El Emérito dinamita Zarzuela: de memorias a serie de televisión
Don Juan Carlos no solo está dispuesto a contarlo todo sino que quiere tocar el formato con mayor repercusión, la tele y con un guion similar a The Crown

El Rey Juan Carlos I en Sanxenxo, el pasado 26 de abril.
En apenas tres meses, el Rey Emérito Juan Carlos I volverá a ocupar portadas. No será por una fotografía furtiva ni por una cacería rescatada del archivo, sino por sus propias palabras. El 12 de noviembre llegará a las librerías Reconciliación, sus primeras memorias autorizadas, fruto de largas conversaciones con la periodista francesa Laurence Debray. El relato, concebido como su testamento narrativo, pretende fijar una imagen muy distinta de la que han dibujado los escándalos: menos Suiza y Botswana, más Constitución y modernización de España.
Según cuenta The Objective, el empeño del monarca por pulir su legado podría ir más allá del papel. Aseguran que sus asesores estarían tanteando un salto a la pequeña pantalla con una miniserie de seis episcuenodios, inspirada en el fenómeno de The Crown. Allí cabrían, sin tapujos, los capítulos incómodos: investigaciones fiscales, amistades peligrosas, y romances que llenaron portadas, como los de Corinna Larsen o Bárbara Rey. La cifra que se maneja para financiarlo, según la misma fuente, rondaría los 20 millones de dólares. Y un nombre propio salta a escena: Abderraman El Assir, traficante de armas y viejo amigo del Emérito, señalado por el periodista Juan Luis Galiacho como el hombre que movería los hilos del proyecto.
Pero desde el círculo más próximo al Rey Juan Carlos niegan la mayor. La revista ¡Hola! asegura que no existe ningún tipo de negociación con productoras ni plataformas, y que el emérito está satisfecho con el trabajo realizado junto a Debray. Añaden que no quiere incomodar a su familia con una ficción que, por muy cuidada que fuera, acabaría distorsionando la versión que él ha decidido dejar por escrito.
Lo cierto es que las memorias ya son un hecho. Reconciliación ha sido dictada durante meses desde su residencia en Abu Dabi, en un ejercicio de control absoluto sobre el relato. La editorial Planeta, en España, y Stock, en Francia, lanzarán el libro de forma simultánea, conscientes de que el contenido llegará en un momento políticamente sensible. En Zarzuela se miden las pulsaciones: nadie ignora que cualquier línea que roce lo personal o lo político puede agitar viejas heridas.
La operación tiene algo de ajuste de cuentas con la historia. Juan Carlos I busca congelar en la memoria colectiva la versión de sí mismo que quiere dejar para la posteridad: el rey que pilotó la transición, que consolidó la democracia y que representó a España en su esplendor internacional. El resto —los helicópteros rumbo a cotos de caza, las amistades inconvenientes, las cuentas en el extranjero— quedará, si depende de él, reducido a notas a pie de página.
Pese a la aparente calma en su entorno, el ruido mediático ya está servido. Y aunque la supuesta serie sea, por ahora, solo un rumor, no cuesta imaginar el interés que despertaría ver dramatizados los pasillos de Zarzuela, las reuniones discretas con jefes de Estado y las tramas privadas que convirtieron su figura en un guion vivo. En definitiva, un monarca que sabe que su última batalla no se libra en los tribunales, sino en el relato que quedará cuando él ya no pueda defenderse.
Chismógrafo
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David Lozano