufrido por la alocada fuga a Bélgica de Carles Puigdemont y el subidón de adrenalina que el ingreso en prisión de más de medio exGovern provocó en sus bases, los simpatizantes de los partidos que declararon la independencia unilateral han tocado de nuevo con los fríos hechos: la "candidatura de país" pierde fuelle, se avivan las rencillas en una ERC que se siente traicionada por el PDeCAT y algunos se afanan en intentar pescar en río revuelto.

Este martes va a ser una jornada clave para el devenir de las elecciones del 21-D. Por un lado, acaba el plazo para la inscripción de coaliciones electorales para los comicios. Por otro, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) hará pública su macrosondeo de octubre, en el que se verá cómo salen parados los partidos catalanes en intención de voto tras todos los acontecimientos derivados del 1-O, la DUI y el 155.

Colau ha visto un filón el 21-D y no quiere saber nada de ir junto a un PDeCAT que coquetea con el abismo electoral.

Lo que parece más que claro, a falta de un vuelco de última hora que pocos esperan, es que no habrá reedición de Junts pel Sí, de la "candidatura nacional, de país" que reclama insistentemente el PDeCAT y que abandera el expresident, Artur Mas. ERC no oculta su indignación con la traición televisada de Puigdemont a Junqueras y su portavoz Sergi Sabriá adelantó este lunes que su candidato será el exvicepresidente. Pese a su situación procesal, nada le inhabilita aún para ser el cabeza de lista.

Sabrià explicó que su partido mantiene la apuesta por una lista unitaria del soberanismo pero a la que debería sumarse a la CUP y a miembros de Podem y los Comunes. Imposible ya que Colau ha negado esa posibilidad por completo. "Todos somos conscientes de que las horas se acaban", reconoció el portavoz de ERC, antes de apostar por su líder.

Desde la prisión de Estremera y abanderando el papel de verdadero mártir del procés. Y de paso, ERC renovó la citada condición para una posible alianza posterior: que en ella se incluya la CUP. Un auténtico trágala para Artur Mas, hacedor de las actuales maniobras de su partido, y cuya cabeza política se cobraron los antisistema en 2015.

A la izquierda de la formación de Junqueras y Marta Rovira tampoco bajan las aguas calmadas. Podemos saltó por los aires definitivamente este lunes con la dimisión de su líder catalán, Albano Dante Fachin, purgado por Pablo Iglesias. Pero amenaza con llevar a su sector a un acuerdo con el independentismo. Sabriá tardó una hora, tras la dimisión de Fachin, en ofrecerle acomodo.

Por su parte, en la ANC y Ómnium reina el desconcierto tras el ingreso en prisión de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Sus sustitutos provisionales no tienen, ni de largo, el carisma y la capacidad de movilización de los Jordis. Y, en apenas tres días, Carme Forcadell, su otro gran referente, puede seguir los pasos de Sánchez y Cuixart tras su cita el jueves en el Tribunal Supremo.

 

Junqueras, en un expresivo gesto, junto a Puigdemont en el Parlament. Uno, en prisión; el otro en fuga.

 

¿Y la CUP? Todavía no ha decidido si concurrirá a los comicios del 21-D, pendiente de la decisión de sus bases en la Asamblea que tiene convocada. Un sector exige plantar las urnas e ir directamente a la huelga general indefinida y a la desobediencia al Estado.

Entre Puigdemont y Vila, aparece Trias

Pero donde se ha instalado el pánico es en la sede del PDeCAT. Con una fecha señalada en rojo en el calendario: el próximo día 17. La justicia belga ha citado a Puigdemont y sus cuatro exconsejeros prófugos para decidir sobre su entrega a España. Lo que más teme la dirección de la antigua Convergencia es la imagen poco edificante y nada triunfal del expresidente cesado bajando esposado las escalerillas del avión, escoltado por dos agentes de la Policía Nacional.

Mientras, el sector independentista del PDeCAT repudia al su excompañero, Santi Vila, que ultima una plataforma para recuperar el voto "moderado" con una marca y un programa basado en la que aupó a Macrón a la Presidencia de Francia. La coordinadora del partido, Marta Pascal, ha garantizado que habrá primarias, pero pocos parecen dispuestos a inmolarse en una misión suicida. Todas las encuestas vaticinan una debacle histórica. De la Presidencia a ser cuarta o quinta fuerza del Parlament. 

Y por si fuera poco, regresa el fantasma del pujolismo y las cuentas millonarias en Suiza. Este domingo se reveló la presencia del exalcalde convergente de Barcelona, Xavier Trias, en cuentas opacas en paraísos fiscales. Demasiado para que la CUP y ERC quieran ir de la mano del PDeCAT.

En el independentismo, reina la convicción de que a la vez que se acerca la victoria en votos se aleja la mayoría absoluta de escaños. Junqueras se ve favorito y quiere gestionar el 22-D. Puigdemont parece una caricatura de sí mismo. Ada Colau y sus Comunes aspiran a pescar en río revuelto. Y la CUP se abona de nuevo a su estrategia de la legislatura fallida: "Cuanto peor, mejor". Y este martes hablará el CIS.

Comenta esta noticia