| 02 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Carlos Mazón,  presidente del PP provincial de Alicante
Carlos Mazón, presidente del PP provincial de Alicante

El Ayuso alicantino

Carlos Mazón ha dejado de ser zaplanista para convertirse en "mazonista" declinado en pura y primera persona del latín; otra historia es que haya seguido siendo amigo de quién lo promovió

Carlos Mazón es un animal (preferentemente racional) político en el más amplio sentido de su ya madurada existencia. Lo conocí, junto a otros cachorros del PP, cuando la joven manada de los y las Macarena Montesinos (primigenia responsable de que Mazón militara en el PP), Mónica Llorente, José Antonio Rovira (el colega), Miguel Ortiz, etc., asediaban al PSOE-PSPV de Lerma, Ángel Franco y la traicionera familia Blasco.

Su gran maestro en el ajedrez de la cosa pública y allá por los 90 fue Eduardo Zaplana. Eduardo que llegó a presidir la Generalitat Valenciana, apoyado en sus inicios por la familia benidormí de los Barceló, se equivocó, o, mejor dicho, lo equivocaron a la fuerza los de aquel famoso clan de Valladolid, cuando José María Aznar seleccionó su Dream Team para gobernar las Españas, llevándoselo como ministro. Algo que Mazón tiene muy presente cuando le escuece el pasado, y de ahí su máxima a lo Goethe: "sin prisas, pero sin pausas".

La carrera política de Mazón ha ido indefectiblemente unida a la de Zaplana, hasta que éste, después de haber sorteado por la mínima el caso Naseiro, cae en las garras de Gürtel y la Justicia, pero para entonces Carlos ya se ha refugiado como gerente en la Cámara de Comercio alicantina, donde aprende mucho de gestión empresarial a medio y largo plazo que completa su formación política del obligadamente precipitado día a día.

Obviamente y para entonces Mazón ha dejado de ser zaplanista para convertirse en "mazonista" declinado en pura y primera persona del latín; otra historia es que haya seguido siendo amigo de quién lo promovió, por aquello que de bien nacidos... Como no es menos obvio que ahora Ximo Puig y sus acólitos en distintos gratificados medios de comunicación quieran estigmatizarnos a Carlos Mazón como el "hereu" de Eduardo Zaplana, y, por lo tanto, manchado con su sangre contaminada de pasados muy oscuros, al más puro estilo inquisitorial y nazi. Pobre argucia de quienes quieren darle el jaque mate pastor al que Pablo Casado le ha ofrecido el título del gran maestro en la selección que de nuevo aspira a ganar El Campeonato Nacional.

El PP va situando a sus alfiles, caballos y torres, junto a García Egea (valedor de Mazón) y el Regente Pablo Casado

La implantación del PP en la Comunidad Valenciana es tan fuerte que, a pesar de perder las elecciones autonómicas sitiados por los partidos de izquierdas explotando los furúnculos de la corrupción, desde el tan mentado Gürtel, visita papal, fórmula uno, Terra Mítica (Benidorm), erial, trajes del amiguito en el Ritz, nene ponme un Brugal, ¿para qué seguir?, el Partido Popular queda muy tocado, pero no noqueado y fuera de la lona como pretendieron Compromís y el aplec podemita. Y eso gracias a la fuerte implantación municipal, desde el pueblo más pequeño a las grandes ciudades, donde si bien puede ser cierto que muchos de sus simpatizantes y votantes se descolgaron primero hacia Ciudadanos y después a Vox según les apretaron las ingles, no lo es menos que los cuadros de casi todas las sedes peperas se mantuvieron doloridos, pero firmes esperando que escampara la gota fría de Francisco Camps.

Carlos Mazón lleva camino de convertirse en el ‘Ayuso’ alicantino, con su defensa a los sectores productivos de la provincia. Su posicionamiento con los agricultores y regantes por el trasvase, la reclamación a la subida de impuestos en los módulos de la uva de mesa. Las innumerables peticiones de “más libertad” para la hostelería y el turismo… La estrategia del presidente del PP provincial no dista mucho de la ‘tabernera’ de Madrid: Escuchar a los gobernados para dirigir sus políticas por ese camino, y no a contracorriente donde se ha terminado ‘estampando’ la izquierda intervencionista.

Mazón, cual reflejo de Isabel Díaz Ayuso, aspira a conquistar con su encanto personal a las bases del partido, y de ahí –escalón tras escalón- a los votantes alicantinos, valencianos y castellonenses, para convertirse –si la estrategia y el destino lo permiten- en el próximo presidente de la Comunidad Valenciana. Como hizo Zaplana en su día, pero al más puro estilo del ‘mazonismo’.

Hoy, hundido, y quién sabe si cautivo con armas, el partido de Inés Arrimadas, y empujado hacia el centro por la presión derechista de Vox, el PP va situando a sus alfiles, caballos y torres, junto a García Egea (valedor de Mazón) y el Regente Pablo Casado. La buena rubeniana de Isabel Boning sabe que, como pasó en Castellón, a la hora de recabar avales para el congreso regional del PP, está más perdida que el barco del arroz. Ahora solo espera que el alicantino le dé una salida digna, aunque sea a la europea, como ocurriera hace muchos años con Pedro Agramunt.

Otro día contaré especial habilidad para echarle el muerto al otro, en este caso Ciudadanos, pero eso ya son historias provincianas.