Una misteriosa amiga íntima de la Infanta Sofia le causa graves problemas
La hija de los Reyes ha terminado una etapa en Gales y con ese fin de ciclo ha venido un disgusto que no esperaba, tanto que precisa ayuda psicológica

La Princesa Leonor y la Infanta Sofía, el pasado 5 de agosto en Palma.
La Infanta Sofía afronta un verano que poco tiene que ver con el descanso y la calma que imaginaba antes de dar el salto a la universidad. Lo que debía ser una temporada de planes tranquilos y tiempo en familia se ha convertido en una etapa sombría, marcada por un vacío personal que la ha dejado tocada. No es un simple cambio de ciclo: es un verano negro, teñido de nostalgia y de una tristeza que no logra disimular.
En mayo, Sofía cerró su etapa en el UWC Atlantic College de Gales, ese internado de élite que ya había acogido antes a la Princesa Leonor. Durante dos años, vivió allí con libertad y anonimato, lejos del protocolo férreo de Zarzuela y de la presión mediática que, inevitablemente, la acompaña en España. El plan, alentado por Felipe VI y Doña Letizia, funcionó: se adaptó rápido, hizo amigos de todo el mundo —más de la mitad hispanohablantes— y el inglés dejó de ser una barrera desde el primer trimestre.
En ese crisol de culturas, tal y como recogen EnBlau, surgió una amistad que terminó siendo mucho más que un lazo escolar. Una compañera española, de su misma edad y clase, se convirtió en su confidente, su sombra y su refugio. Viajaban juntas, estudiaban codo con codo, se compartían confidencias en pasillos y dormitorios. Todo parecía inquebrantable… hasta que dejó de serlo. El final llegó sin un gran escándalo, sin que trascienda la causa exacta. Lo cierto es que Sofía de Borbón y su amiga, al regresar a Madrid tras la graduación, dejaron de verse. En aquella ceremonia, cuentan, ya se percibía una frialdad nueva, un hueco invisible que nadie quiso nombrar.
Para la Infanta Sofía, la ruptura ha sido un golpe emocional importante. La ausencia de esa amiga ha dejado un vacío que no se llena con compromisos oficiales ni con viajes en familia. Tanto, que ha recurrido a apoyo profesional. Su equipo psicológico trabaja con ella para que pueda superar este bache, consciente de que las relaciones en la adolescencia dejan huella: moldean la forma en la que uno se abre a los demás, marcan la confianza y, a veces, también las cicatrices.
En este tiempo, ha intentado recomponerse. Ha viajado con los Reyes y Leonor, ha quedado con otros amigos, ha llenado su agenda de planes. Pero el vínculo roto no se olvida de un día para otro. La sensación de pérdida sigue latente, y quienes la conocen aseguran que, aunque sonría, no está siendo un verano fácil.
En septiembre llegará la prueba definitiva: su nueva etapa académica en el Forward College. Un proyecto universitario internacional que le llevará el primer año a Lisboa, el segundo a París y el tercero a Berlín. Estudiará Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, abriendo la puerta a nuevas experiencias y amistades que podrían ayudarla a reconstruir su ánimo. Un cambio de ciudad, de idioma y de rutina que quizá sea el mejor antídoto contra esta herida emocional.
Desde la Casa Real se insiste en que todo marcha con normalidad, que Sofía está “bien” y que vive con ilusión su próxima aventura universitaria. Sin embargo, en los círculos más cercanos se percibe que esta vez la infanta atraviesa un reto personal más serio de lo que aparenta. Y que, por primera vez, necesitará más apoyo que nunca para salir adelante.